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Terra
La Coctelera

Con la misma euforia de mis sueños.

Capítulo 8

La fiesta

Es tu amor esa dulce mirada, flores en el jarrón, besos de madrugada.

-¿Qué me está pasando contigo? - le susurró despacio.- Me estás volviendo loco, pequeña. Aunque tú no lo sepas, no puedo explicar la manera en que... - respiró hondo.- Me arrastras en tu locura, ¿entiendes? Y lo peor es que me gusta... me gusta besarte... besarte así... con la misma euforia de mis sueños...- acercó su boca hasta estar a centímetros.- Me gustas mucho...

Ginny despertó. Harry se echó hacia atrás, realmente avergonzado de lo que acababa de decir. De repente, Ginny tuvo un instinto totalmente inesperado.

Lo tomó del cuello y comenzó a zarandearlo impulsivamente.

-¿¡PERO QUÉ TE...!? - se asustó Harry, intentando apartarla, pero era como si sus manos estuviesen pegadas al cuello.

-¿Te... parece... que ... estas ... son horas de llegar... Harry Potter?- murmuró entrecortado.

-¡SUÉLTAME, LOCA!-Logró apartarla.- ¿Qué bicho te picó? ¿Escuchaste algo de lo que...?

Ginny se levantó del sofá estirándose el cuello. Estaba enfadada y enfurruñada.

-¿Si escuché qué? - preguntó. Entonces Harry dedujo que no había oído ni una sola palabra. -¡Lo único que sé es que tardaste demasiado y yo he estado muy preocupada Potter!

-¡No fue para tanto! - intentó defenderse él.

-¿Qué no fue para tanto? ¿Para qué demonios creaste ese código de convivencia?- preguntó furiosa.- Después me dices irresponsable a mí.

Harry no daba crédito a sus oidos. Ella se atrevía a decirle irresponsable, cuando era un completo desastre y tenía que perseguirla para que cumpla sus obligaciones. ¡Era el colmo!

-Cuando esta mañana me fui, estabas muy bien acompañada.- Él no podía olvidar su encuentro con Malfoy y aunque no hubiese querido mostrarse celoso, las palabras se le salieron de sus labios antes que pudiera detenerlas.- No entiendo porque tanto alboroto...

-¿De qué hablas? ¿Qué tiene que ver Draco en todo esto?- dijo Ginny, poniendo una expresión de cansancio.

-Tiene que ver porque no quiero que ese energúmeno ponga un pie en esta casa nunca más.- explotó Harry.- ¿No te das cuenta que es un desgraciado?

-¿Acaso yo te digo lo que tienes que hacer con tu vida?- preguntó Ginny con sarcasmo.- Y por otra parte, no era para que le vayas con el cuento a mi hermano y a Hermione. ¡Podrías haber mantenido tu bocota cerrada!

Harry enrojeció. Hermione lo había puesto en evidencia con los terribles celos que lo estaban acongojando. "Cuando la vea, ya va a ver lo que es bueno".

-Yo... solamente quise... protegerte.- se excusó débilmente. Esa frase enterneció la mirada de Ginny.- Disculpa si...

-Está bien, Harry.- dijo Ginny, hecha un corderito. ¡Ponerme esa cara es jugar sucio, Potter!- No quiero que vuelvas a llegar tarde.- fue un pedido bastante humilde.

Harry se mordió el labio, lo mataba la idea que se haya preocupado por él. De repente, Ginny tuvo un impulso y se dejó llevar por él: dio dos pasos decisivos y lo abrazó con fuerza. Harry correspondió el contacto, sintiendo el olor de su flagrante cabello. Cerró los ojos como si estuviera en el mismísimo cielo. Definitivamente, estar así era nadar en pompas de jabón con olor a flores y jazmines. Ginny apoyó la cabeza en el hombro de Harry y sintió que su cuerpo encajaba a la perfección en el de él, que el olor que despedía era realmente adictivo, un calor que hizo miles de mariposas aletearan incansablemente en su estómago. Suspiró, disfrutando aquello como nunca había disfrutado nada en su vida, el placer era tan grande, que tuvo impulsos de entregarse a él y... pero arrancó la idea de su cabeza y contempló gustosa la calma arrolladora que el cuerpo de ese hombre le confería, al estar tan cerca el suyo.

-Tuve miedo.- murmuró Ginny.- Miedo a que te hubiera pasado algo.

-No te preocupes.- susurró Harry.- Yo estoy bien.- intensificó la fuerza de sus brazos tenuemente, haciéndola estremecer.

El abrazo cesó, pero sin dejar de quedarse entrelazados; se miraron a los ojos. Con esa mirada se estaban diciendo lo que ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras. Quisiera escucharte decir lo que gritan tus ojos, pensó Harry. Si existiera un lenguaje visual, podría confirmar lo que me está diciendo esa mirada, pensó Ginny.

Fueron acercándose lentamente para sellar el pacto, pero justo cuando estaban milímetros de distancia, Benjamín los interrumpió con un llanto desesperado. Ambos se sobresaltaron por lo que iban a hacer. Ginny se soltó rápidamente y lo tomó del moisés.

-Hola cielo, ¡perdón!- musitó. Estaba roja de vergüenza.- Debe tener hambre.- le comentó a Harry.- Y tú también, ¿vamos a la cocina?

Dalma, la perrita caniche, comenzó a ladrar. Entre el animal y el bebé, lograron liberar la vergüenza que habían sentido los dos jóvenes, estando a punto de besarse.

-¡Hola Dalma!- la saludó Harry afectuosamente.- Yo también tengo hambre, pero primero iré a ponerme ropa más cómoda. Ustedes vayan yendo.

-Está bien, te esperamos.

Cuando Harry vio a Ginny y Benjamín desaparecer, dio unos vítores hacia el techo, realmente eufórico por el acercamiento con Ginny. Ahora él sabía que a ella le pasaba algo, aunque no supiera con exactitud qué. Saltó como un loco y subió las escaleras, sonriendo. Dalma lo siguió, igual de contenta.

Cuando bajó, luego de ducharse rápidamente y con el pijama puesto, Ginny le estaba dando un biberón a Benjamín. El niño depositaba una manito en la pera de Ginny, mirándola con mucho cariño. Ginny pensaba, mientras tanto, "Esto es patético. Después de lo que pasó me sigo haciendo la tonta. En realidad me parece que Harry me gusta..." Harry la vio sonreír con tanta ternura, que no pudo evitar morderse el labio inferior, con deseo. Ginny lo vio llegar.

-¿Qué haces mirando así? - le dijo, muy perseguida.- No pude preparar nada aún.- se apresuró a añadir. Tuvo miedo que Harry le haya hecho legeremancia.

-¿Eh? - le contestó él, completamente embobado.- Nada, estaba mirándolos... - Patética excusa, Potter. - No hay problema, deja que hoy me encargue yo de la cena...

-¿Tú?- se burló Ginny. Dalma se había dormido en su alfombra roja, después de haber cenado un alimento balanceado servido por Ginny.

-Mira pelirroja, no vas a desairear mis capacidades culinarias.- dijo Harry sonriendo profundamente.- Aún no conoces quién soy yo enfrente de una cocina.

-¡Si eres igual que practicando Oclumancia...!- rió Ginny divertida.

-Debo decir que lo hago mucho mejor. ¿Supiste algo de Tracy y Tiff? Hace mucho que no se las ve por acá.

Ginny se sorprendió.

-Tenía entendido que no las soportas.- dijo. Harry rió.

-Bueno, tampoco para tanto.

-Vendrán el primer sábado de octubre, haremos una fiesta aquí.- informó Ginny

Al conocer la noticia, Harry enseguida comprendió que todo estaba resultando demasiado redondo para ser cierto.

-Me parece que no le pediste permiso al dueño de casa.- recordó.- Además, ¿qué haremos con Benjamín?

-Lo cuidará la madre de Tracy.- aclaró Ginny, resueltamente.- Y disculpa que no te avisé antes, tu aspecto aburrido me dio permiso sólo. ¡Necesitas despejarte, hombre! Y beber varias cervezas.

-No tomo alcohol.- respondió Harry, sacando huevos de la heladera para comenzar a cocinar.- Espero que no hagan demasiado lío o...

-Estará todo en orden.- dijo Ginny haciéndose la inocente.- ¿No es cierto mi amor?- le habló a Benjamín. Luego lo sentó en su sillita para que empiece a jugar con sus juguetes.- Por cierto, cuando te estaba esperando, necesitaba beber y no podía por Benja. ¡Fuiste cruel!

Harry negó con la cabeza reprobando su último comentario.

-Eres imposible. - dijo.

"Y tu eres hermoso", pensó Ginny.

-Hoy estuve ordenando tus papeles sobre la historia clínica de tus pacientes.- comentó ella.- ¡No puedo creer! Hay trescientas mujeres y cien hombres. Todas son rubias. - rió.

-Es algo que tengo que padecer.- Harry sacó carne del congelador y la volvió a la temperatura ambiente con un golpecito de su varita.- Algunas son realmente insoportables. ¿Te imaginas que piden consulta conmigo para dar celos a su pareja?

-¡No te la puedo!- se sorprendió Ginny, incrédula.- Si eso no es desesperación, no se que es... pero por otra parte, ¿qué se siente ser un galán de telenovela muggle?

Harry rió, irónicamente.

-¿Galán? No, estás equivocada. Ese papel lo ocupará otro, a mi solamente me usan para que sus esposos le presten más atención. No creas que eso me suba el ánimo.- rieron.

Continuaron hablando así, fluidamente, mientras comían y cocinaban. Ambos iban comprendiendo lo placentera que era la compañía del otro. Harry notaba a cada segundo que pasaba lo cambiada que estaba Ginny, en cuanto a sus costumbres y aspectos. Por más que siguiese vistiendo de forma provocativa, ya no usaba los hot Jeans y él lo agradeció silenciosamente, también porque lo pondría muy celoso a esas alturas.

Ginny sirvió café, mientras sostenía a Benjamín en sus brazos, que ya estaba dormido nuevamente.

-Oye, Gin, - el detalle de su sobrenombre no se les escapó a la aludida: sonaba muy bien desde los labios del sanador Potter.- ¿puedo hacerte una pregunta?

-Claro.- respondió ella, sonriendo encantadoramente. Un cosquilleo en el estómago de Harry sacudió su compostura al verla sonreír así.

-Me gustaría saber qué fue lo que Draco Malfoy te hizo. - Ginny palideció.- No es que quiera molestarte, pero... prefiero enterarme por tus labios, por si alguna vez me lo cruzo y...

Ginny bajó la mirada.

-Me cuesta hablar de eso Harry, no te ofendas... Es lo mismo si yo te pregunto que rayos pasaba entre Dalma y tú... ¿No te parece algo íntimo?

-Si, puede ser. ¿Y si hacemos trueque?- sonrió Harry. Ginny también lo hizo.

-Trueque hacíamos con Tracy cambiándonos los hombres, por quince minutos.

-¡Diablos Ginny! ¡No quería oír eso! - se quejó Harry, frunciendo el entrecejo.

-¡Qué celoso! - bromeó Ginny. "Me descubrió", pensó él.

-Mira Ginnix...digo Ginny... No deberían...

-No seas exagerado, eran sólo unos besos. - calmó ella, despreocupadamente.

-Lo sé.- dijo Harry.- Alardeas mucho de tus experiencias con gente del sexo opuesto. Pero me parece que sólo es un mecanismo de defensa, ¿o me equivoco?

A Ginny se le borró la sonrisa.

-No me analices.- dijo cortante.

-¿Qué te hizo Draco?

-¿Por qué te interesa saberlo?

-No hace falta que yo te diga eso.- esa frase hizo que Ginny se estremeciera. Era como si le hubiera sugerido que...- Vamos, tu puedes contar conmigo.- puso una mano encima de la de ella.

Ginny acostó a Benjamín en el moisés. Lo tapó y luego miró a Harry.

-Te escucho.- dijo él.

-Bueno yo... Diablos, no sé como empezar, no le he dicho esto a nadie.- suspiró.- Cuando empecé a salir con Draco yo era virgen. -Enrojeció repentinamente - Pasaron unos meses y él me pidió que estuviéramos juntos. Yo no estaba segura, Harry, había cosas en él que me hacían dudar.

-¿Por ejemplo?

-Él llegaba tarde a las citas, a veces las olvidaba. Algunos días, no aparecía ni siquiera para preguntarme en dónde estaba. Además, desconfiaba de mí, cuando yo era incondicional con él. Jamás le he mentido, siempre le fui de frente. Pero él no valoraba eso, simplemente no se guardaba reclamos acerca de mi relación con mis amigos varones y todo un cuento que sólo su cabeza maquinaba...

-Bueno, tú y tus amigos...- interrumpió Harry.

-¡No lo defiendas, porque no te cuento más! - Exclamó Ginny indignada.- Él sabía que yo tenía muy buenos amigos, y no los iba a dejar por él. Tú deberías entenderme.

-¿Yo? ¿Por qué?

-Porque durante el Torneo de los Tres Magos todos hablaban de una relación de ti y Hermione, que por supuesto no era cierta. - un atisbo de rencor asomó en la frase.

-Es verdad.- admitió Harry.- Tú por esas épocas...

Ginny sonrió, sabía muy bien a qué se refería.

-Sí, tú me gustabas. Debo decir que fuiste un desgraciado cuando invitaste a Cho Chang al baile.- Harry rió.

-Pero no nos desviemos. Sigue con lo de Draco.

-En definitiva, él quería estar conmigo y yo no me animaba. Por supuesto, el nunca supo que yo era virgen. ¡Imagínate confesarle, con dieciocho años que era virgen! Me parecía vergonzoso.

-No, vergonzoso es hacer algo que no sientes y luego arrepentirte.- la corrigió Harry razonablemente.

-En ese momento no me animé a confesárselo. Son estupideces que uno piensa a esa edad. - Desaprobó esa actitud con un ademán de mano.- Entonces, una noche... En realidad, no sé porqué te estoy contando esto a ti...

-¿No confías en mí?- preguntó Harry, con dulzura.

-¡Me da mucha vergüenza y...! - Se hizo un silencio, donde Harry le sostuvo la mirada.- No le dirás a Ron ni a nadie, ¿verdad?

-¿Hace falta que yo te prometa algo así?- replicó él, un tanto ofendido.

-Está bien, está bien. - Aceptó ella. Respiró hondo y evitó mirar a Harry a los ojos.- Una noche me invitó a comer a su departamento. Estaba muy raro, yo lo noté agresivo. Después cenar, quise irme a mi casa, detestaba que su ánimo cambiara repentinamente. Fui allí cuando él, me impidió que me fuera... entonces... me dijo que...me amaba y que quería estar conmigo. - Se le empañaron los ojos.- Él, el...

-¡Por las barbas de Merlín Ginny!- exclamó Harry consternado.- ¿Malfoy te violó?

