Capítulo 8
La fiesta
Es tu amor esa dulce mirada, flores en el jarrón, besos de madrugada.
-¿Qué me está pasando contigo? - le susurró despacio.- Me estás volviendo loco, pequeña. Aunque tú no lo sepas, no puedo explicar la manera en que... - respiró hondo.- Me arrastras en tu locura, ¿entiendes? Y lo peor es que me gusta... me gusta besarte... besarte así... con la misma euforia de mis sueños...- acercó su boca hasta estar a centímetros.- Me gustas mucho...
Ginny despertó. Harry se echó hacia atrás, realmente avergonzado de lo que acababa de decir. De repente, Ginny tuvo un instinto totalmente inesperado.
Lo tomó del cuello y comenzó a zarandearlo impulsivamente.
-¿¡PERO QUÉ TE...!? - se asustó Harry, intentando apartarla, pero era como si sus manos estuviesen pegadas al cuello.
-¿Te... parece... que ... estas ... son horas de llegar... Harry Potter?- murmuró entrecortado.
-¡SUÉLTAME, LOCA!-Logró apartarla.- ¿Qué bicho te picó? ¿Escuchaste algo de lo que...?
Ginny se levantó del sofá estirándose el cuello. Estaba enfadada y enfurruñada.
-¿Si escuché qué? - preguntó. Entonces Harry dedujo que no había oído ni una sola palabra. -¡Lo único que sé es que tardaste demasiado y yo he estado muy preocupada Potter!
-¡No fue para tanto! - intentó defenderse él.
-¿Qué no fue para tanto? ¿Para qué demonios creaste ese código de convivencia?- preguntó furiosa.- Después me dices irresponsable a mí.
Harry no daba crédito a sus oidos. Ella se atrevía a decirle irresponsable, cuando era un completo desastre y tenía que perseguirla para que cumpla sus obligaciones. ¡Era el colmo!
-Cuando esta mañana me fui, estabas muy bien acompañada.- Él no podía olvidar su encuentro con Malfoy y aunque no hubiese querido mostrarse celoso, las palabras se le salieron de sus labios antes que pudiera detenerlas.- No entiendo porque tanto alboroto...
-¿De qué hablas? ¿Qué tiene que ver Draco en todo esto?- dijo Ginny, poniendo una expresión de cansancio.
-Tiene que ver porque no quiero que ese energúmeno ponga un pie en esta casa nunca más.- explotó Harry.- ¿No te das cuenta que es un desgraciado?
-¿Acaso yo te digo lo que tienes que hacer con tu vida?- preguntó Ginny con sarcasmo.- Y por otra parte, no era para que le vayas con el cuento a mi hermano y a Hermione. ¡Podrías haber mantenido tu bocota cerrada!
Harry enrojeció. Hermione lo había puesto en evidencia con los terribles celos que lo estaban acongojando. "Cuando la vea, ya va a ver lo que es bueno".
-Yo... solamente quise... protegerte.- se excusó débilmente. Esa frase enterneció la mirada de Ginny.- Disculpa si...
-Está bien, Harry.- dijo Ginny, hecha un corderito. ¡Ponerme esa cara es jugar sucio, Potter!- No quiero que vuelvas a llegar tarde.- fue un pedido bastante humilde.
Harry se mordió el labio, lo mataba la idea que se haya preocupado por él. De repente, Ginny tuvo un impulso y se dejó llevar por él: dio dos pasos decisivos y lo abrazó con fuerza. Harry correspondió el contacto, sintiendo el olor de su flagrante cabello. Cerró los ojos como si estuviera en el mismísimo cielo. Definitivamente, estar así era nadar en pompas de jabón con olor a flores y jazmines. Ginny apoyó la cabeza en el hombro de Harry y sintió que su cuerpo encajaba a la perfección en el de él, que el olor que despedía era realmente adictivo, un calor que hizo miles de mariposas aletearan incansablemente en su estómago. Suspiró, disfrutando aquello como nunca había disfrutado nada en su vida, el placer era tan grande, que tuvo impulsos de entregarse a él y... pero arrancó la idea de su cabeza y contempló gustosa la calma arrolladora que el cuerpo de ese hombre le confería, al estar tan cerca el suyo.
-Tuve miedo.- murmuró Ginny.- Miedo a que te hubiera pasado algo.