-Yyyoo...- comenzó a tartamudear.-... tteenníaa-aa mmmucchoo miedo... y no pude detenerlo, Harry. No quise contradecirlo porque temí que me golpeara, entonces accedí, pero yo no quise... ttee jurro... Fue tan tan horrible... Y nadie lo supo, ni si quiera Hermione...

Harry se arrodilló enfrente su silla. La abrazó.

-Calma pequeña, calma. Ya no te hará daño, te lo prometo yo.

La confesión de Ginny selló un pacto de confianza entre los dos. Además de gustarse, ellos profundizaron, con el correr del tiempo, una gran amistad. Ginny se sintió liberada de haber podido confesar el peor momento de su vida y además, a la persona menos pensada. De todas maneras, le pidió que nunca más tocaran el tema y Harry respetó eso. El joven, después de entender finalmente la razón por la que Ginny había cambiado tanto con una máscara desinhibida y totalmente falsa, sintió con más intensidad la atracción que padecía hacia Ginny desde hacía ya dos meses. En ningún momento ella sintió vergüenza y eso la sorprendió: era increíble poder ser auténtica con alguien y Harry, a quién ese detalle no se le pasó, le encantaba que ella lo haya elegido comportándose, como la Ginny de siempre.

La señora Weasley llamó varias veces a la casa, pero Ginny hablaba tal cual que la última vez que había visto a su madre. No demostraba en su voz todos los cambios y alteraciones en su vida desde los últimos meses. Harry pensó que era comprensible porque después de todo Molly no tenía ni idea de la llegada de Benjamín a sus vidas.

Septiembre dio paso a octubre y el otoño fue haciendo que las hojas de los árboles del jardín de Grimmauld Place, fueran desprendiéndose al fatal destino de desaparecer. A medida que las hojas caían, la panza de Hermione crecía a pasos agigantados. Ron aseguró que por cada hoja seca, su mujer aumentaba un kilo. El tono de preocupación hizo que Tracy y Tiffany lo cargaran por horas riéndose a carcajadas. Para disgusto del pelirrojo, se le sumaron los gemelos, quienes le aseguraron que si Hermione pesaba trescientos kilos en los próximos meses, ellos la seguirían aceptando como cuñada.

Los preparativos de la fiesta del sábado en la casa de Harry marchaban de maravilla gracias las locas ideas de Tracy, Tiffany y Ginny, quienes en cuestión de fiestas y diversión, eran unas sabelotodo. Ese mismo sábado por la tarde, se reunieron en el nº 12 de Grimmauld Place para ultimar detalles.

-Entonces, con cuarenta litros de cerveza supongo que nos alcanza, ¿verdad?- decía Tiff, entusiasmada.

-¿Tú crees?- preguntó Tracy con aire preocupado.- ¡Mira si nos morimos de sed!

-Qué alma de borracha.- irrumpió Ginny en el comedor, con una bandeja llena de galletas y una jarra de jugo de calabaza.

-¡No te hagas la rescatada!- la defendió Tiff. Ginny sonrió.- Chicas, escuchen. Estuve hablando con Ben. Me dio los números telefónicos de las bandas que tocan allí. Podremos invitarlas a que vengan...

-¿Crees que no nos cobrarán?- preguntó Tracy, escéptica.

-No, no creo.- fue Ginny quién contestó.- Recuerden que tocan bandas que recién están empezando. Además si les decimos que la fiesta es en la casa de Harry Potter, no pondrán ningún reparo.

-Qué oportunista es la gente.- opinó Tiff, sin sorprenderse.- Estará bien que toquen música, será muy divertido. El rock siempre hace bien a la salud.

-Por cierto, me deben unas entradas para el recital de diciembre. -Dijo Ginny- Recuerden que el bebé se terminó llamando Benjamín.

-¡Qué negociante! ¡Valentino responde a tu nombre porque vive contigo, estábamos en desigualdad de condiciones!- se quejó Tracy.- ¡Y no puedo creer que te acuerdes de esa apuesta!

-Ginnix jamás olvida las apuestas importantes.- dijo sugestivamente Tiff.

-Claro que no, Tiffy.- corroboró Ginny.

Ella le arrojó una galleta que estaba a punto de comerse, pero Ginny se agachó y le dio en la frente a Harry, que acababa de llegar.

-¡Ay!- se quejó.- ¡Qué recibimiento!

-¡Oh, lo siento Sexy Cicatrizado Harry!- se disculpó Tiff, pero no parecía avergonzada.

Harry se frotaba la frente.

-Supongo que alguien te llamó Tiffy.- predijo acertadamente.

-Sí, pero no lo hagas tú, porque la próxima será el jugo de calabaza... - contestó Tiff con una sonrisa.

-¿Por quién he pagado el error sobre tu sobrenombre?- quiso saber Harry.

-Tu mujer fue quién lo hizo.- respondió Tracy con picardía.

-No les hagas caso.- le dijo Ginny.- Escucha sexy cicatrizado... - Harry frunció las cejas- No te disgustes, era una broma, quería avisarte que en un rato vendrán a poner la tarima...

-¿La tari...?

-Claro, tocarán unas bandas esta noche.- explicó Tiff.- Pero no será nada que no te guste...

-Sí, además pondremos muffliato, para que los vecinos no se quejen.- aseguró Ginny.

-También limpiare...- empezó Tracy.

-¡Dejen ya tantas explicaciones!- las cortó Harry.- ¡Yo no las he reprendido aún! Aunque a ti, Tiff, debería hacerlo. Tu galleta me ha dejado los ojos llenos de migas.

-A ver...- saltó Ginny. - ¿Quieres que te las saque?- se paró y comenzó a revisarle los ojos y a soplárselos para calmar el ardor. Él se dejó cuidar, gustoso.

Tiff y Tracy se miraron de forma elocuente.

-¡Qué evidentes son ustedes!- comentó Tracy, incapaz de morderse la lengua.

-¡Cállate Tracy!- la regañó Ginny, separándose de Harry- Deja de insinuar que...

-¿Qué qué?- le preguntó Harry.

-No te hagas el tonto, Harrix. -terció Tiff. - Mi querida amiga Tracy, está segura que ustedes se van a casar y van a tener hijos muy pronto.

-¡Es tan evidente que me da ganas de vomitar!- rió Tracy.

-Déjense de estupideces. - Les dijo Ginny a sus amigas.- Oye, ¿dónde está mi príncipe?- inquirió mirando a Harry.

-A tu depredador lo tienes enfrente... ¿acaso no lo ves? - comentó Tiff, pero ni Harry ni Ginny le hicieron caso, aunque Tracy festejó el comentario, riendo con ganas.

-Benja se quedó con Ron y Hermione, que accedieron a cuidarlo. - Contestó Harry.- Pero no aguantarán mucho, seguro ya lo traerán.

-Ni me quiero imaginar cuando tengan sus hijos.- se espantó Tiff. Ambas rieron.

-No tienen remedio.- le dijo Ginny a Harry de forma cómplice.

La noche del sábado llegó demasiado rápido. Los invitados estaban divididos por tres partes: los de Ginny, Tracy y Tiffany, por un lado; los compañeros de Hermione del ministerio, por el otro; por último, empleados de Sortilegios Weasley y Harry, por ser anfitrión prestando la casa, las chicas le permitieron que invitase a los medimagos de San Mungo. No obstante, como bien le recordaron Ron y Hermione a Harry, eso no parecía ninguna desventaja para Tracy y Tiffany: ellas se sentían seducidas por los sanadores. "Eran bestias salvajes para el corazón", como solían describirlos, entre otros apodos no aptos para menores.

Las tres organizadoras de la fiesta lograron mediante magia armar las mesas y acomodar las bebidas de forma rápida, aunque no muy organizada. Tiff y Tracy insistían en dividir las proporciones de cerveza y otros tragos con alta densidad de alcohol en lugares diferentes. Ambas manifestaban que luego de beber la tercer botella, olvidaban el lugar a causa de la borrachera, por lo que una prefería dejar provisiones en el baño y la otra planteaba depositarlas escondidas detrás de la barra. Tanto una como lo otra, argumentaban que ése era el lugar adecuado para acordarse cuando uno está ebrio. Ginny desistió de intentar que se pongan de acuerdo con semejante estupidez y prefirió ocuparse de que las bandas tuvieran comodidad, porque para ella la música era el alma de la fiesta. Lo novedoso para la pelirroja, era que por primera vez, estaba preocupada por el estado en que quedaría la casa de Harry una vez finalizada la fiesta. Él se estaba comportando con ella maravillosamente y no quería causarle problemas. Era tan extraño ese sentido de la responsabilidad (hacía años que ese detalle no la preocupaba en lo absoluto), que se sorprendió a sí misma, y lo tomó como un síntoma de preocupación. "¿Qué me pasa? ¡Cabeza rajada me está volviendo idiota!", se decía continuamente. Cometió el error de pedirle una opinión a Hermione quién inmediatamente le dijo: "Eso es porque te gusta Harry Potter." ¿Quién carajo te pidió ser tan sincera después de todo?, fue la ácida respuesta de Ginny.

Cerca de las nueve de la noche, Ginny se estaba cambiando en su recámara. En menos de cuarenta minutos, los invitados comenzarían a llegar. Estaba feliz, amaba ese tipo de fiestas donde la gente bailaba, se despejaba y se distraía. "A él le va a venir muy bien, después de tanto trabajo." Se calzó un vestido color azul petróleo, que tenía un delicado escote, de esos que insinúan sin mostrar. Unos elásticos ajustaban en la cintura para dar lugar a ver sus envidiables curvas de mujer. Calzaba unos zapatos de tacón, no muy altos y bastante informales. Después de todo, era una fiesta en casa, pero ella quería lucirse. ¿Por qué? Era algo que prefería no contestarse, la respuesta se palpaba en el aire. Se delineó los ojos de negro y peinó sus pestañas con rimel. Un detalle de rubor y brillo transparente en los labios, terminaba el atuendo. De repente, tocaron la puerta.

-Soy yo, Ginny. ¿Puedo pasar?- Era Harry. Ella sonrió a su reflejo en el espejo. Era una sonrisa nerviosa.- ¿Estás lista?

-Sí, Harry, me falta ponerme... - tomó el último perfume de Sweet Honey y se echó generosamente. (¡Con lo costoso que era! Pero la ocasión lo valía)

-Tracy y Tiffany insisten en abrir las bebidas y que empiecen a tocar las bandas...- informó Harry.

-Pasa.

-Gracias por dejarme pa... - la vio y se quedó mudo alzando las cejas, con una media sonrisa en el rostro.- ¡Demonios!- se le escapó.

Ginny sonrió complacida y dio una media vuelta.

-¿A quién intentas conquistar? - preguntó él sonriendo.

-¿Yo? A nadie... Ya los tengo a todos a mis pies.- Eso borró la sonrisa de Harry.- Era una broma, tonto... - ¿Por qué le explicaba? ¿Por qué?

Él volvió a sonreír.

-Mejor así.- dijo. Eso hizo suspirar a Ginny nerviosamente, sin dejar de mirarlo a los ojos. Él estaba realmente atractivo. Vestía un jean de ocasión y una camiseta mangas largas color verde botella, que le hacía juego con los ojos. El pelo, como siempre formal, peinado con gel.

-Tú también te ves excelente.- se atrevió a comentar.

-¿Sí?- preguntó él con inseguridad.

-Por supuesto, aunque... - le revolvió él pelo un poco, para dale un tono mas informal, no tan recto.- ¡Ahí si estás perfecto!

-¡Estoy despeinado!- musitó él mirándose al espejo.

-Estás muy bien, galán.- dijo ella sonriente.- ¿Vamos bajando, mi tentador cicatrizado?

Él sonrió.

-¿No soy más el señor Limón?

-Es que los lunes a la noche te pareces más a ese que hoy. - aclaró ella contenta.

Así los encontraron, al pie de la escalera, Ron y Hermione, quiénes no daban crédito a lo que estaba viendo sus ojos: Ginny vestida como la gente, sin estar mostrando demás, Harry animado y sin su rostro pulcro, ni su rígido pelo con gel, ambos sonriendo y hablando animadamente como si fueran... ¿Novios? ¿Amigos? ¿Pareja? Ninguno de los dos supo catalogarlo, aunque Hermione tenía en su mente una idea más acertada que Ron.

-Vaya, vaya, vaya... - musitó el pelirrojo.

-Lo que hace la convivencia - apuntó Hermione, quién tomaba helado de chocolate con fresas.

-Y lo que hace el embarazo, ni te cuento.- se la devolvió Ginny, con una sonrisa pícara.

-¡Hija de p...!

-¡No admito malas palabras en mi casa!- le advirtió Harry a Hermione.- ¡Qué rico! - re robó un poco de helado.

-¡No...! - se quejó su amiga.

-Vamos afuera, ya deben estar llegando todos.- apuró Ron.

La fiesta transcurrió con total éxito, para alegría de todos. Hermione, debido a su estado, se dedicó a servir los tragos detrás de la barra. Hizo caso omiso a las quejas de Tracy y Tiffany porque ella había sacado las bebidas del congelador para poner sus provisiones de helado. "Comprendan mi estado", les dijo con una carita tierna y haciéndose la ofendida. Las chicas se disculparon acariciándole la panza, pero en el fondo aplastaron el helado con botellas de fernet, una bebida muggle que les fascinaba.

Los invitados bailaban, charlaban y se divertían. Los gemelos hacían bromas para impresionar a las sanadoras, quienes reían complacidas de las ocurrencias de esos dos. Tracy y Tiffany, hacían lo mismo pero con los empleados de Sortilegios Weasley, que resultaron más divertidos que los sanadores, ya que éstos prefirieron hablar con todas las trabajadoras del Departamento Contra el Uso indebido de la Magia. Ginny, en cambio, se quedó en éste último grupo, hablando con los que trabajaban para Harry o junto a él en el consultorio de San Mungo. Harry la observaba, taciturno, bebiendo de una copa con jugo de calabaza (él seguía convencido de que el alcohol era malo para la salud). Era tan hermosa que le pareció injusto que todos los hombres la vieran con ese vestido. Cuando la vio en su habitación, quedó deslumbrado, pero no se había dado cuenta que ahora él no era el único, ahora cualquier hombre podía acercarse y arrebatársela. Pero él estaría ahí, para vigilar que ninguno la lastime, ni se le acerque... "¿Qué locura estoy pensando?"

-¿A quién miras tan concentrado?- inquirió una voz femenina. Era una sanadora del área de pediatría. Era una linda mujer, tenía el cabello oscuro y los ojos color miel

-¡Kate!- se sobresaltó Harry.. - ¿Cómo has estado?- dijo, decidido a no contestar a su pregunta.

-Bien, bien.- respondió ella vagamente.- Tú has estado un poco perdido, ¿verdad?

-¿Perdido?- preguntó él.

-¿No te acuerdas? - el negó- Hace meses que te di mi número de móvil y jamás me llamaste.- hizo un falso puchero.- ¿Es por esa niña de la que has tenido que cuidar?

-No es una niña.- replicó Harry con cierto desdén.- Tiene sólo un año menos que yo.

-Según lo que escuché, no supera la edad mental de los quince años.- apuntó ella, alzando las cejas. Sin embargo, la mala cara de Harry la hizo rectificarse.- Ya sabes, siempre hay malas lenguas en todo lo relacionado al Sanador Potter...

-Entonces no creas todos los comentarios...- dijo Harry con el mismo tono. Una música lenta, empezó a sonar de repente.

-¿Bailamos? - En ese instante, Harry vio a Ginny abrazada a uno de los sanadores y riendo a carcajadas. Lo reconoció como Collen Lynch, un tipo muy atractivo. Entonces ella vio que él la estaba mirando y se le borró la sonrisa al verlo con esa mujer.- ¿Bailamos?- repitió la morocha.

-Sí.- contestó Harry volteando la vista hacia ella y esbozando una falsa sonrisa.

La música era tan dulce y tan lenta, tan perfecta para el corazón de Harry y de Ginny, que ambos se estremecieron.

-¡Esto no es rock!- Ginny oyó rezongar la desilusionada voz de Tracy como si estuviera a kilómetros de ella.

-¡Es hermosa, déjala!- contradijeron Hermione y Tiff desde la barra. Sobra decir que la segunda ya había perdido el juicio a causa del alcohol. Sin embargo, nadie más se quejó por el cambio de rubro de la música.

Ginny comenzó a bailar con Collen y en la medida que las vueltas de cada pareja coincidían con las miradas que Harry y Ginny se profesaban. Kate apoyó la cabeza en el hombre de Harry, sensualmente. Eso hizo reventar a la pelirroja, quién intentó devolvérsela, acariciando el pelo del sanador.

Puedo ponerme cursi y decir

Que tus labios me saben igual,

Que los labios que beso en mis sueños

Puedo ponerme triste y decir

Que me basta con ser tu enemigo

Tu todo, tu esclavo, tu fiebre tu dueño...

Las miradas estaban cargadas de celos, agobiadas por esas palabras que jamás se dijeron. Ambos yacían arrepentidos por no haber hablado, por no haberse entregado a su debido tiempo, por no animarse. Ahora eran presa del odio y los celos que provocaba el hecho de verse en brazos de otras personas... Harry creyó arder en el infierno al verla tan cerca del otro.

Y si quieres también

Puedo ser tu estación y tu tren

Tu mal y tu bien, tu pan y tu vino

Tu pecado, tu Dios, tu asesino

Entonces Ginny tomó la iniciativa y se separó de Collen, como si fuese un impulso desesperado de su corazón. Harry automáticamente dejó de bailar al verla acercarse.

-¿Ocurre algo, Harry?- preguntó Kate, desconcertada.

O tal vez esa sombra

que se tumba a tu lado en la alfombra

A la orilla de la chimenea, esperar

Que suba la marea...

Ginny llegó hacia donde estaba él.

-¿Me permites?- le pidió a Kate con educación y una sonrisa en el rostro, algo forzada. La aludida no contestó y Ginny lo tomó como un sí. - Gracias...

Harry no había dicho ninguna palabra, pero sus movimientos hablaron por él: enseguida tomó a Ginny de la cintura y aspiró su olor, dándole a entender que él estaba deseando lo mismo. Como conocía aquel tema, entonces le susurró la parte en el oído de ella...

Puedo ponerme humilde y decir,

Que no soy el mejor, que me falta valor

Para atarte a mi cama

Ginny se estremeció completamente. Había olvidado todo lo que pensaba decirle sobre esa mujerzuela. Los celos, al volver a tenerse así, habían desaparecido y el placer ocupó el primer plano de ambos corazones.

Puedo ponerme digno y decir

Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos

De un rato me llamas

Y si quieres también

Puedo ser tu trapecio y tu red

Tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío

Tu resaca, tu lunes, tu hastío

o tal vez ese viento

Que te arranca del aburrimiento

y te deja abrazada a una duda

en mitad de la calle y desnuda

Harry, siguió recitándole el tema. Era imposible que otra persona lo escuche, la música estaba tan alta, y ellos, por lo demás, demasiado cerca... El mundo parecía haber desaparecido. Se separaron, quedando cara a cara, derritiéndose con las miradas y comenzaron a acercarse lentamente...

Y si quieres también

Puedo ser tu abogado y tu juez

Tu miedo y tu fe, tu noche y tu día

Tu rencor, tu por que, tu agonía

o tal vez esa sombra,

Que se tumba a tu lado en la alfombra

A la orilla de la chimenea

A esperar que suba la marea.

Con la misma euforia de mis sueños.

Capítulo 7

Me gustas mucho

Mentiras que ganan juicios, labios que sacan de quicio.

-¿Qué haces? - alcanzó a balbucear Ginny, antes de que los labios de Harry se posaran en los de ella y que el mundo desapareciera por completo.

Ginny comenzó a dejarse llevar sin una pregunta más. Correspondió el beso como quizá jamás lo hubiera hecho con otra persona. Sus labios se movían al ritmo de Harry, se estudiaban ese roce sublime que ninguno de los dos había experimentado antes. Fue como si besaran por primera vez, como si la sensación de besar fuera cierta solo después de haber caído rendidos en los labios del otro. Harry había perdido la conciencia, la atrajo hacia sí mismo con una mano en la nuca para intensificar el beso y Ginny introdujo su lengua en la boca de él, creyendo que el corazón explotaría de tanto latir. Ambos sufrían estremecimientos increíbles, ninguno entendía qué rayos pasaba y porqué era una magia estar viviendo ese atardecer... Pero la conciencia de Ginny ganó esa primera batalla y lo separó... Se miraron a los ojos, incapaces de explicarse los motivos de esa tormenta que los invadió inesperadamente.

-Sal de encima.- ordenó ella, con los nervios de punta. Harry salió de inmediato y se puso de pie. Ginny también se levantó.

-Yo... - intentó Harry. Pero ella solo le dirigió una mirada altanera y comenzó a correr hacia la casa- ¡ESPERA, GINNY, DÉJAME...!

Fue en vano. Ella ya había entrado. Harry decidió seguirla. Entró en la casa. Benjamín estaba durmiendo plácidamente sobre el sofá de terciopelo. Harry lo miró y subió las amplias escaleras. Ginny seguramente estaría en su cuarto. Tocó la puerta con los nudillos.

-¡Ginny!- la llamó.- Se que estás ahí y... ¡Diablos! Quiero pedirte disculpas... - Ella no contestaba- ¡Lo siento, se que...!- Harry no tenía muchos argumentos. Se restregó los ojos, realmente preocupado y amargado. Quería morirse. ¡Había besado a Ginny! "¿Qué me pasó?, Creo que enloquecí... ¿Cómo se me ocurre besarla?" - ¡Ginny! Por favor, hablemos quiero pedirte disculpas...

-Estoy aquí.- musitó ella a sus espaldas. Harry se volteó. Estaba apoyada en el marco de la puerta del baño, cuarto que estaba enfrente de la habitación de Ginny. Harry se puso bordó. Ella estaba seria.- Yo...

-¿Tu qué? - espetó ella. Ni siquiera sabía porqué estaba tan enojada. Después de todo había sido el mejor beso de su vida. Tal vez, en el fondo esa misma era la causa de su resentimiento.- No hace falta que te disculpes. ¿Sabes que me molesta? - el negó. - Qué siempre te haces el ubicado y hoy demostraste que eres capaz de tentarte como cualquier hombre...

-¡No!- saltó Harry- ¡No es así, no me he tentado contigo! - Se puso más rojo aún, cuando ella alzó una ceja.- No me mires así, solamente que... ¡Bueno, está bien, me equivoqué! - accedió frustrado. Ginny sonrió pícaramente, pero no dijo nada.- Además... nada, olvídalo.

-¿Además qué? - quiso saber ella. El negó.- ¡Suéltalo!

-Nada, que tu siempre me has provocado, ¡y ahora resulta que yo te tengo que pedir disculpas a ti! - Ginny abrió la boca muy grande, señal de indignación total.

-¡Esto es el colmo! - Exclamó - ¿Tengo la culpa yo de tu arrebato de calentura? - preguntó con acidez.

-¡No fue un arrebato de calentura! - corrigió él. Ginny dio un paso hacia delante y apuntó con el dedo.

-¿Qué fue entonces, Señor Limón Correcto? - le preguntó.

-Pues no sé... Eres una mujer y... - Suspiró y ese gesto hizo que Ginny se estremeciera.- Solamente... quise hacerlo. - Se sinceró Harry quién transpiraba cada vez más. - Se que fue una estupidez, pero...

-Shh. Ya pasó. - lo calló ella, con un dedo en sus labios. La conexión de sus miradas fue más poderosa que un arma nuclear. Ginny lo acarició. Harry tuvo nuevamente un impulso de besarla, pero se contuvo con todas sus fuerzas. La textura de la piel de su rostro podía sentirse aún sin tocarla.- Quiero que... hagamos de cuenta que... no pasó nada.

"Ojala pudiera lograr eso", pensó él.

-Claro. No te preocupes, no volverá a suceder.- prometió Harry, muy a su pesar.

Ginny sonrió y se retiró a la derecha del pasillo.

Dos días después, Harry se levantaba temprano para ir a San Mungo. Se vistió con su traje de sanador, con la cabeza dándole vuelta a mil por hora. Ginny había ido a dormir de Tracy, junto con Benjamín, pero Harry supuso que ya debería estar llegando. Volvería a primera hora, pero con esa pequeña pelirroja nunca se sabía. Era desastrosa con los horarios. De todas maneras, él pensaba que era lo mejor. Después de ese beso robado en el jardín, no había mucho diálogo. Más bien sembró vergüenza entre los jóvenes y se hablaban lo justo y necesario. Harry lidiaba por olvidar todo lo que había sentido con ello; pero era una misión imposible y lo más grave es que era conciente de su deseo que se repitiese. "Ella no siente nada y tú pensando en un estúpido beso- se decía- Parece que tienes quince años. Además, no puedes arriesgar a nadie más, Potter. ¿Cuántas vidas se perdieron ya por tu culpa? No puedo permitirme que Ginny... " Su mente dejó la idea inconclusa. No quería pensar más.

Harry se miró al espejo, intentando en vano acomodarse su rebelde cabello. Decidió ponerle gel y lo tiró para atrás. El brillo del cabello azabache le hacía resaltar sus ojos brillantes.

Bajó con premura las escaleras, cerrando los ojos para ir olvidando los recuerdos que lo invadían la mayor parte del día...

Al llegar a la cocina, se encontró con un espectáculo aparte. Una prueba de fuego para su corazón: Ginny bailaba y canturreaba con Benjamín sentado en su sillita, haciéndole morisquetas, a lo que el bebé reía. Ella también reía a carcajadas. Alzó al bebé y lo balanceaba, divertidísima. Cantaba una canción muy dulce, pero ridiculizándola terriblemente.

-Lo más lindo del mar es cuando por completo, lo cubre la hermosura de tu pelo...- Su voz era desafinada, pero a Harry lo hipnotizó y no tuvo tiempo de defenderse ni de reaccionar para no sentir que Ginny le encantaba. -Lo gracioso del sol, es cuando no ve nada, le encandila los ojos la luz de tu mirada... Lo lindo de la noche y las estrellas, es que tu rostro habita en todas ellas... Lo lindo de mi vida de mi vida es el saber, que la gobierna tu ser... que la gobierna tu ser... - Ginny dio vuelta la cara y entonces lo vio.

-¡Harry!- se asustó y acomodó al bebé en un costado.- ¡Casi me matas de un infarto! ¿Qué haces parado ahí como una estatua?

-Aaaaaa... - balbuceó Benjamín, estirando los brazos a Harry.

-Lo siento mucho. - se disculpó él. -¡Hola campeón! - Lo besó en la frente y se sentó. Ginny sonrió un poco embobada.- Solo venía a desayunar... No creí que volvieras tan temprano de lo de Tracy...

-Eh... Si, ella también debía trabajar. - Explicó Ginny, perdida - Consiguió un buen empleo en el ministerio. No gana demasiado, pero creo que podrá subir de puesto...

-Qué bueno.- solo dijo Harry.- ¿Qué harás hoy?

-Ordenaré tus papeles, me quedan doscientas pilas. ¿Es necesario que tengas tantos pacientes? Y encima la mayoría son mujeres... - Harry sonrió. ¿Estaba celosa?

-No te quejes, es lo único que tienes que hacer...- contestó. De repente la idea de pensar que ella pudiera ponerse posesiva con él, lo ilusionó como a un nene.

-No me quejo. - dijo ella cortante. - Pero no es lo único, también tengo que cuidar a Benjamín. ¿Cierto, cielo? - le dijo al niño.

-A mi me espera una larga lista de pacientes hoy.- comentó Harry.- Será mejor que me apure sino quiero llegar tarde.

-Está bien. Nos vemos luego. - Sonó el timbre.- ¿Quién será a esta hora?- se lamentó la pelirroja.

-Deja, yo voy.- dijo Harry.- Tal vez sea Hermione, yo aprovecho para ir saliendo a San Mungo...

Abrió la puerta.

La persona que menos esperaba estaba plantada allí. Los mechones rubios se mecían sobre la cara pálida y autosuficiente de Draco Malfoy. El sonrió con petulancia al ver el turbado rostro de desilusión de Harry. Éste no pudo evitar recordar el daño que le había hecho a Ginny y la aversión acudió en su ayuda, para dedicarle la peor de las miradas.

-Potter.- se atrevió a saludar Malfoy.

-¿Qué haces aquí? - le dijo Harry con muy poca amabilidad.

-Supongo que te imaginas que vengo a buscar a Ginny... - contestó su interlocutor.

-¡Harry! - llamó Ginny caminando hacia la puerta de la casa.- ¿Quién tocaba el tim...? - vio a Malfoy y se estremeció visiblemente. Eso generó unos celos insoportables en Harry. Ginny sostenía Benjamín, quién jugueteaba con su aro intentado llevarlo a su boca.- ¿A qué viniste?

Draco estaba sorprendido de ver a Ginny con un bebé. Se le cruzó la idea desagradable para su gusto que Ginny estaba manteniendo una relación con el imbécil de Harry Potter.

-¿Qué significa este niño y que estés viviendo con este amargado?- preguntó secamente, cruzándose de brazos.

-Me gustaría que te vayas de mi casa.- espetó Harry.- No tienes nada que hacer aquí.

-No vine a verte a ti, idiota. Quiero hablar con Ginny y ni tú ni nadie me impedirá hacerlo.

-¡A MI NO ME HABLAS DE ESE MODO!- Gritó Harry, perdiendo la calma. Ginny abrió los ojos, muy sorprendida. Harry estaba cambiado, el no solía reaccionar así ni mucho menos levantar la voz y perder la calma.

-Por favor, Harry.- imploró nerviosa.- Ve a San Mungo, yo me encargo del Señor Malfoy.- terminó irónica.