-No te preocupes.- susurró Harry.- Yo estoy bien.- intensificó la fuerza de sus brazos tenuemente, haciéndola estremecer.
El abrazo cesó, pero sin dejar de quedarse entrelazados; se miraron a los ojos. Con esa mirada se estaban diciendo lo que ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras. Quisiera escucharte decir lo que gritan tus ojos, pensó Harry. Si existiera un lenguaje visual, podría confirmar lo que me está diciendo esa mirada, pensó Ginny.
Fueron acercándose lentamente para sellar el pacto, pero justo cuando estaban milímetros de distancia, Benjamín los interrumpió con un llanto desesperado. Ambos se sobresaltaron por lo que iban a hacer. Ginny se soltó rápidamente y lo tomó del moisés.
-Hola cielo, ¡perdón!- musitó. Estaba roja de vergüenza.- Debe tener hambre.- le comentó a Harry.- Y tú también, ¿vamos a la cocina?
Dalma, la perrita caniche, comenzó a ladrar. Entre el animal y el bebé, lograron liberar la vergüenza que habían sentido los dos jóvenes, estando a punto de besarse.
-¡Hola Dalma!- la saludó Harry afectuosamente.- Yo también tengo hambre, pero primero iré a ponerme ropa más cómoda. Ustedes vayan yendo.
-Está bien, te esperamos.
Cuando Harry vio a Ginny y Benjamín desaparecer, dio unos vítores hacia el techo, realmente eufórico por el acercamiento con Ginny. Ahora él sabía que a ella le pasaba algo, aunque no supiera con exactitud qué. Saltó como un loco y subió las escaleras, sonriendo. Dalma lo siguió, igual de contenta.
Cuando bajó, luego de ducharse rápidamente y con el pijama puesto, Ginny le estaba dando un biberón a Benjamín. El niño depositaba una manito en la pera de Ginny, mirándola con mucho cariño. Ginny pensaba, mientras tanto, "Esto es patético. Después de lo que pasó me sigo haciendo la tonta. En realidad me parece que Harry me gusta..." Harry la vio sonreír con tanta ternura, que no pudo evitar morderse el labio inferior, con deseo. Ginny lo vio llegar.
-¿Qué haces mirando así? - le dijo, muy perseguida.- No pude preparar nada aún.- se apresuró a añadir. Tuvo miedo que Harry le haya hecho legeremancia.
-¿Eh? - le contestó él, completamente embobado.- Nada, estaba mirándolos... - Patética excusa, Potter. - No hay problema, deja que hoy me encargue yo de la cena...
-¿Tú?- se burló Ginny. Dalma se había dormido en su alfombra roja, después de haber cenado un alimento balanceado servido por Ginny.
-Mira pelirroja, no vas a desairear mis capacidades culinarias.- dijo Harry sonriendo profundamente.- Aún no conoces quién soy yo enfrente de una cocina.
-¡Si eres igual que practicando Oclumancia...!- rió Ginny divertida.
-Debo decir que lo hago mucho mejor. ¿Supiste algo de Tracy y Tiff? Hace mucho que no se las ve por acá.
Ginny se sorprendió.
-Tenía entendido que no las soportas.- dijo. Harry rió.
-Bueno, tampoco para tanto.
-Vendrán el primer sábado de octubre, haremos una fiesta aquí.- informó Ginny
Al conocer la noticia, Harry enseguida comprendió que todo estaba resultando demasiado redondo para ser cierto.
-Me parece que no le pediste permiso al dueño de casa.- recordó.- Además, ¿qué haremos con Benjamín?
-Lo cuidará la madre de Tracy.- aclaró Ginny, resueltamente.- Y disculpa que no te avisé antes, tu aspecto aburrido me dio permiso sólo. ¡Necesitas despejarte, hombre! Y beber varias cervezas.
-No tomo alcohol.- respondió Harry, sacando huevos de la heladera para comenzar a cocinar.- Espero que no hagan demasiado lío o...
-Estará todo en orden.- dijo Ginny haciéndose la inocente.- ¿No es cierto mi amor?- le habló a Benjamín. Luego lo sentó en su sillita para que empiece a jugar con sus juguetes.- Por cierto, cuando te estaba esperando, necesitaba beber y no podía por Benja. ¡Fuiste cruel!
Harry negó con la cabeza reprobando su último comentario.
-Eres imposible. - dijo.
"Y tu eres hermoso", pensó Ginny.