-No creas que voy a dejarte sola con este energúmeno.- se ofuscó Harry. - Y mucho menos en mi casa.

-En serio, no te preocupes.- intentó convencerlo ella.

-¡Cuanta dulzura!- intervino Malfoy con tono de burla.- ¿Son pareja o qué? - Rió, pero se notaba que estaba demasiado celoso.- ¡Es lo más patético que vi en mi vida!

-Cállate, idiota.- lo frenó Ginny, antes que Harry hablara.- Harry, déjame sola con él. ¿Si? Te prometo que estará todo bien.

-Si, Potter, vete. No tienes nada que ver con esto.- dijo Malfoy ácidamente. Harry lo miró fijamente y tomó su maletín; al pasar por su lado le murmuró de forma que Ginny no escuchara: "mucho cuidado".

Harry sin embargo, no pensaba irse. No pudo resistir la tentación de quedarse detrás de la puerta escuchando. Y si se fueran adentro, tenía pensado aparecerse en la parte de arriba para no perderse una sola palabra.

Ginny y Malfoy quedaron sólos, mirándose.

-Te escucho - habló la pelirroja con voz neutral.

-Quiero que volvamos. - contestó Malfoy con simplicidad. Ginny acomodó a Benjamín y se aferró para darse fuerzas.- ¿De dónde salió ese niño? Porque no dan las cuentas para que sea nuestro hijo... - rió.

-Eso no te importa.- espetó Ginny.- Yo no quiero saber más nada contigo.

-Se que te he lastimado... - empezó Draco.

-¿Lastimarme? ¿A mí? ¡Já!- mintió Ginny, orgullosa. - No me has hecho ningún daño, Draco. Solamente no quiero saber más nada contigo.

Harry festejó detrás de la puerta.

-No te creo... - Malfoy dio un paso adelante.

-No te acerques, te lo digo en serio.- lo frenó Ginny.

-¿Me tienes miedo? - sonrió Malfoy, seductoramente.

-No, me produces un tremendo asco.- lo cortó Ginny, quitándole la sonrisa de la boca.- No quiero verte nunca más. Y esto es definitivo.

-Estás mintiendo.- murmuró Draco.- Tu me deseas igual que antes... lo sé, puedo sentirlo en tu piel...

-No... - negó Ginny. Pero Malfoy tenía un olor irresistible que la atontaba. Él acercó su boca a la de ella. Se sintió turbada y confundida. Draco la besó y ella se dejó besar. Necesitaba saber qué sentía.

El silencio produjo un vacío impensado en Harry. La curiosidad se apoderó de él y espió por la ventana, incapaz de contenerse. Entonces los vio besándose y huyó de allí.

-Basta.- lo frenó Ginny.- Basta, no quiero que vuelvas a hacer eso nunca más.

-¡No pusiste mucha resistencia! - le espetó Draco, enojado por su rechazo.

-No. Y si quieres saber el porqué, simplemente necesitaba confirmar algo...

-¿Qué cosa?

-Que ya no me mueves un pelo.- le contestó Ginny con una sonrisa.- Y en efecto, no me mueves un pelo... ¡no sabes la alegría que eso me da!

-Eso es mentira. Siempre has estado enamorada de mí. - dijo Malfoy con seguridad.

-¿Quién te crees que eres?- rió Ginny.- Será mejor que te vayas, me aburriste. Ah, una cosa, no vuelvas a esta casa, ¿queda claro?

-Sabes que soy perseverante y no me resignaré a ti. - dijo Malfoy.- Pagarás muy caro tus desplantes, chiquita.

-¡No sabes el miedo que tengo, estúpido!- Ginny largó una carcajada.- ¡Vete de una vez, tengo cosas que hacer! ¡Vamos, vamos!

Draco se fue dando un portazo. Ginny lo vio desaparecer y tras cerciorarse de que ya no estaba, dos lágrimas silenciosas recorrieron su rostro.

Manejaba a toda velocidad por el camino que lo conducía a San Mungo. En el fondo no quería ir a ningún lado, sentía que quería dejar de pertenecer a la realidad que estaba viviendo. Los celos siguieron apretando el acelerador. A pesar de su estructurada personalidad, casi logra pasarse dos semáforos en rojo. Nunca se había sentido así y estaba asustado. Harry comprendió que ver a Ginny besando a otro, borrando su propia marca desde aquel inolvidable atardecer donde en un arrebato de locura se apoderó de sus labios, lo aterraba, disminuía la alegría, le hacía daño. ¿Por qué me afecta tanto? ¿Qué me pasa con Ginny?, se preguntó sin atreverse a contestar. Giró a la derecha y cambió su rumbo: necesitaba hablar con alguien.

La Madriguera era un lugar cálido, aunque remitiera a esa persona de la cual se quería escapar. Se acercó a la puerta rogando que Ron no se haya ido Sortilegios Weasley. Tuvo suerte, porque él mismo contestó.

-¡Harry!- se sorprendió su amigo, con una taza de café en la mano- ¡Me agarraste justo, me estaba por ir a...!- se interrumpió al ver el rostro de Harry. Miró la hora- Es completamente anormal ver que estás faltando a tus pacientes. ¿Ocurre algo? - Harry suspiró.- Ni hace falta que contestes, pasa. Hermione ha salido, podremos hablar tranquilos...

Harry se arrojó en el sofá que tanto conocía. Mas allá de no haber dicho una palabra, Ron comprendía que las cosas no estaban bien y ese silencio era lo que necesitaba, que alguien lo entendiera sin preguntar nada.

-¿Ginny?- se animó a decir Ron, viendo que su amigo estaba estudiando con la mirada la chimenea apagada.- ¿Ocurrió algo con ella? ¿Cómo está el bebé?

-Bien.- dijo Harry, tristemente- Están los dos bien.

-¿Entonces qué rayos te ocurre?- se exasperó Ron.- Tienes una cara de velorio terrible.

-Malfoy fue a buscar a tu hermana. - explicó Harry. - Estoy preocupado.

-¿Malfoy? - Dijo Ron con resentimiento- ¿Qué quiere ahora?

-Seguramente, volver con ella.- dijo Harry. A Ron le pareció que estaba muy bien informado.- ¿Qué pasa, por qué me miras así?

-Estás raro.- dijo Ron, parpadeando.- Hace un mes que estás raro.

-¿Qué tengo que ver yo? Creí que hablábamos de Malfoy y de Ginny. -desvió Harry, enseguida.

-Mira, si Malfoy quiere volver con Ginny está en ella decirle que no. Si se vuelve a equivocar, aprenderá nuevamente.- dijo resueltamente Ron.

-Veo que ya no eres el hermano guardabosques de Hogwarts.- repuso Harry, algo decepcionado porque esperaba que su amigo lo ayudase a... ¿a qué?, no lo tenía en claro.

-Es necesario que se rompa la cabeza de nuevo, si es que así cae a la realidad de quién es Draco Malfoy. - Opinó Ron.

-¿Tu sabes qué le hizo, exactamente?- quiso saber Harry, sin contenerse a preguntar. Ron lo miró fijo.

-No. - Contestó Ron con sequedad.- Ni prefiero saberlo. Oye, ¿has pensado en lo que hablamos en tu oficina?- Harry frunció las cejas, no entendiendo a qué se refería.

-Hablo de atender a Hermione en el parto.- aclaró su amigo.

-Sabes que...- empezó Harry.

-Veo que ya tienes la respuesta.- dijo Ron ofendido.

-No te enojes...- se disculpó Harry. - Yo no quiero que...

-¡Tú no te atreves a ser el de siempre, porque insistes en culparte de algo que eres completamente inimputable! De lo contrario, estarías preso.- escupió Ron, cansado de su actitud.

-No quiero tocar el tema, Ron.- se levantó.- Será mejor que me vaya a trabajar, fue una estupidez venir a molestarte a estas horas de la mañana...

Ron se quedó pensativo y de repente cayó en la conclusión que sería en vano insistir. Hermione sería atendida por el sanador Potter y cuando llegue el momento del parto, estaba seguro que se encargaría de eso.

-Espera, Harry.- lo frenó Ron, saliendo de sus cavilaciones.- Siéntate, porque no he terminado.- Harry le hizo caso, tras un suspiro de cansancio.- ¿Quieres que te diga la verdad?

-Ya me has dicho tu opinión acerca de Dal...

-No hablo de Dalma, - lo cortó Ron.- sino de Ginny. - Harry se puso tenso.- ¿Estás celoso o me parece a mí? - rió.

-¿Qué yo qué?

-Lo que escuchaste. ¡No te hagas el tonto conmigo!

-Me voy.- lo atajó Harry sin atreverse a mirarlo a los ojos.- Estás desvariando. Hasta luego.

Se fue, dejando a un Ron sonriente. El pelirrojo se dio cuenta de que algo no andaba del todo normal.

Ginny le cambiaba los pañales a Benjamín, intentando contener las lágrimas. La visita de Draco la había desestabilizado emocionalmente, la había hecho volver atrás, a ese pasado que tanto luchó por olvidar. Aún no entendía cómo le daba la cara para reclamarle cosas, después de lo que le había hecho. Sacó un poco de talco y le puso en la colita del bebé, quién se entretenía baboseando un cepillo de goma. Tomó un pañal de su cómoda y levantó las piernas para colocárselo.

Ginny, escarbando en su interior, descubrió para su sorpresa que a pesar del mal momento lo vivido con Draco no la afectaba como antes. No le hacía el daño irreparable que en el pasado tanto la había afectado. Incluso llegó a pensar que ya no sentía lo mismo por él. ¿Qué rayos estaba ocurriendo? Algo dentro de ella estaba cambiando, pero no sabía a qué se debía o mejor dicho a quién... ¡Eso lo sabes muy bien! Habló la voz de su conciencia. Pero el timbre interrumpió de nuevo sus cavilaciones. Por suerte Benjamín ya estaba listo para tomar la mamadera de la tarde. Lo alzó y bajó las escaleras, esperando que no sea el dueño de casa.

-¿Quién es? - inquirió dudosa.

-¡Soy yo Gin! - musitó la voz de Hermione. - ¡Vine a tomar cervezas! - rió.

Ginny sonrió y abrió la puerta.

-Hola.- le dio un beso en la mejilla y luego observó su vientre.- Creo que no deberías tomar cervezas...

-¡Lo sé, tonta!- replicó Hermione.- Solo bromeaba. ¡Hola hermoso!- saludó al bebé, quién sonrió simpáticamente- ¡Permiso!- se metió en la casa y cerró la puerta tras de sí. Ginny la siguió.- Siempre coincidí con el gusto de Harry para la decoración... - se sentó en una de las banquetas.

-¿Quieres tomar algo?- invitó Ginny acomodando a Benjamín en su sillita.

-¡Claro que sí! Tengo hambre.- respondió Hermione.

-No es raro.- dijo Ginny riendo.

-¡Más respeto!- dijo Hermione con el dedo índice levantado.- Supongo que tengo la justificación de estar embarazada...

-Puede ser... ¿qué te parece un té con tostadas? - propuso Ginny.

-Estará bien, para merendar.- aceptó su cuñada.

Ginny se puso la pava, la cual con un golpecito de la varita hirvió en cuestión de segundos. Sacó dos tazas amarillas y le puso dos saquitos de té. Hermione solamente la miraba y Benjamín jugaba con dos sonajeros.

-¿Cómo estás?- preguntó y Ginny supo que no era una pregunta al pasar. No supo qué contestar por lo que sólo dijo:

-Bien.

-Vamos Ginny, a mi no me metes el verso como lo haces con Tracy y Tiffany.- recordó Hermione con absoluta sinceridad.

-Ojo con lo que dices de ellas.- Ginny le alcanzó el té y ubicó un plato de tostadas en el centro de la mesa. - Recuerda que son mis amigas.

-No lo olvido. - Repuso Hermione.- Pero te pido por favor que a mi no me mientas. Ya sé que Draco estuvo aquí esta mañana.

Ginny enarcó las cejas.

-¡Cómo corren las noticias por Inglaterra! - dijo sarcásticamente- ¡Se ve que cabeza rajada no sabe cerrar su boca!

-No le eches la culpa a Harry. Está preocupado por ti. Y también yo.

-Hermione, me se defender sola. No hace falta que me traten como una niña- espetó Ginny.- Qué tome cervezas de vez en cuando, no significa...

-¿No entiendes que no quiero que te vuelva a lastimar?- dijo Hermione.- Se que ese desgraciado te persuadió para acostarse contigo durante meses y luego...

-¡No hables! ¡No quiero escucharte!- se encendió Ginny.- Te pido por favor que no me recuerdes cuán estúpida fui. ¡No hace falta!

-Lo hago por tu bien. Se que te sentiste usada y...

-Es un problema mío. Y no me siento usada.- espetó Ginny, comenzando a enojarse.- Por favor, no quiero discutir contigo... demasiado tendré que aguantar a Potter cuando regrese...

-¿Volverás con Draco?

-No. Por supuesto que no. ¿Contenta?

-No, hasta que no vea que lo hayas superado.- dijo Hermione- Pero igual te veo mucho mejor desde que vives con Harry. Y esta hermosura también ha colaborado en eso...- miró con dulzura a Benjamín y le dio una tostada.- ¿Qué opinas tú?

-Que necesitas acostarte con Ron.- sonrió Ginny.

-¿Más todavía? - se asustó Hermione.-

-¡Qué asco!- dijo Ginny riendo.

-Tú sacaste el tema... de todas maneras creo que a ti te pasa algo más... digo, no te veo realmente angustiada por lo de Draco...

-No lo estoy y eso me hace feliz.- contestó Ginny, sorbiendo té.

-¿Y a qué se debe este estado de superación personal? - Ginny enseguida supo que quería llegar a Harry.

-No empieces.- la frenó.

-No esquives.- siguió Hermione mordiendo la décima cuarta tostada con manteca.- ¿Te gusta Harry?

-¿Por qué todos me preguntan eso? - se ofuscó Ginny levantándose.

-Por algo será.

-No me pasa nada con Harry. Así que no vuelvas a tocar ese tema.- dijo Ginny mirándola a los ojos.

-No te enojes. Igual a mí no me haces el verso. Yo se muy bien quién eres y cómo les mientes a todos.

-¿Qué yo miento?

-Sí, tu. - dijo Hermione con seguridad y se levantó al mismo tiempo.- ¿O piensas que me creo la Ginny feliz que vives inventando, la que se acuesta con todos? Tú sabes que eso es mentira. Solamente actúas y así nunca podrás ser feliz.

Ginny rió.

-Te estás poniendo pesada... ¿ya te vas?- dijo secamente.- En serio, cuando estés así no vengas, porque no te aguanto...

-Ojala nadie más que yo lo note... aunque hoy por hoy, lo dudo. Y sí, debo irme a ver a Ron.- sonrió.

Ginny la acompañó a la puerta. Al quedarse sola nuevamente, supo que su cuñada tenía razón.