-Hoy estuve ordenando tus papeles sobre la historia clínica de tus pacientes.- comentó ella.- ¡No puedo creer! Hay trescientas mujeres y cien hombres. Todas son rubias. - rió.
-Es algo que tengo que padecer.- Harry sacó carne del congelador y la volvió a la temperatura ambiente con un golpecito de su varita.- Algunas son realmente insoportables. ¿Te imaginas que piden consulta conmigo para dar celos a su pareja?
-¡No te la puedo!- se sorprendió Ginny, incrédula.- Si eso no es desesperación, no se que es... pero por otra parte, ¿qué se siente ser un galán de telenovela muggle?
Harry rió, irónicamente.
-¿Galán? No, estás equivocada. Ese papel lo ocupará otro, a mi solamente me usan para que sus esposos le presten más atención. No creas que eso me suba el ánimo.- rieron.
Continuaron hablando así, fluidamente, mientras comían y cocinaban. Ambos iban comprendiendo lo placentera que era la compañía del otro. Harry notaba a cada segundo que pasaba lo cambiada que estaba Ginny, en cuanto a sus costumbres y aspectos. Por más que siguiese vistiendo de forma provocativa, ya no usaba los hot Jeans y él lo agradeció silenciosamente, también porque lo pondría muy celoso a esas alturas.
Ginny sirvió café, mientras sostenía a Benjamín en sus brazos, que ya estaba dormido nuevamente.
-Oye, Gin, - el detalle de su sobrenombre no se les escapó a la aludida: sonaba muy bien desde los labios del sanador Potter.- ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro.- respondió ella, sonriendo encantadoramente. Un cosquilleo en el estómago de Harry sacudió su compostura al verla sonreír así.
-Me gustaría saber qué fue lo que Draco Malfoy te hizo. - Ginny palideció.- No es que quiera molestarte, pero... prefiero enterarme por tus labios, por si alguna vez me lo cruzo y...
Ginny bajó la mirada.
-Me cuesta hablar de eso Harry, no te ofendas... Es lo mismo si yo te pregunto que rayos pasaba entre Dalma y tú... ¿No te parece algo íntimo?
-Si, puede ser. ¿Y si hacemos trueque?- sonrió Harry. Ginny también lo hizo.
-Trueque hacíamos con Tracy cambiándonos los hombres, por quince minutos.
-¡Diablos Ginny! ¡No quería oír eso! - se quejó Harry, frunciendo el entrecejo.
-¡Qué celoso! - bromeó Ginny. "Me descubrió", pensó él.
-Mira Ginnix...digo Ginny... No deberían...
-No seas exagerado, eran sólo unos besos. - calmó ella, despreocupadamente.
-Lo sé.- dijo Harry.- Alardeas mucho de tus experiencias con gente del sexo opuesto. Pero me parece que sólo es un mecanismo de defensa, ¿o me equivoco?
A Ginny se le borró la sonrisa.
-No me analices.- dijo cortante.
-¿Qué te hizo Draco?
-¿Por qué te interesa saberlo?
-No hace falta que yo te diga eso.- esa frase hizo que Ginny se estremeciera. Era como si le hubiera sugerido que...- Vamos, tu puedes contar conmigo.- puso una mano encima de la de ella.
Ginny acostó a Benjamín en el moisés. Lo tapó y luego miró a Harry.
-Te escucho.- dijo él.
-Bueno yo... Diablos, no sé como empezar, no le he dicho esto a nadie.- suspiró.- Cuando empecé a salir con Draco yo era virgen. -Enrojeció repentinamente - Pasaron unos meses y él me pidió que estuviéramos juntos. Yo no estaba segura, Harry, había cosas en él que me hacían dudar.
-¿Por ejemplo?
-Él llegaba tarde a las citas, a veces las olvidaba. Algunos días, no aparecía ni siquiera para preguntarme en dónde estaba. Además, desconfiaba de mí, cuando yo era incondicional con él. Jamás le he mentido, siempre le fui de frente. Pero él no valoraba eso, simplemente no se guardaba reclamos acerca de mi relación con mis amigos varones y todo un cuento que sólo su cabeza maquinaba...
-Bueno, tú y tus amigos...- interrumpió Harry.
-¡No lo defiendas, porque no te cuento más! - Exclamó Ginny indignada.- Él sabía que yo tenía muy buenos amigos, y no los iba a dejar por él. Tú deberías entenderme.
-¿Yo? ¿Por qué?
-Porque durante el Torneo de los Tres Magos todos hablaban de una relación de ti y Hermione, que por supuesto no era cierta. - un atisbo de rencor asomó en la frase.
-Es verdad.- admitió Harry.- Tú por esas épocas...
Ginny sonrió, sabía muy bien a qué se refería.
-Sí, tú me gustabas. Debo decir que fuiste un desgraciado cuando invitaste a Cho Chang al baile.- Harry rió.
-Pero no nos desviemos. Sigue con lo de Draco.
-En definitiva, él quería estar conmigo y yo no me animaba. Por supuesto, el nunca supo que yo era virgen. ¡Imagínate confesarle, con dieciocho años que era virgen! Me parecía vergonzoso.
-No, vergonzoso es hacer algo que no sientes y luego arrepentirte.- la corrigió Harry razonablemente.
-En ese momento no me animé a confesárselo. Son estupideces que uno piensa a esa edad. - Desaprobó esa actitud con un ademán de mano.- Entonces, una noche... En realidad, no sé porqué te estoy contando esto a ti...
-¿No confías en mí?- preguntó Harry, con dulzura.
-¡Me da mucha vergüenza y...! - Se hizo un silencio, donde Harry le sostuvo la mirada.- No le dirás a Ron ni a nadie, ¿verdad?
-¿Hace falta que yo te prometa algo así?- replicó él, un tanto ofendido.
-Está bien, está bien. - Aceptó ella. Respiró hondo y evitó mirar a Harry a los ojos.- Una noche me invitó a comer a su departamento. Estaba muy raro, yo lo noté agresivo. Después cenar, quise irme a mi casa, detestaba que su ánimo cambiara repentinamente. Fui allí cuando él, me impidió que me fuera... entonces... me dijo que...me amaba y que quería estar conmigo. - Se le empañaron los ojos.- Él, el...
-¡Por las barbas de Merlín Ginny!- exclamó Harry consternado.- ¿Malfoy te violó?
-Yyyoo...- comenzó a tartamudear.-... tteenníaa-aa mmmucchoo miedo... y no pude detenerlo, Harry. No quise contradecirlo porque temí que me golpeara, entonces accedí, pero yo no quise... ttee jurro... Fue tan tan horrible... Y nadie lo supo, ni si quiera Hermione...
Harry se arrodilló enfrente su silla. La abrazó.
-Calma pequeña, calma. Ya no te hará daño, te lo prometo yo.
La confesión de Ginny selló un pacto de confianza entre los dos. Además de gustarse, ellos profundizaron, con el correr del tiempo, una gran amistad. Ginny se sintió liberada de haber podido confesar el peor momento de su vida y además, a la persona menos pensada. De todas maneras, le pidió que nunca más tocaran el tema y Harry respetó eso. El joven, después de entender finalmente la razón por la que Ginny había cambiado tanto con una máscara desinhibida y totalmente falsa, sintió con más intensidad la atracción que padecía hacia Ginny desde hacía ya dos meses. En ningún momento ella sintió vergüenza y eso la sorprendió: era increíble poder ser auténtica con alguien y Harry, a quién ese detalle no se le pasó, le encantaba que ella lo haya elegido comportándose, como la Ginny de siempre.
La señora Weasley llamó varias veces a la casa, pero Ginny hablaba tal cual que la última vez que había visto a su madre. No demostraba en su voz todos los cambios y alteraciones en su vida desde los últimos meses. Harry pensó que era comprensible porque después de todo Molly no tenía ni idea de la llegada de Benjamín a sus vidas.
Septiembre dio paso a octubre y el otoño fue haciendo que las hojas de los árboles del jardín de Grimmauld Place, fueran desprendiéndose al fatal destino de desaparecer. A medida que las hojas caían, la panza de Hermione crecía a pasos agigantados. Ron aseguró que por cada hoja seca, su mujer aumentaba un kilo. El tono de preocupación hizo que Tracy y Tiffany lo cargaran por horas riéndose a carcajadas. Para disgusto del pelirrojo, se le sumaron los gemelos, quienes le aseguraron que si Hermione pesaba trescientos kilos en los próximos meses, ellos la seguirían aceptando como cuñada.