Harry llegó horas más tarde de las que normalmente arribaba en su hogar. Había caminado durante horas, mediando la pelea de su corazón y su cabeza que se contradecían terriblemente y ya no aguantaba a ninguno de los dos. Lo estaban volviendo loco. La conclusión que sacó fue horrible, nunca se la hubiera esperado. Era una pesadilla, absolutamente todo lo que estaba sintiendo. Recordaba más de seis veces por día el beso que Ginny le había dado en el jardín, soñaba con el olor de su piel, se estaba volviendo loco, quería abrazarla. Esa mujer era a sus ojos, cada día más hermosa y significaba un peligro que él no se quería atrever a cometer: hacía funcionar a su corazón como hace tiempo no arrancaba.

Estacionó en su garage y al sacar la llave, se tomó las cienes. Estaba llegando tarde, y tenía llamadas perdidas de Ginny en su celular. No se había atrevido a atenderla. El silencio dejó a relucir las cosas que durante la mayor parte del día se empeñaba en esquivar. "Ginny, y su pelo. Ginny y sus ojos. Ginny y el beso de Ginny. Ginny y su cintura... Maldita Ginny." ¿Por qué sentó tanto odio cuando Draco Malfoy se presentó en su casa? "Porque estás celoso..."

Se bajó del auto. Tenía que olvidarla a como de lugar. Ginny no era para él, nunca iba a corresponderlo, era un desastre personificado... "¿Por qué estoy pensando en ella y en mí juntos?" , se preguntó angustiado. "Quizá sea el momento de conocer a otra mujer para evitar esto..."

Al abrir la puerta, la idea del olvido se desvaneció por completo.

Ginny dormía en el sofá. Benjamín estaba en su moisés, a su lado, también durmiendo. Todo daba a entender, que lo había esperado despierta. Harry se acercó a ella y le corrió el pelo de la cara. Las pecas estaban más relucientes que nunca. Harry se acordó de repente una de las verdades que le había dicho un amigo, hace un tiempo atrás: "lo que sientes por ella se devela cuando la ves dormir"

El corazón se aceleró sin control. La acarició sin pensar en lo que estaba haciendo, sin dilucidar que sus estremecimientos daban mensajes claros, decodificados del exacto significado de esa mujer en su ser.

Verla así, tan inocente, tan intacta, tan callada - la idea lo hizo sonreír embobado-. Ginny era hermosa. Nunca lo había notado antes, que las facciones eran adictivas. ¡Y como besaba! Harry se mordió el labio deseoso. Esa mujer lo envolvía, con una fuerza increíble...

-¿Qué me está pasando contigo...? - le susurró despacio.- Me estás volviendo loco, pequeña. Aunque tú no lo sepas, no puedo explicar la manera en que... - respiró hondo.- Me arrastras en tu locura, ¿entiendes? Y lo peor es que me gusta... me gusta besarte... besarte así... con la misma euforia de mis sueños...- acercó su boca hasta estar a centímetros.- Me gustas mucho...

Ginny despertó.

Con la misma euforia de mis sueños

Capitulo 6

Acércate

Creo que aumenté más de tres kilos, con tus tantos dulces besos repartidos.

En la puerta, Ginny estaba arrodillada frente a...

-No lo puedo creer.- alcanzó a decir.

Era una canasta de mimbre, bastante particular. Era grande y a ambos le llamó la atención su ostentoso tamaño. Pero no solamente eso; lo curioso de ella era que algo se movía dentro; Ginny se tapó la boca al parecer para impedir un grito. En su interior, ambos calcularon que no habría tenido más de seis meses de vida; yacía adentro jugueteando con sus finas sábanas. Harry tragó intentando salir de la sorpresa. ¿Quién carajo podría haber hecho semejante...?

-¡No lo puedo creer! ¡Mira nada más su carita! - decía Ginny emocionada, quién dio un paso decidido hacia la canasta.

-¿Qué diablos?- Harry miró alrededor como intentando buscar el responsable del niño.- ¿Quién ha dejado esto aquí?

-No tengo ni la más p... - Se ahorró la blasfemia- , ni la más mínima idea.- terminó agachándose.- ¡Qué hermoso es!- le tomó una manito.- ¡Es muy pequeño!

-¿Hermoso?- Harry también se puso en cuclillas al lado de ella.- ¡Tiene que haber un responsable! - repitió preocupado.

-Quizá, este pequeño tenga algo por aquí que nos ayude a saldar nuestras dudas.- improvisó Ginny a una científica sofisticada. Harry bufó. Ginny comenzó a buscar entre las sábanas, pero no encontró nada, ni una carta, ni un mísero papel, ni el más pequeño de los pretextos. El bebé los miraba curioso a ambos, parpadeaba y movía sus manitos recurrentemente, jugando con sus sábanas.

-Esto es el colmo.- explotó Harry.- ¡Lo único que me faltaba!- se llevó las manos a la cabeza.

-¿Qué dices?- inquirió Ginny, algo desconcertada.

-¿Estás bromeando? ¡Me refiero a este bebé que dejaron en la puerta de mi casa, por supuesto!- dijo Harry, muy sarcástico como para que a Ginny le guste su tono.- ¿Qué haremos con él?- Ella alzó las cejas, mueca bastante peligrosa.- ¿Qué me miras así?

-¡No sé, piénsalo tú!- dijo espantada, alzando la canasta.

-¡Lárgalo, no me gusta esa miradita!- siguió él, con las manos en la cintura y escrutándola con poca paciencia.

-No puedo creer que estés hablando del bebé como si fuera un paquete.- dijo Ginny, indignada- Yo seré un desastre que ni siquiera puedo hacerme cargo de mí misma, pero no hablaría de un persona como una carga...

-¡Ahora intentas parecer responsable!- Rió Harry. Ginny no se quedó atrás y le hizo una mueca grosera, levantando el dedo mayor de su mano. -Gin... ¿qué dices? Este bebé no es mío y lo único que intento es...

-¡¿Y qué sabes si no es tuyo?! - lo contradijo Ginny - Quizá, estuviste con una mujer y ahora ella pretende que lo cuides... - Fue hipótesis aterradora en opinión de Harry.

-Para tu información, no me estoy acostando con cualquier mujer y...

-Es evidente... - bombardeó ella con acidez. El alzó las cejas, visiblemente ofendido.

-¡Eres de lo peor! ¡Deberías recordar que no todos son como tú! - replicó él, enojado y algo colorado. - Estás completamente loca. Te aclaro que no he estado con ninguna mujer, porque no me interesa. - dijo Harry.

-¡Se nota! -Repitió ella.- Por eso no eres más que un amargado... - retrucó Ginny.

-Y tú una rebelde que hace lo quiere...

-¡Cállate idiota!- se enojó Ginny, bajando la canasta.- Prefiero ser rebelde a un infeliz... - Harry dio un paso adelante.

-¿Qué sabes tú de la felicidad? En mi opinión, solamente entiendes cómo fingirla... ¡Nunca has sido feliz!- A Ginny se le empañaron los ojos con esas palabras.

-¡Y tu tampoco! - Cachetazo terrible para Harry- Estoy harta de que me eches en cara que estoy viviendo en tu casa... ¿crees que para mi es hermoso?

-¡Nadie hablaba de eso! ... - Ella bajó la mirada - Ginny, espera no quise...

Pero Harry no continuó. Un llanto muy tierno lo interrumpió desde la canasta. Ambos miraron para abajo y contemplaron al bebé. Tenía ojos azules y el pelo casi blanco. Parecía un muñeco muggle de colección. Ginny fue la primera en reaccionar, para tomarlo en sus brazos. Comenzó a acunarlo, ignorando a Harry.

Y allí fue, ante la imagen de ella con el niño, meciéndolo tan dulcemente, cuando Harry la miró diferente por primera vez. Le ocurrió algo parecido al primer día de convivencia, cuando Ginny lo había empujado en la piscina. Era algo inexplicable que lo ataba a esa imagen. Ginny levantó la mirada...

-¿Qué me miras? - Espetó.- No voy a dejarlo tirado, aunque para ti sea una carga.

-Será mejor que entremos, Ginny.- dijo él, con un raro tono de voz. - Debemos hablar en mejores condiciones... ¿no te parece?

Ginny lo miró raro. Luego de una altanera mirada, se fue directo a la casa, esperando que él la siguiese.

00

Hermione iba y venía, denotando un nerviosismo mortal. Miraba cada cinco segundos el teléfono muggle que habían instalado en La Madriguera, gracias a los caprichos de Arthur. "Seguramente no salió nada bien, ya deberían haber llamado", pensaba ella.

-Mujer, le vas a hacer un surco al suelo si sigues caminado - se quejó su novio.- ¿Puedes calmarte?

-Sabes que no. - Repuso ella, rascándose la cabeza.- ¡Esto es grave, Ronald!

-Aflójale con la culpa, ¿si, amor? Tampoco hicimos algo más que justicia.

-¿Justicia? - repitió ella, sin entender. Ron asintió, pero ella negó.- ¡No, de ninguna manera! ¿Habremos hecho bien?

-Si, amor. Hemos repartido un poco el caudal de bebés que llegan a este mundo.- dijo Ron muy tranquilo. - No podemos quedarnos con todos, ¿comprendes?

-¡Pero se lo dimos a nuestros amigos!- razonó Hermione aterrada.

-¡Nosotros ya esperamos uno, cielo!- recordó Ron, algo colorado.- Es imposible que tengamos dos... y lo hicimos con Harry y con Ginny porque sabremos que estará bien y estaremos informados de su estado... ¡No fue un acto de insensibilidad! - Hermione torció los ojos.

-¡Pero lo dejaron en nuestra puerta! ¡Y ellos no son una pareja, será un caos! -dijo- Me siento mal, soy conciente de la cantidad de problemas que esto le traerá a Harry. ¡Pobrecito! Ya demasiado tiene con tu hermana, ¿no?- Ron bajó la mirada.

-El podrá hacerlo.- dijo para nada convencido.- ¡Es el Elegido, carajo!- Rió descaradamente.- Venció a Voldemort, ¿recuerdas?

-Eso no tiene nada que ver... - contradijo ella, acariciando su vientre.

-Si, para mi tiene mucho que ver porque Harry es invencible... - sonrió con exageración.

-No hace milagros, Ron- le espetó su novia. Luego rió también estruendosamente. - Bueno si, es que es muy gracioso... ¡Imagínatelo cuidando al bebé y lidiando con las locuras de Gin...!

-Quisiera verlo en este momento...

-Mañana tendremos noticias de ellos...- dijo Hermione.- ¿Estás seguro que no te vio nadie dejando la canasta?

-No, quédate tranquila.- dijo Ron.- Por suerte he mejorado mis tácticas y le pedí la capa invisible a Harry.

-Buenísimo amor.- Hermione lo besó.

Sabía que si sus amigos se enteraban de la verdad, querrían matarlos, pero tampoco habían tenido muchas opciones. A Harry le esperaba más de un problema. Hermione sentía que estaba traicionando a sus amigos, pero tal como Ron había dicho, no podían haber hecho otra cosa sin sentirse peor... Sonó el teléfono. Ron se sobresaltó.

-¡Atiende tú, amor! - pidió comenzando a lavarse las manos.

-¡Siempre tienes buenas ideas para salir parado, Weasley! - le espetó ella. - Ahora seguramente, tendré que ser yo quien enfrente... ¡Hola! - Atendió abruptamente sin terminar la frase.- ¿Eres tú Harry?

-¿Hermione?- dijo una voz de mujer.

-¿Molly?- intentó Hermione

-Soy yo, querida. ¿Cómo están, tanto tiempo?- dijo una emocionada señora Weasley.

-Bien, muy bien. Con Ron nos sentimos muy a gusto en la Madriguera porque... ¿Qué? ¡No! ¿Cómo se le ocurre? ¡No seríamos tan atrevidos como para usar su cama! - Ron gesticuló la palabra "EMBUSTERA", sin usar la voz. Hermione sonrió y le hizo un ademán para que no la haga reír.- ¿Cómo le está yendo a Arthur en el trabajo?

-Muy bien, querida. Está enloquecido de alegría, ahora que le permiten hechizar las porquerías de los muggles... Ya sabes, las leyes de Egipto no son tan flexibles... -Contestó Molly.

-Por supuesto, he leído todo sobre las locuras de los egipcios y sus extrañas leyes mágicas. Hasta el día de hoy Ron parece acordarse de la anécdota cuando los gemelos encerraron a Percy en una pirámide...

-No es gracioso, querida. - La reprendió levemente su suegra- Juntarte con esos dos puede ser perjudicial, recuérdalo.- la previno Molly- En serio, te agradezco que no hayan utilizado la cama. es algo bastante privado y a Arthur no le gustaría...

-No se preocupe, yo no me atrevería a... bueno usted sabe.- rió - ¿Su hijo Ron? ¡Sí, aún sigo aguantándolo, a pesar de sus idioteces cotidianas! -Rieron- En realidad, creo que todavía está shockeado con la idea de ser padre... pero supongo que con el tiempo se acostumbrará. Su empleo le está sentando bien, las escobas siempre fueron su perdición así que está bastante satisfecho...

-¡Me alegro tanto! ¡Por favor no descuides la panza! Es primordial en las madres primerizas que te alimentes sanamente. Si tienes alguna duda, puedes preguntarle a Harry. Él sabrá cómo ayudarte.

-Sí, quiero que sea mi sanador y que traiga nuestro primer hijo al mundo. Pero me temo que no se sabe su respuesta, porque él tiene miedo que pase algo.

-A la larga aceptará... - calmó Molly.- Hablando de Harry... ¿Cómo está Ginny? ¿Se está llevando bien con el hermoso Elegido? - Carcajadas. Ron disimuladamente.

Claro que sí! Aunque al principio tuvieron sus diferencias, como verá... Y tengo la noticia que Ginny no trabaja más en ese bar muggle, que a usted tanto le disgustaba.

-¡No te imaginas la noticia que me das! - Se emocionó Molly, pero luego volvió a escucharse su voz preocupada.- ¿Qué está haciendo ahora, mi desviada hija?

-Le ordena el papelerío a Harry, nada del otro mundo. A él le viene muy bien esa labor de su parte ya que nunca tiene tiempo de ordenar los papeles de San Mungo... - Hubo una interferencia- ¿Molly, está usted allí? - Nadie contestó.- ¿Molly?

-Querida..., escucha, debo cortar... ¿está Ron por ahí? Porque quiero... - Ron hizo una seña negativa, para que no le diga que está ahí.

-No, él se fue a... - Pero Hermione no dijo nada más, porque la comunicación se cortó.- ¡Eres de lo peor! - le dijo a su novio, pero sin enojarse.

-Disculpa, no tengo ganas de aguantarla amor. Se pone pesada dándome lecciones de buen esposo.

-Mal no te vendrían- apuntó la castaña.

-¡Ojo con lo que dices! O...

-¿O qué?- dijo ella, muy coqueta.