Los preparativos de la fiesta del sábado en la casa de Harry marchaban de maravilla gracias las locas ideas de Tracy, Tiffany y Ginny, quienes en cuestión de fiestas y diversión, eran unas sabelotodo. Ese mismo sábado por la tarde, se reunieron en el nº 12 de Grimmauld Place para ultimar detalles.
-Entonces, con cuarenta litros de cerveza supongo que nos alcanza, ¿verdad?- decía Tiff, entusiasmada.
-¿Tú crees?- preguntó Tracy con aire preocupado.- ¡Mira si nos morimos de sed!
-Qué alma de borracha.- irrumpió Ginny en el comedor, con una bandeja llena de galletas y una jarra de jugo de calabaza.
-¡No te hagas la rescatada!- la defendió Tiff. Ginny sonrió.- Chicas, escuchen. Estuve hablando con Ben. Me dio los números telefónicos de las bandas que tocan allí. Podremos invitarlas a que vengan...
-¿Crees que no nos cobrarán?- preguntó Tracy, escéptica.
-No, no creo.- fue Ginny quién contestó.- Recuerden que tocan bandas que recién están empezando. Además si les decimos que la fiesta es en la casa de Harry Potter, no pondrán ningún reparo.
-Qué oportunista es la gente.- opinó Tiff, sin sorprenderse.- Estará bien que toquen música, será muy divertido. El rock siempre hace bien a la salud.
-Por cierto, me deben unas entradas para el recital de diciembre. -Dijo Ginny- Recuerden que el bebé se terminó llamando Benjamín.
-¡Qué negociante! ¡Valentino responde a tu nombre porque vive contigo, estábamos en desigualdad de condiciones!- se quejó Tracy.- ¡Y no puedo creer que te acuerdes de esa apuesta!
-Ginnix jamás olvida las apuestas importantes.- dijo sugestivamente Tiff.
-Claro que no, Tiffy.- corroboró Ginny.
Ella le arrojó una galleta que estaba a punto de comerse, pero Ginny se agachó y le dio en la frente a Harry, que acababa de llegar.
-¡Ay!- se quejó.- ¡Qué recibimiento!
-¡Oh, lo siento Sexy Cicatrizado Harry!- se disculpó Tiff, pero no parecía avergonzada.
Harry se frotaba la frente.
-Supongo que alguien te llamó Tiffy.- predijo acertadamente.
-Sí, pero no lo hagas tú, porque la próxima será el jugo de calabaza... - contestó Tiff con una sonrisa.
-¿Por quién he pagado el error sobre tu sobrenombre?- quiso saber Harry.
-Tu mujer fue quién lo hizo.- respondió Tracy con picardía.
-No les hagas caso.- le dijo Ginny.- Escucha sexy cicatrizado... - Harry frunció las cejas- No te disgustes, era una broma, quería avisarte que en un rato vendrán a poner la tarima...
-¿La tari...?
-Claro, tocarán unas bandas esta noche.- explicó Tiff.- Pero no será nada que no te guste...
-Sí, además pondremos muffliato, para que los vecinos no se quejen.- aseguró Ginny.
-También limpiare...- empezó Tracy.
-¡Dejen ya tantas explicaciones!- las cortó Harry.- ¡Yo no las he reprendido aún! Aunque a ti, Tiff, debería hacerlo. Tu galleta me ha dejado los ojos llenos de migas.
-A ver...- saltó Ginny. - ¿Quieres que te las saque?- se paró y comenzó a revisarle los ojos y a soplárselos para calmar el ardor. Él se dejó cuidar, gustoso.
Tiff y Tracy se miraron de forma elocuente.
-¡Qué evidentes son ustedes!- comentó Tracy, incapaz de morderse la lengua.
-¡Cállate Tracy!- la regañó Ginny, separándose de Harry- Deja de insinuar que...
-¿Qué qué?- le preguntó Harry.
-No te hagas el tonto, Harrix. -terció Tiff. - Mi querida amiga Tracy, está segura que ustedes se van a casar y van a tener hijos muy pronto.
-¡Es tan evidente que me da ganas de vomitar!- rió Tracy.
-Déjense de estupideces. - Les dijo Ginny a sus amigas.- Oye, ¿dónde está mi príncipe?- inquirió mirando a Harry.
-A tu depredador lo tienes enfrente... ¿acaso no lo ves? - comentó Tiff, pero ni Harry ni Ginny le hicieron caso, aunque Tracy festejó el comentario, riendo con ganas.
-Benja se quedó con Ron y Hermione, que accedieron a cuidarlo. - Contestó Harry.- Pero no aguantarán mucho, seguro ya lo traerán.
-Ni me quiero imaginar cuando tengan sus hijos.- se espantó Tiff. Ambas rieron.
-No tienen remedio.- le dijo Ginny a Harry de forma cómplice.
La noche del sábado llegó demasiado rápido. Los invitados estaban divididos por tres partes: los de Ginny, Tracy y Tiffany, por un lado; los compañeros de Hermione del ministerio, por el otro; por último, empleados de Sortilegios Weasley y Harry, por ser anfitrión prestando la casa, las chicas le permitieron que invitase a los medimagos de San Mungo. No obstante, como bien le recordaron Ron y Hermione a Harry, eso no parecía ninguna desventaja para Tracy y Tiffany: ellas se sentían seducidas por los sanadores. "Eran bestias salvajes para el corazón", como solían describirlos, entre otros apodos no aptos para menores.
Las tres organizadoras de la fiesta lograron mediante magia armar las mesas y acomodar las bebidas de forma rápida, aunque no muy organizada. Tiff y Tracy insistían en dividir las proporciones de cerveza y otros tragos con alta densidad de alcohol en lugares diferentes. Ambas manifestaban que luego de beber la tercer botella, olvidaban el lugar a causa de la borrachera, por lo que una prefería dejar provisiones en el baño y la otra planteaba depositarlas escondidas detrás de la barra. Tanto una como lo otra, argumentaban que ése era el lugar adecuado para acordarse cuando uno está ebrio. Ginny desistió de intentar que se pongan de acuerdo con semejante estupidez y prefirió ocuparse de que las bandas tuvieran comodidad, porque para ella la música era el alma de la fiesta. Lo novedoso para la pelirroja, era que por primera vez, estaba preocupada por el estado en que quedaría la casa de Harry una vez finalizada la fiesta. Él se estaba comportando con ella maravillosamente y no quería causarle problemas. Era tan extraño ese sentido de la responsabilidad (hacía años que ese detalle no la preocupaba en lo absoluto), que se sorprendió a sí misma, y lo tomó como un síntoma de preocupación. "¿Qué me pasa? ¡Cabeza rajada me está volviendo idiota!", se decía continuamente. Cometió el error de pedirle una opinión a Hermione quién inmediatamente le dijo: "Eso es porque te gusta Harry Potter." ¿Quién carajo te pidió ser tan sincera después de todo?, fue la ácida respuesta de Ginny.
Cerca de las nueve de la noche, Ginny se estaba cambiando en su recámara. En menos de cuarenta minutos, los invitados comenzarían a llegar. Estaba feliz, amaba ese tipo de fiestas donde la gente bailaba, se despejaba y se distraía. "A él le va a venir muy bien, después de tanto trabajo." Se calzó un vestido color azul petróleo, que tenía un delicado escote, de esos que insinúan sin mostrar. Unos elásticos ajustaban en la cintura para dar lugar a ver sus envidiables curvas de mujer. Calzaba unos zapatos de tacón, no muy altos y bastante informales. Después de todo, era una fiesta en casa, pero ella quería lucirse. ¿Por qué? Era algo que prefería no contestarse, la respuesta se palpaba en el aire. Se delineó los ojos de negro y peinó sus pestañas con rimel. Un detalle de rubor y brillo transparente en los labios, terminaba el atuendo. De repente, tocaron la puerta.
-Soy yo, Ginny. ¿Puedo pasar?- Era Harry. Ella sonrió a su reflejo en el espejo. Era una sonrisa nerviosa.- ¿Estás lista?
-Sí, Harry, me falta ponerme... - tomó el último perfume de Sweet Honey y se echó generosamente. (¡Con lo costoso que era! Pero la ocasión lo valía)
-Tracy y Tiffany insisten en abrir las bebidas y que empiecen a tocar las bandas...- informó Harry.
-Pasa.
-Gracias por dejarme pa... - la vio y se quedó mudo alzando las cejas, con una media sonrisa en el rostro.- ¡Demonios!- se le escapó.
Ginny sonrió complacida y dio una media vuelta.
-¿A quién intentas conquistar? - preguntó él sonriendo.
-¿Yo? A nadie... Ya los tengo a todos a mis pies.- Eso borró la sonrisa de Harry.- Era una broma, tonto... - ¿Por qué le explicaba? ¿Por qué?