-Tendrás que atenerte... - la abrazó por detrás.- ... a las terribles consecuencias de desafiarme... - comenzó a besarle el cuello fogosamente.

00

Harry y Ginny entraron en silencio a la casa. Ginny apoyó el bebé en la mesada. Lloraba, gritaba y pataleaba. Decidió, como instinto femenino alzarlo y acunarlo. Él, al verla de esa manera se le revolvió todo adentro. Las sensaciones lideraron esa visión confusa, y se parecían demasiado a los momentos donde habían estado juntos en la piscina. Y por primera vez, una pregunta, interrogante que jamás creyó que se realizaría a sí mismo en pleno uso de sus facultades mentales, se le cruzó por la mente... "¿Me gusta Ginny?

-¿Quieres quitar esa cara de idiota y venir ayudarme?- le dijo ella, fastidiada.- Supongo que siendo sanador sabrás como hacer para que se calme...

Harry parpadeó, y mentalmente tachó la maldita pregunta de sus asignaturas pendientes. Decidió no contestársela.

-Debe tener hambre.- dijo con la voz neutral.- Prepararé algo de leche muggle, que viene con vitaminas justas para los bebés en crecimiento...

-Hazlo rápido, Harry- Rogó Ginny, mientras seguía dándole palmaditas en la espalda.- No soporto verlo sufrir...

-Los bebés no sufren, es su forma de alertar a las madres cuando necesitan algo.- dijo él, apuntando a una pequeña hoya para que se calentara la leche. Luego tomó su maletin y sacó una pequeña mamadera.

-¿Cómo es posible que tengas una...?

-Soy Sanador.- sólo dijo él.- Tengo por si hay alguna emergencia, o por si alguna madre necesita. La llenó hasta el tope; probó un poco en el dorso de la mano, justo donde tenía las cicatrices "no debo decir mentiras" que Umbridge le había dejado en su quinto año. Se miraron con nostalgia. El probó la leche.- Está bien... toma...

-¿Qué? - se asustó ella.- No sé hacerlo, ¿te volviste loco?

-Hazlo, será necesario que aprendas.- Ella abrió los ojos.- Algún día, tendrás tus propios hijos, ¿verdad?

-No creo.- Harry bufó.

-Siéntate.- Ella le hizo caso, recostando al bebé en su falda.- Ahora acuéstalo y haz que te mire a ti. No le quites la mirada de encima, así te toma confianza...

-¡No es un hipogrifo! -rió ella. El también sonrió.

-Tonta. ¡Dásela, que tiene mucho hambre!- Ginny apunto la tetina de la mamadera hacia la boquita de aquel bebé desconocido y abandonado. Fue un efecto estremecedor. Ambos se quedaron hipnotizados, con los ojos fijos e incrédulos en el inocente rostro del bebé.

-Es hermoso... - comentó Ginny. El la miró a los ojos; ella también lo hizo.- Digo... ¿quién pudo abandonarlo así, sin una explicación?

-No lo sé, Ginny.-contestó Harry, tras un largo suspiro.- ¿Qué vamos a hacer?

-No lo sé. Soy conciente que no nos podemos hacer cargo... pero... míralo, es tan pequeño...- Harry se mordió el labio inferior, pero no era por la ternura que le inspiraba el bebé. Ginny se parecía mucho a la Ginny que él había conocido, a la Ginny antes de tratar con Draco Malfoy.- ¿En qué piensas?

-Muchas cosas.- contestó él abruptamente, en el afán de no ser descubierto.- Me parece que podemos tomarnos unos días para pensar qué hacer con el bebé... por ahora, dormirá aquí esta noche... Después decidiremos, hablaremos con Ron y Hermione a ver que piensan... ¿qué opinas?

-Si, no nos queda otra alternativa. - coincidió Ginny.- Déjame decirte que mi hermano nos ayudará, pero creo que su primera reacción será reírse de nuestra suerte. - Harry asintió resignado a la actitud que obtendría de su mejor amigo. -Por otra parte, yo no puedo...-tosió nerviosamente -... yo no puedo dormir con él sola, Harry, no entiendo cómo cuidar a este muñeco... ¡Mira si me confundo y le doy cerveza muggle! - rió cautelosamente, porque ya se estaba quedando dormido. - ¡Oh mira, se está durmiendo! ¡Qué hermoso! Cuando sea grande va a tener a todas las mujeres a sus pies... ¿no crees?- Harry sonrió.

-Es muy probable. - opinó.- Entonces... ¿cómo haremos para dormir?

-¡Tengo una idea!- se entusiasmó ella, siempre tan versátil. Harry ya se iba asustando. - No seas cobarde y escúchame...

-Disculpa si las ideas propuestas o mejor dicho la mayoría de tus ideas que no son propuestas, porque las llevas a cabo sin proponérmelas, no son dignas de confianza. - dijo Harry rápidamente.

-Qué frase más larga y ridícula. -Categorizó Ginny, sonriendo.- Pero bueno, yo decía de poner el moisés del niño en tu cama y que dormamos los dos ahí...

-No... - empezó enseguida Harry.

-¡Te prometo que no haré mis jueguitos! - se comprometió Ginny, con una seriedad quizá inimaginable para su ahora irresponsable personalidad.- ¡No te sorprendas así, Harrix! En serio, tengo algunos límites... y adelante los menores, nunca...

En ese preciso momento, a Harry se le vino una idea a la cabeza que prefirió guardarse. Fue así que dijo...

-Te creo Ginnix... digo, ¡Ginny! - negó enojado consigo mismo. Ginny sonrió de oreja a oreja.- Hagamos lo que dijiste, pero cuida de no despertarlo...

Los dos se ruborizaron. El acercamiento evidente entre ellos que provocaba la llegada de ese pequeño ser, se sintió en cada partícula de aire.

00

Habían pasado dos semanas de la llegada del tercer integrante en el nº 12 Grimmauld Place. Ni Harry, ni Ginny habían decidido que hacer con él. Hermione y Ron habían estado nerviosos, pero le sugirieron como dos extraños dementes, que lo adopten. Ninguno de los dos se gastó en decir que ellos no eran una pareja y que no estaban buscando ser padres. "Aún así, no tengo un corazón de piedra", había dicho Harry, mientras Ginny descalificaba con descaro su afirmación a sus espaldas. Ron casi escupe la leche con cereales del desayuno de de ese domingo. Así que como los días pasaban y no se atrevían a hablar con las autoridades, el bebé había vivido al cuidado de Ginny, que como madre o niñera, se defendía bien en algunos casos pero en otros "metía la pata", en palabras textuales de su amiga Tracy Dumas. Tanto Tiffany como Tracy estaban bastante desconcertadas por el bebé aparecido y carente de identidad. Pero ellas, que tenían un talento especial para conseguir divertirse, habían hecho apuestas sobre el nombre que le pondrían al futuro bomboncito inglés. Los preferidos eran Benicio (propuesto por Tiff), Valentino (propuesto por Tracy) y Benjamín (propuesto por Ginny). Ninguna quería perder y no había nadie que tuviera la última palabra. Era una disputa que ninguna de las tres estaba dispuesta a perder, porque había en juego las entradas a un recital de Rock bastante interesante. Aunque en el fondo, Ginny pensaba que (o prefería ilusionarse) de que sus amigas se estaban encariñando con aquella hermosura aparecida en su vida recientemente. Sus ilusiones fueron ciertas cuando Tiff empezó a buscarle una hipotética novia al bebé: "Para mi hija, va a ser para mi hija... ", se ilusionaba Tiff. "Digna hija de su madre... bien p...", opinó Ginny, sonriendo en esa ocasión.

Lo cierto era que, más allá de las miles de bromas, el bebé había hecho cambiar un poco la desastrosa actitud de las chicas. De vez en mes, salían y se divertían mucho. Pero Ginny lo podía hacer muy poco, porque el niño le demandaba tiempo. Harry había notado, para su sorpresa, que Ginny no lo tomaba como un sacrificio. Quizá había preferido descargar todas sus equivocaciones en ese niño y borrar los malos pasos dados en el pasado. Esa conclusión lo llevó a preguntarse de nuevo... ¿Quién es Ginny en realidad? ¿Qué me está pasando? Ella y sus amigas disfrutaban el sábado, tiradas en la alfombra del living, con el bebé de los tres nombres, como lo llamaba en sus adentros. El niño jugaba sentado, con las cosas que le daban para entretenerlo, entre ellos juguetes de los gemelos, los únicos de la familia que sabían de su existencia. Harry decidió parar la oreja.

-Al final, pobrecito... ¡va a tener 30 años y no va a saber cómo carajo se llama!- opinó Tiff.

-¡Error! Se llama Valentino. Es un nombre hermoso. - dijo Tracy, fiel a sus deseos.

-Supongo que el bebé me conoce más a mí, así que llamará Benjamín. - frenó Ginny la discusión. - ¿O no es así, precioso? - le sonrió. Harry, se mordió el labio inferior y puso la mejor versión de cara de idiota que tenía reservada.

-Estás responsable, Ginnix.- comentó Tiff.

-Si, puede ser. - dijo ella. - Es que Benjamín me cambió...

-¿Benjamín... digo Benicio?- repuso Tiff.- No fue Benicio el que te cambió...

-¡Coincidimos por primera vez! - se alegró Tracy, chocando sus manos con las de ella.

-¿Qué quieren decir?- bufó Ginny. En el fondo sabía a qué se referían.

-¡Que a ti te gusta Harry, GINNIX DE MI ALMA!- exclamó Tiff, mientras la otra asentía. Harry se quedó sin aire para respirar. Ginny estaba levemente ruborizada.

-Harry es un divino, ya les dije. ¿Qué no daría una por una noche con él? Sin embargo no me interesa como hombre... somos genéticamente incompatibles. - contestó muy tranquila, mientras acariciaba a Benjamín.

-Ginny... no estamos hablando de nuestra situación hormonal cuando estamos enfrente de un hombre que físicamente es como Harry...- dijo Tracy, completamente específica.- No estamos hablando del sentimiento de querer acostarte con él... - su voz era muy comprensiva. Ginny intentó sonreír, pero no pudo. Harry estaba cada vez más nervioso. ¿Qué sentía Ginny? ¡Quería saberlo!

-Ya se que quieren decir. Pero no, no me gusta, ni siento cosas por él. ¿No recuerdan cuando les dije que 'no creo en el amor'?

-Eso no lo controlas.- dijo Tiff

-¡Por supuesto que no lo puedes manejar, aunque digas que no crees en él sólo porque sufriste por culpa de Malfoy!- soltó Tracy, tal vez tremendamente directa. Ginny la observó fijamente, pero no parecía enojada.

-No me pasa nada con Harry- mintió- Pero me causa curiosidad... por lo que ustedes saben.- dijo refiriéndose a la apuesta que habían hecho.

Una daga de hielo cubrió el estómago de Harry. Fue una sensación horrible y se alejó al jardín, sin saber bien porque. ¿Le molestaba que Ginny no sintiera nada por él, y que lo estuviese buscando solo por una simple curiosidad? No lo sabía. Pero le hacía más mal que bien y eso era obvio, sino hubiera seguido escuchando. "¡Diablos!", pensó. '¿Qué mierda estoy sintiendo? ¡Creo que necesito un psicólogo, estoy gravemente esquizofrénico y desequilibrado!'

Pasaron quince minutos y la noche comenzó a aparecer en ese septiembre otoñal de Londres. Harry seguía allí, maquinando ideas insalubres sobre Ginny y sus pretenciones completamente raras. Las cavilaciones se vieron interrumpidas, cuando Ginny salió, despidiendo a sus amigas. Las ignoró alejándose. Se sentía confundido... ¿Qué debía hacer? "No la mires, se dará cuenta de que... ¿de qué se puede dar cuenta?"... Harry no sabía bien qué sentía.

-¡Ganaré yo la apuesta sobre Benicio!- gritaba alegremente Tiff-

-¡Se llamará Valentino, Tiffy! -Interrumpió Tracy- ¡Y te aseguro que se casará con mi hija!

-Veremos a quién le dan las entradas del recital. - dijo Ginny zanjando la cuestión o por lo menos con esa intensión. - Intenten no gritar en el jardín porque Benjamín está dormido y ya saben lo que me costó lograr que duerma...

-Lo sentimos mucho, mami... - se burló Tracy. Tiff rió y vio a Harry, a pocos pasos de ellas, cerca la piscina.

-Miren, allá está el papi de Valentino.- anunció a sus amigas. Ginny lo contempló en ese atardecer y recordó hacía un mes y medio cuando lo empujó a la pileta y el roce de sus labios... - ¡Ginnix! ¿En qué piensas? - se burló Tiff.

-En ganar la apuesta... - dijo con ironía Tracy.- ¿No te das cuenta, Tiffy? - la aludida le dio un leve coscorrón en su cabeza por haberla llamado así- No te enojes... ¿No te diste cuenta?- prosiguió.- ¡Lo único que le interesa es ganar la apuesta! Pero me temo que muchas veces quieres ganarla,

- Porque...- siguió Tiff - Es obvio decirlo, en realidad, pero ese hombre...

-Ese extraordinario y buen mozo hombre, si me permites.- aclaró Tracy, dando en la tecla.

-... ese hombre cerca de la piscina... - dijo Tiffany.

-...le gusta mucho a Ginnix... - terminó Tracy.

-¡Ya cállense...! - dijo Ginny, completamente ida.- No crean que no las oí. Mañana hablaremos... vengan a tomar el té, o sacaremos a pasear a Benja ¿si?

-Buen plan, así los hombres se enternecen de lo abnegadas que somos con Benicio...

-Se llama Valentino, Tiff.- repitió Tracy.- Vamos, dejemos que nuestra pelirroja amiga arregle cuentas con el sexy cicatrizado...

-Basta, váyanse... -frenó Ginny, ya riéndose.

-No se entretengan, que le bebé puede despertar... - alertó riendo Tiff y tomando la mano de Tracy.

-¡Zorras!- acusó Ginny, riéndo.

-Anda con Harrix... - desaparecieron antes de que Ginny pudiera pegarles no de manera muy inocente...

-Ya van a ver esas dos. - se dijo Ginny para si misma, sonriendo.

Volteó la cabeza hacia Harry que miraba fijamente el agua transparente de la piscina. Algo dentro de Ginny hizo comparar esa transparencia, como calcada al hombre extraordinario al que se decidió acercarse con pasos lentos, no sin antes estremecerse. "¿Qué me pasa?", se preguntó por enésima vez en ese mes y medio.

-Harry... - lo llamó con un tono de voz, que le salió demasiado tierno en opinión de él.

-¿Qué pasa?- preguntó el cortado. Era evidente que él recordaba su frase dicha hace tan sólo unos minutos.... "No me pasa nada con Harry" y lo mantenía dolido. Pero Ginny no sabía que había escuchado todo eso y la desconcertó su tono cortante.

-¿Qué te pasa a ti? ¿Por qué me hablas así?

-¿Así como?

-¡Odio que me contestes con otra pregunta!- exclamó ella ofuscada.