Él volvió a sonreír.
-Mejor así.- dijo. Eso hizo suspirar a Ginny nerviosamente, sin dejar de mirarlo a los ojos. Él estaba realmente atractivo. Vestía un jean de ocasión y una camiseta mangas largas color verde botella, que le hacía juego con los ojos. El pelo, como siempre formal, peinado con gel.
-Tú también te ves excelente.- se atrevió a comentar.
-¿Sí?- preguntó él con inseguridad.
-Por supuesto, aunque... - le revolvió él pelo un poco, para dale un tono mas informal, no tan recto.- ¡Ahí si estás perfecto!
-¡Estoy despeinado!- musitó él mirándose al espejo.
-Estás muy bien, galán.- dijo ella sonriente.- ¿Vamos bajando, mi tentador cicatrizado?
Él sonrió.
-¿No soy más el señor Limón?
-Es que los lunes a la noche te pareces más a ese que hoy. - aclaró ella contenta.
Así los encontraron, al pie de la escalera, Ron y Hermione, quiénes no daban crédito a lo que estaba viendo sus ojos: Ginny vestida como la gente, sin estar mostrando demás, Harry animado y sin su rostro pulcro, ni su rígido pelo con gel, ambos sonriendo y hablando animadamente como si fueran... ¿Novios? ¿Amigos? ¿Pareja? Ninguno de los dos supo catalogarlo, aunque Hermione tenía en su mente una idea más acertada que Ron.
-Vaya, vaya, vaya... - musitó el pelirrojo.
-Lo que hace la convivencia - apuntó Hermione, quién tomaba helado de chocolate con fresas.
-Y lo que hace el embarazo, ni te cuento.- se la devolvió Ginny, con una sonrisa pícara.
-¡Hija de p...!
-¡No admito malas palabras en mi casa!- le advirtió Harry a Hermione.- ¡Qué rico! - re robó un poco de helado.
-¡No...! - se quejó su amiga.
-Vamos afuera, ya deben estar llegando todos.- apuró Ron.
La fiesta transcurrió con total éxito, para alegría de todos. Hermione, debido a su estado, se dedicó a servir los tragos detrás de la barra. Hizo caso omiso a las quejas de Tracy y Tiffany porque ella había sacado las bebidas del congelador para poner sus provisiones de helado. "Comprendan mi estado", les dijo con una carita tierna y haciéndose la ofendida. Las chicas se disculparon acariciándole la panza, pero en el fondo aplastaron el helado con botellas de fernet, una bebida muggle que les fascinaba.
Los invitados bailaban, charlaban y se divertían. Los gemelos hacían bromas para impresionar a las sanadoras, quienes reían complacidas de las ocurrencias de esos dos. Tracy y Tiffany, hacían lo mismo pero con los empleados de Sortilegios Weasley, que resultaron más divertidos que los sanadores, ya que éstos prefirieron hablar con todas las trabajadoras del Departamento Contra el Uso indebido de la Magia. Ginny, en cambio, se quedó en éste último grupo, hablando con los que trabajaban para Harry o junto a él en el consultorio de San Mungo. Harry la observaba, taciturno, bebiendo de una copa con jugo de calabaza (él seguía convencido de que el alcohol era malo para la salud). Era tan hermosa que le pareció injusto que todos los hombres la vieran con ese vestido. Cuando la vio en su habitación, quedó deslumbrado, pero no se había dado cuenta que ahora él no era el único, ahora cualquier hombre podía acercarse y arrebatársela. Pero él estaría ahí, para vigilar que ninguno la lastime, ni se le acerque... "¿Qué locura estoy pensando?"
-¿A quién miras tan concentrado?- inquirió una voz femenina. Era una sanadora del área de pediatría. Era una linda mujer, tenía el cabello oscuro y los ojos color miel
-¡Kate!- se sobresaltó Harry.. - ¿Cómo has estado?- dijo, decidido a no contestar a su pregunta.
-Bien, bien.- respondió ella vagamente.- Tú has estado un poco perdido, ¿verdad?
-¿Perdido?- preguntó él.
-¿No te acuerdas? - el negó- Hace meses que te di mi número de móvil y jamás me llamaste.- hizo un falso puchero.- ¿Es por esa niña de la que has tenido que cuidar?
-No es una niña.- replicó Harry con cierto desdén.- Tiene sólo un año menos que yo.
-Según lo que escuché, no supera la edad mental de los quince años.- apuntó ella, alzando las cejas. Sin embargo, la mala cara de Harry la hizo rectificarse.- Ya sabes, siempre hay malas lenguas en todo lo relacionado al Sanador Potter...
-Entonces no creas todos los comentarios...- dijo Harry con el mismo tono. Una música lenta, empezó a sonar de repente.
-¿Bailamos? - En ese instante, Harry vio a Ginny abrazada a uno de los sanadores y riendo a carcajadas. Lo reconoció como Collen Lynch, un tipo muy atractivo. Entonces ella vio que él la estaba mirando y se le borró la sonrisa al verlo con esa mujer.- ¿Bailamos?- repitió la morocha.
-Sí.- contestó Harry volteando la vista hacia ella y esbozando una falsa sonrisa.
La música era tan dulce y tan lenta, tan perfecta para el corazón de Harry y de Ginny, que ambos se estremecieron.
-¡Esto no es rock!- Ginny oyó rezongar la desilusionada voz de Tracy como si estuviera a kilómetros de ella.
-¡Es hermosa, déjala!- contradijeron Hermione y Tiff desde la barra. Sobra decir que la segunda ya había perdido el juicio a causa del alcohol. Sin embargo, nadie más se quejó por el cambio de rubro de la música.
Ginny comenzó a bailar con Collen y en la medida que las vueltas de cada pareja coincidían con las miradas que Harry y Ginny se profesaban. Kate apoyó la cabeza en el hombre de Harry, sensualmente. Eso hizo reventar a la pelirroja, quién intentó devolvérsela, acariciando el pelo del sanador.
Puedo ponerme cursi y decir
Que tus labios me saben igual,
Que los labios que beso en mis sueños
Puedo ponerme triste y decir
Que me basta con ser tu enemigo
Tu todo, tu esclavo, tu fiebre tu dueño...
Las miradas estaban cargadas de celos, agobiadas por esas palabras que jamás se dijeron. Ambos yacían arrepentidos por no haber hablado, por no haberse entregado a su debido tiempo, por no animarse. Ahora eran presa del odio y los celos que provocaba el hecho de verse en brazos de otras personas... Harry creyó arder en el infierno al verla tan cerca del otro.
Y si quieres también
Puedo ser tu estación y tu tren
Tu mal y tu bien, tu pan y tu vino
Tu pecado, tu Dios, tu asesino
Entonces Ginny tomó la iniciativa y se separó de Collen, como si fuese un impulso desesperado de su corazón. Harry automáticamente dejó de bailar al verla acercarse.
-¿Ocurre algo, Harry?- preguntó Kate, desconcertada.
O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
A la orilla de la chimenea, esperar
Que suba la marea...
Ginny llegó hacia donde estaba él.
-¿Me permites?- le pidió a Kate con educación y una sonrisa en el rostro, algo forzada. La aludida no contestó y Ginny lo tomó como un sí. - Gracias...
Harry no había dicho ninguna palabra, pero sus movimientos hablaron por él: enseguida tomó a Ginny de la cintura y aspiró su olor, dándole a entender que él estaba deseando lo mismo. Como conocía aquel tema, entonces le susurró la parte en el oído de ella...
Puedo ponerme humilde y decir,
Que no soy el mejor, que me falta valor
Para atarte a mi cama
Ginny se estremeció completamente. Había olvidado todo lo que pensaba decirle sobre esa mujerzuela. Los celos, al volver a tenerse así, habían desaparecido y el placer ocupó el primer plano de ambos corazones.
Puedo ponerme digno y decir
Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos
De un rato me llamas
Y si quieres también
Puedo ser tu trapecio y tu red
Tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío
Tu resaca, tu lunes, tu hastío
o tal vez ese viento
Que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda
en mitad de la calle y desnuda
Harry, siguió recitándole el tema. Era imposible que otra persona lo escuche, la música estaba tan alta, y ellos, por lo demás, demasiado cerca... El mundo parecía haber desaparecido. Se separaron, quedando cara a cara, derritiéndose con las miradas y comenzaron a acercarse lentamente...
Y si quieres también
Puedo ser tu abogado y tu juez
Tu miedo y tu fe, tu noche y tu día
Tu rencor, tu por que, tu agonía
o tal vez esa sombra,
Que se tumba a tu lado en la alfombra
A la orilla de la chimenea
A esperar que suba la marea.