-No sé a qué te refieres. Te estoy hablando bien.- dijo él con el mismo tono de... "no te aguanto más".

-Creo que te pasa algo.- intentó calmarse ella.- Y me gustaría que lo soltaras, así no tengo que aguantar esa cara de...

-¡Ojo con como te refieres a mi cara, mocosa impertinente!- se encendió Harry. Ginny también se enojó.

-¡Estás completamente inestable! ¡Definitivamente necesitas que alguien te saque esa cara de vinagre!- le espetó.

-¡Dado el caso, no serás justamente tú la que haga esa labor en mí! - dijo él, haciéndose el superado.

-¡Como si yo quisiera hacer eso contigo!

-Que yo sepa, desde que llegaste no hiciste más que insinuarte ¡y ahora pretendes desentenderte de tu nefasta actitud!

Eso fue demasiado y Ginny preparó un buen revés que iba directo a la cara de Harry. El se quiso atajar, pero resbaló con la humedad de la piscina. Con suerte no cayeron en ella, sino se hubieran pescado un buen resfriado. Rodaron en el pasto, que era como una pendiente hacia las afueras de la piscina. Cuando se quedaron por fin quietos, llegando a la parte llana del jardín, la posición era muy intimidante. Ginny estaba sobre él, y sus cortinas de pelos rojos caían a su alrededor. Se miraban fijamente, como si sufrieran una amnesia de la discusión que habían tenido segundos atrás. Harry le corrió el suave mechón detrás de la oreja. Ella respiraba entrecortadamente, no pudiendo con la revolución interna que le provocaba la fragancia que Harry despedía; contrariamente a eso, sintió también odio por la manera en que le había hablado. En el momento en que decidió salir de arriba de él, Harry lo impidió poniendo una mano en su cintura y cambiando la posición.

-¿Qué haces? - alcanzó a balbucear Ginny, antes de que los labios de Harry se posaran en los de ella y que el mundo desapareciera por completo.

Con la misma euforia de mis sueños.

Capítulo 5

Sorpresa

No creo en el amor y no es por mí

Harry llegó en el exacto en que Ginny caía. Se sintió tan angustiado como nunca en su vida, pero no tuvo tiempo de preguntarse porqué...

-¡GINNY!-gritó al verla en el suelo. Matt y Draco miraron al costado. Harry corrió y se arrodilló ante Ginny. Estaba inconciente.- ¡Ginny! - la llamó. No reaccionó. Tenía la comisura del labio color morada. Al parecer, su cabeza había dado contra una silla.- ¡Diablos!- se quejó Harry intentando reaccionarla.

-¡Debemos llamar a un sanador!- exclamó Matt.

-La culpa fue tuya, imbécil.- apuntó Malfoy.

-¡CÁLLENSE! - Gritó Harry enfurecido. Levantó a Ginny con sus fuertes brazos.- No la molesten nunca más...

-¿Harry Potter? - Inquirió Ben. Harry lo miró.

-Si, pero disculpe, no tengo tiempo de dar a autógrafos.- espetó.

-Mire yo soy el dueño de este...

-¿Ah sí?- se sacó Harry, rojo de furia- Ginny no volverá aquí, eso téngalo por seguro.

-Potter, creo que yo...- empezó Malfoy.

-¡Si te acercas a ella nuevamente, me conocerás, Malfoy!- amenazó Harry. Nadie se atrevió a replicar.

Acto seguido, Harry se llevó a Ginny caminando hacia su carro. La apoyó en el asiento. Respiraba pausadamente. "Ginny, Ginny ¿Qué haré contigo?", se lamentaba preocupado. Ella comenzó a gemir levemente. Harry estaba realmente enojado y preocupado. No le gustó para nada lo que había tenido que vivir esa noche. ¿Será que Ginny, con su reprobante comportamiento, solía tener esos problemas con la gente? No sabía la respuesta, aunque pensaba que era afirmativa. Estacionó el auto en el garage de Grimmauld Place. Se bajó y fue hacia el asiento del acompañante. Abrió la puerta. Alzó a Ginny con precaución. Ella apoyó inconcientemente la cabeza en su hombro. Harry, sintió el aroma inconfundible de su perfume. Lo aspiró sin intentar contenerse a ese placer. ¿Placer? Maldito seas, Potter. Se recriminó. Intentó reprimir el pensamiento que le corroboraba por dentro que, definitivamente, el perfume que Ginny despedía, era riquísimo. La puerta principal de la casa, se abrió con un movimiento de la varita.

Harry, tras pasar el comedor, subió las escaleras. Entró en su cuarto y acostó a Ginny en ella. Su cerebro no dejaba de farfullar en silencio. "Porque si ella me escuchara cuando le hablo, si entendiera que es mi responsabilidad... Pero no, es una porfiada, no le hace casa a nada..." La miró: tenía comisura de los labios hinchada. Harry suspiró. Fue hacia su placard y tomó una caja blanca, que tenía una varita y un hueso cruzados, inscripción de San Mungo. Tomó una botellita de Solución Multrap. Mojó un trozo de algodón y se lo pasó a Ginny en la herida lentamente. Ella reaccionó un poco ante el contacto.

-Quédate quieta.- pidió Harry.

-No...- se resistió Ginny. Intentó apartarle la mano.

-Ginny, por favor...- susurró Harry. Ella abrió los ojos de repente.

-¿Harry?- preguntó desconcertada- ¿Qué...?

-¿No recuerdas nada?- dijo él. Ginny enfocó los ojos haciendo un esfuerzo.

-Si...- dijo después de unos minutos.

-¿Qué pasó?

-Me rompieron el hocico...- eso hizo sonreír a Harry. Ginny también lo hizo, pero enseguida se arrepintió.- ¡Rayos!- dijo dolorida.

-Deja que te lo cure...- dijo Harry.

Se quedaron en silencio, pero solo fueron sus voces. Por dentro, tanto Harry como Ginny estaban conectados por el lazo de su mirada. Él la miraba sin decir nada, serio. Recordó el detalle que ella cuando era pequeña se había sentido atraída por él. Y ahora los años habían pasado y estaba irreconocible. Cayó en la cuenta que Ginny era una mujer. Sus rasgos lo demostraban. Desde que habían estado a punto de besarse en la piscina, una sensación rara y asustadiza lo envolvía. No le gustaba para nada la cercanía con Ginny y al mismo tiempo, parecía sentir algo cálido y placentero cada vez que descubría sus detalles.

Ginny parpadeó. ¿Por qué la miraba así? Intentó no pensar en su belleza, siempre había sostenido que era un hombre irresistible. Pero en el fondo era un ser insoportable. O en eso se había transformado. Sin embargo, después de esas escasas horas compartidas, notó que la inocencia que Harry tenía era completamente enternecedora. Era tan correcto. Y lo único que tenía, era miedo, miedo a la vida, a disfrutar de todo eso... Justamente la antítesis de ella... ¿Por qué tenía esos ojazos? Ginny creyó encandilarse y se resistió a un parpadeo más, sólo para evitar sucumbir al fin de esa maravillosa conexión.

-Es raro que estés solo.- se le escapó a ella. "Yo y mi bocota!" se arrepintió luego.

-¿Solo?- se sorprendió él.

-Sí. Bueno, ya sabes...- intentó Ginny. - Eres Harry Potter. Siempre te imaginé casado o con hijos o...

-Decidí dejar eso afuera.- le pasó una crema en el labio. Ginny se estremeció al sentir la yema de sus dedos en ellos.- ¿Te hago daño?

-No...- se ruborizó indefectiblemente. Bajó la mirada. Prefirió posar sus ojos en el cuello de Harry... Se odio por sentirse intimidada en su presencia por una vez más.

-Ginny...- la llamó él. Ella volvió a mirarlo. - ¿Puedo preguntarte algo?

-No des vueltas- dijo ella.- ¡Y basta de esa loción! - se quejó.

-Cicatrizará sin marcas...- calmó Harry.- Es preferible no usar la varita en estos casos, ya que esos hechizos fáciles son...

-¿Qué me querías preguntar?- cortó Ginny y esta vez, fue el que Harry se sonrojó.- No tengas vergüenza, tontito...- le acarició la cara sonriendo. Después de un momento se quedaron serios y algo incómodos. Ginny continuó con la mano es su cara.

-¿Qué fue lo que pasó con Malfoy?- soltó Harry. Ella quitó la mano.- Vamos, Ginny. Se que ese tipo te lastimó... y...

-Eso no te importa.- lo atajó ella.

-Si me importa.- maripositas en la panza de Ginny. ¡Malditas insectos! Se descargó internamente. -Creo que no deberías cambiar tu vida y tu felicidad por él. No vale la pena...

-¡Yo no cambié por él!- mintió Ginny. Se sentó en la cama.

-Si lo hiciste.- contradijo Harry- Y no me parece que cambies por alguien que no te quiere y así, lastimes a los que te...

-¡Cállate!- se enojó ella.- ¿Me hablas de cambios tú? ¿Qué me dices de Dalma Whitman?- Harry palideció. Odiaba tocar el tema.

-Estábamos hablando de ti.- dijo, esquivando el asunto.

-Mira, lo mío y lo de Draco lo estoy manejando por mi cuenta...

-¿Lo amas?- preguntó Harry. Ella alzó las cejas.

-No creo en el amor.- contestó. El se sorprendió.- ¿Qué?

-Nada... yo tampoco.- dijo calmadamente él.

-Me alegro.- sonrió Ginny.- Con el tiempo sentí que era una farsa fábula. Solamente quedan algunos ilusos siguen creyendo que las hadas son buenas...

-Si... - coincidió Harry vagamente- Bueno, creo que con le que te puse ya está... - se levantó. Ella lo miró de arriba abajo.- Yo me voy a dormir...

-Harry - rió ella- Este es tu cuarto...- el sonrió.

-¡Oh, sí!- exclamó golpeándose la frente.- Bueno...- musitó nervioso.

-Creo que yo me voy al mío...-Dijo Ginny tocándose la herida.

-¡No te toques!- la reprendió Harry.

-No me trates como si fuese una niña.- se quejó ella.

-¡No me desobedezcas, soy tu sanador!

-¿Mío solo?- jugueteó ella, mordiéndose el labio inferior. Se arrodilló en la cama y lo agarró del cuello de su camisa.- Eres hermoso...- Harry no aguantó: largó una carcajada. Ella también lo siguió.- ¡Me alegro de oírte reír así! No niegues que...

-¿Qué soy hermoso?- inquirió él.

-No, que te hacía falta reír...- suspiró ella. - En fin, buenas noches Harry... y gracias.

-Descansa.- dijo él.

Ginny se fue dejando a Harry confundido.

El reloj sonó temprano ese martes. Harry se despertó sobresaltado pensando en las mil cosas que tenía que hacer. Le dolía el cuello: ni se percató que era a causa de la ausencia de su almohada. El cuerpo protesto al pensar en el trabajo. Los pacientes, los pacientes y los pacientes. Miró alto techo de su recámara. Estaba fusilado, necesitaba dormir; por primera vez en años sintió ganas de no ir a San Mungo. Quizá, la compañía de Ginny lo estaba volviendo un completo irresponsable. Se estiró. Cuando volteó la cabeza, abrió los ojos grandes. Ginny estaba al lado suyo, abrazando su almohada. Dormía dulcemente acurrucada a las sabanas. "Esta mujer no tiene límites"... Ginny de repente se destapó. Harry se tomó la cabeza. Vestía un camisón del color de su pelo. Era de seda y muy corto. Antes de desconcentrarse en su enojo por esos fogosos detalles, Harry decidió despertarla.

-¡Ginny!- la llamó enojado.

-Harry...- dijo ella con voz ronca.- ¡No seas pesado mi amor!... estoy descansando, ¿no lo notaste?

-¡GINNY! - Se sublevó él.- ¿POR QUÉ ESTÁS DURMIENDO EN MI CAMA?..- Ella se levantó.

-¡Me tienes podrida!- se quejó adormilada.- ¿No permites que descanse en paz?

-¡No me tomes el pelo!- se enojó él.

-Vamos, mi vida... ¡Tu catrera necesita un peso paralelo! ¡No deberías ni quejarte!- rió Ginny, con las manos en la cintura y muy despeinada. Sus piernas torneadas eran...

-¡Tápate!- exigió Harry.- No puede presentarte así en...

-Iré a darme una ducha... préstame el baño de tu habitación porque...

-¡De ninguna manera! ¡Cámbiate! No vuelvas a estar en esas condiciones - señaló el seductor camisón - adelante mío. Ella rió despreocupada.

-Me encanta cuando te enojas, Harrix.- se fue de la habitación.

Harry ya estaba en San Mungo después de la discusión con Ginny esa mañana. Habían acordado que ella debía mantener limpia la casa. Ginny no puso objeción, generalmente era lo único que hacía en su casa. Harry le prohibió deliberadamente que arme una de sus fiestitas con "esas dos compinches". Ginny no dijo nada. Harry estaba seguro que en cuanto había abandonado su residencia, ella ya arregló con Tracy y Tiffany para hablar y chusmear de los sucesos de la noche anterior. Se acordó de repente (y para odiarse a sí mismo) del camisón rojo lucifer de Ginny. Confía demasiado en mí...Gracias a Dios no hace esos teleteatros enfrente ningún otro hombre... Cualquiera se aprovecharía y le arrancaría el...

-Harry - irrumpió un sanador en su despacho.- tienes el ca...?

-No tengo el camisón...- dijo Harry perdido.

-¿Eh?- se sorprendió su compañero riendo.- Me parece a mí, ¿o tienes sueños con algún camisón...? - Harry desvió la mirada. Idiota, se dijo.

-¡Qué cosas dices Richard!- se quejó colorado- No, no por supuesto que no...Quise decir el cargador...

-Ah, eso venía a pedirte... Tenemos el mismo móvil ¿verdad?- Harry asintió.

-Toma- dijo- Te lo regalo. Mi teléfono pasó a mejor vida.

-¿Qué le pasó?

-Ginny.- solo dijo Harry, como si eso explicara todo.

-¿La muchacha que estás cuidando?- inquirió Richard. Harry asintió.- ¡Debe ser una fiera!

-Aún peor.- dijo Harry.-¿Algo más?

-Si... tienes una visita.

-¿Quién?

-Tu amigo, el pelirrojo. - Respondió el sanador.- Yo debo ir a hablar con Wanda...

-Richard.- lo llamó Harry severamente.- El hecho que estés de novio con la enfermera Wanda no significa que permita que se la pasen a los besos y asi, producir un incumplimiento del trabajo...

-Disculpa Harry, es la frase más larga y más aburrida que escuché.- dijo el joven.- Te dejo con el dueño de Sortilegios Weasley...

Ron entró enseguida, porque Richard pareció huir de Harry.

-Hola amigo- saludó.

-Hola Ron- replicó el cicatrizado.

-¿Cómo estas?- miró las ojeras de Harry- ¡Veo que no muy bien!

-¿Qué pretendes? - Dijo Harry.- Tu hermana me está volviendo loco...

-Me imagino- Ron parecía algo avergonzado.- ¿Qué hizo ahora?

-Anoche fue a ese pub donde trabaja. Con sus amigas.- Ron apuntó el pulgar hacia la boca, expresando un claro exceso de bebida- No, no llegó borracha...- aclaró su amigo.

-¡No te la puedo!- repuso Ron sorprendidísimo.

-Directamente, no llego, así no festejes- dijo Harry.

-¡Explícate!

-La verdad es que tardaba demasiado... entonces la fui a buscar, cuando...

Harry le contó todo lo sucedido. Ron se sintió estupefacto, pero no por el escándalo que Ginny protagonizó. Veía a su amigo bastante raro. ¿Desde cuándo se preocupaba por alguien, o se inquietaba por ir a buscar a una persona? Harry era un ser solitario desde la muerte de Dalma...

-Así que la llevé y le curé la herida... - terminó Harry. Evitó contarle que Ginny se había metido en su cama, abrazando su almohada con un camisón de ensueños. Quería conservar su integridad física.

-¡Harry!- lo felicitó Ron.- Te has convertido en un padre excelente... ¡y en un hermano ejemplar!- rió a carcajadas.

-Gracioso.- espetó Harry.- Ginny no tiene límites, Ron. Alguien deberá ponérselos. ¡Es un pequeño demonio pelirrojo!

-Coincidimos, pero más respeto.- dijo Ron apuntándolo con una lapicera en señal de advertencia. Harry se tomó la cabeza. Ron notaba a su amigo desestabilizado.- ¿Por qué fuiste a buscar a Ginny?- Harry enrojeció.

-Era tarde- explicó. Ron sonrió.- Si, era tarde. ¿No me crees?- Ron se encogió de hombros.

-Es raro en ti una actitud como esa.- solo dijo. Harry alzó las cejas.

-Supongo que acepté resguardar a Ginny de su estado mental.- dijo.

-Si, puede ser.- aceptó Ron poco convencido.

-¿Cómo está Hermione?- inquirió Harry cambiando de tema.

-Comiendo, como siempre. - contestó Ron- Creo que me fundiré más con la gastronomía que con los gastos para el bebé.- rió.

-Es aconsejable...- Harry buscó en sus cajones- ...que le des esta dieta- le entregó un cartón amarillo. Ron lo leyó por arriba.

-Se va morir de hambre.-dijo abriendo los ojos.- Justo de eso te venía a hablar...

-¿De qué?

-Hermione quiere que seas su sanador. Que la atiendas en el parto.- soltó Ron orgulloso.

-¿Yo?- Harry tenía los ojos brillantes.

-Claro tonto, ¿con quién estoy hablando?- se ofuscó Ron. Pero adivinó de repente lo que Harry sentía: miedo.- ¡Oh Harry! Ya basta con eso. Ese complejo de culpa no te sirve para nada...

-No puedo, Ron.- se disculpó Harry.- Si a tu hijo o a Hermione les pasara algo yo...

-¡Eres el mejor sanador! Y fuiste el mejor auror que jamás...

-No me hables de mi anterior profesión.- pidió Harry rígidamente.

-Dalma no murió por tu culpa.- dijo Ron sin rodeos.- Ella se arriesgó en esa misión y lamentablemente...

-No sigas!- espetó Harry. Ron sabía que ese tema era duro para él.

-Ella no hubiera querido esto para ti, Harry. Era tu mejor amiga, junto a Hermione. ¿Cómo crees que se sentiría si te viera en estas condiciones?

-¿De qué condiciones hablas?

-¡De éstas! - lo señaló- Te la pasas amargado todo el día, con cara larga. Estás encerrado en este despacho... esto no es para ti amigo...

-Gracias por tus ánimos.

-Creo que volver al cuartel, te haría bien...

-¡No quiero seguir exponiendo vidas!- espetó Harry.- ¿Piensas que me siento bien después de la muerte de Dalma? Ella confió en mí.

-¡No tuviste la culpa!- repitió Ron. Y se levantó.- Hermione está ilusionada con que la atiendas tú. Espero que no la decepciones. Es madre primeriza y estamos pasando un momento difícil... Ella te necesita...- Ron terminó en tono de súplica.

-Yo...

-Prométeme que lo pensarás, ¿sí?- Se levantó. Harry solo lo miró. - Iré a trabajar. Fred y George me están esperando para hacer las cuentas...- sonrió.

-Hasta luego...- Ron se fue dejando a Harry muy pensativo.

000

Un mes después, la convivencia de Harry y Ginny mejoró notablemente. Ellos seguían discutiendo por tonterías y discrepando sobre temas de la vida. Ginny había cambiado un poco su aprensión con el alcohol. Sin dudas, seguía saliendo cada vez que podía y besando a cuanto hombre hermoso se le cruzara por el camino. No obstante, sus insolentes actuaciones no pasaban de eso. Tracy y Tiffany hacían lo mismo. Eran tres descaradas, en opinión de Harry.

Las reglas de convivencia, se habían empezado a respetar en el número doce de Grimmauld Place. Harry había escrito una especie de Constitución nacional con incisos, punto claves. Estaba dotado de diez páginas con doble carilla. Ante ese librito, Tracy y Tiffany rieron por una semana. Ginny había acatado algunas y bastante bien. Claro que nada era como el exigente deseo de Harry: "respetarlas al pie de la letra". Mas allá de eso se podía decir que Ginny cumplía con limpiar la casa y cuidar a Dalma de manera óptima. De vez en cuando se mandaba una de las suyas escuchando música a todo trapo los sábados por la noche. Harry no lograba entender lo que es hacer la previa antes de a un boliche. Ginny y sus amigas bailaban y tomaban alcohol, llegando a una agradable alegría pasajera. (Harry agradecía internamente que no se agarraran borracheras descomunales) El problema era que causaban un terrible tumulto y como consecuencia una incesante jaqueca en el dueño de casa. Ginny intentó por todos los medios explicarle que necesitaba distenderse después de dejar la casa reluciente. Por otra parte, ella también se ocupaba de la comida. Había heredado las dotes culinarias de su madre y en este punto Harry no pudo emitir una palabra de queja. Ginny continuó trabajando en el bar de Ben. No podía dejarlo. La diferencia es que Draco y sus amigos tenían prohibida la entrada al club.

En ese momento, Ginny hacía la lista para el supermercado. Tracy y Tiffany tomaban zumo de calabaza y charlaban sobre sus anécdotas perversas.

-Entonces Gregory me quiso besar... - decía Tiff. Tracy simuló que vomitaba- Si, un asco. Pero yo fui más rápida... lo hechicé, y logré robarle las llaves de su carro...

-¡Genia!- le festejó Tracy.- ¿Lo pisaste?

-¿El qué?

-El acelerador, corazón- fue Ginny quién contestó.

-Oh, por supuesto. Ese carro da a más de 200.- contó Tiff.- ¡Los Audis son mi pasión!

-Pídele uno a tu padre, por favor.- rogó Tracy

-Soñar es gratis- rió Ginny, sin dejar de mirar su lista.

-¡Pero si estás podrida en dinero!-objetó Tracy. Tiff enrojeció.- ¿Qué pasa? ¿Te da culpa pertenecer a la clase pudiente?

-El dinero no es mío, tonta... - dijo Tiff, vagamente abochornada.- Mi abuelo maneja todo, no me darán un centavo... recuerda que soy la hija desviada. Mi hermano se recibió de arquitecto y le están construyendo un altar.- Parecía muy resentida.

-Tu hermano es un aburrido- opinó Ginny- Aunque me negaría a darle unos besitos...- Tiff rió.

-Te lo regalo.- dijo parcamente.

-Bueno... - suspiró Ginny tras terminar la lista- Creo que debo irme a hacer estas compras, o Harry me matará...

-¿Desde cuándo tú tan responsable?- Se burló Tiff.

-Desde que he decidido ganar la apuesta...

-¿Sabes Ginnix? - dijo Tracy pensativa.- Que tengo la impresión que la apuesta te mueres por ganarla... pero no por el alcohol o por lo que te vayamos a dar...

-Claro, - siguió Tiff.- Quieres ganarla porque te gusta Harry... Harrix... ojitos verdes... - guiñó un ojo.

-¿A quién no les gusta Harry?- dijo Ginny simplicidad- Es un tiburón. - sus amigas asintieron.

-Pero recuerda... que tienes que enamorarlo.- apuntó Tracy

-¡Lo lograré!- Dijo Ginny, y al decirlo un frío se extendió por su pecho. Logró disimular para que nadie lo note.

-¿Draco ya pasó?- preguntó Tracy

-Si.- dijo Ginny.

-Nunca entendí porqué te dejo. - Soltó Tiff - O sea... ¿tu y él...?- hizo una mueca grosera.

-No tengo ganas de contar flirteos.- evadió Ginny.- Debo irme, me acompañan?

-Vamos.- accedieron sus amigas, resignadas a su actitud.

Horas más tarde.

Harry y Ginny cenaban en la casa. Ella contaba que había ido al supermercado con sus amigas. Hacía atragantar a Harry cada vez que daba detalles de cómo Tracy le pidió el número telefónico a todos los tentadores cajeros del lugar. Él solamente la reprendía.

-No deberían insinuarse así.- decía cuando ya hacían la sobremesa.- Los hombres que realmente las valoren no esperan eso de ustedes...

-No quiere que las valores, solamente buscan divertirse- explicó Ginny. Sacó una atado de cigarrillos.

-¡Ya te dije que aquí no! ¡Regla número 5, adicciones, inciso 4!

-No leí tus reglas.- rió Ginny largando el humo de su primera pitada. Harry tosió y la miró mal.- Bueno, bueno ya me voy a afuera... - rió Ginny. Comenzó a caminar hacia la puerta principal... Recuerda que te toca lavar los platos a ti...

-¿Vas al jardín? Ponte un abrigo, está refrescando...- dijo Harry comenzando a juntar los platos. Escuchó las carcajadas de Ginny.

-Si Papi, voy al jar...- Harry la oyó enmudecer de repente. Frunció el seño y dejó los platos sobre la mesada. Se quedó pensativo.- ¡VEN HARRY! ¡MIRA ESTO!- Gritó Ginny

Harry corrió con el corazón bombeándole a mil por horas.

En la puerta, Ginny estaba arrodillada frente a...

-No lo puedo creer.- alcanzó a decir.

Con la misma euforia de mis sueños

Capitulo 4

Preocupación

Dibujé tu sonrisa junto a la mía, me dormí con tu abrigo en el sofá

Por primera vez en su vida, Harry notó cuán hermosa era. Ni siquiera pudo hablar.

-Bésame.- le susurró Ginny, rozándole los labios con los suyos.

Harry estaba hipnotizado; y justo en el momento que parecía sucumbir al petitorio de Ginny se escuchó:

-WOW!-ladró alguien a sus espaldas. Ellos miraron al costado.

-¡Dalma!- exclamó Harry separándose. "Inoportuno animal", pensó Ginny algo mareada por el alcohol. Harry fue hacia el borde de la piscina.- Eres una maleducada, haz arruinado un traje nuevo que...

-Bla bla bla... - se burló Ginny con insolencia.- ¡Cómo si no te hubiese gustado!

-¿Gustarme? ¿Gustarme qué?- dijo Harry anonadado.

-¡Te agarré! ¡Hubieras querido besarme y te quedaste con las ganas...!- exclamó Ginny con vivacidad.

-Estás rematadamente loca y encima hueles al alcohol.- declaró Harry. Ginny rió sin darle importancia. Harry se mordió el labio con impotencia; se miró el cuerpo, estaba completamente empapado... palpó su bolsillo y sacó su celular. Intentó secarlo, pero de todas maneras, no servía ni para llamar a los bomberos. Tenía ganas de ahorcar a Ginny.- ¡Tendré que cambiar mi móvil por tu culpa!- incriminó enojado.

Ginny no le hizo caso. Fue hasta el borde de la piscina y se sentó a su lado. Le dolía un poco la cabeza pero el haberse mojado había contribuido a quitarle los efectos negativos de la cerveza. Dalma lamía las gotitas que caían de su pelo. La perrita parecía tener una buena convivencia con Ginny, punto en el que difería con Harry enormemente.

-Vamos, no seas exagerado. ¡Es sólo un teléfono!- comentó para cortar el silencio.

-Hablaremos seriamente. Tu comportamiento es desastroso y eso que sólo has llegado hoy.- Ginny levantó una mano despreocupada.

-Esta noche no estaré en casa.- avisó.- Iré a trabajar para que después el Señor Limón no diga que lo estoy explotando...

-¿Señor Limón?- Preguntó Harry mientras estrujaba su camisa.

-Ajá.- repuso Ginny- ¿O me vas a decir que eres un ser divertido?- rió al final

-Prefiero que me llames por mi nombre.- puntualizó Harry- Iré a darme una ducha...

-¿Te acompaño?- sugirió Ginny sonriente.

-¡Desubicada!

-¡Amargo!

-Después hablaremos del lugar donde irás esta noche...- dijo Harry.- Si Molly no quería que concurrieras, no sería bueno que yo lo permita...

-¿Permitirme? ¿Tú?-dijo Ginny sonriendo- No seas iluso. Mi madre no quería, pero jamás pudo impedirlo. ¿Vas a intentar impedirlo tú?- volvió a reírse como si hubiera contado un chiste buenísimo.

-Necesitas límites, ¿sabes?- dijo Harry con rigidez.

-Y tú necesitas una buena...

-¡No te atrevas a decir...!

-¡...ducha!- terminó Ginny.- ¡Qué mal pensado!- largó otra carcajada.- Después me dices que soy yo la que piensa en sexo todo el día...- se levantó y corrió hacia a la casa. Harry bufó.

000

Ron y Hermione caminaban tomados de la mano como dos tortolitos. Por supuesto, el paseo era un verso. Solamente querían pasar un tiempo de intimidad, por lo que habían acudido a La Madriguera para disfrutarlo plenamente. La cama de Arthur y Molly era el último lugar que les faltaba estrenar de la casa y la oportunidad era demasiado buena para desaprovecharla. Hermione seguía con antojos rarísimos y Ron aprovechaba oportunidad para cargarla sobre la cantidad de manjares que ingería.

-¡Creo que tendremos que ir a San Mungo en un container muggle si sigues así!- decía bromeante.

-¡Muérete, Ronald!-repuso Hermione, mientras comía el décimo chocolate de la tarde.-Tendrías que tener mejor tacto, estoy embarazada y tú también eres responsable de esto...- señaló su vientre.

-Oh, si, era solo una broma preciosa...- se disculpó Ron.

-Además- continuó su novia- siempre he comido chocolate después de hacer el amor... no es porque esté embarazada.

-La diferencia es que antes comías una tableta y ahora la fábrica entera.- dijo Ron.- Pero no, no te enojes, me encanta que alimentes a nuestro bebé...- se atajó antes de que Hermione le plante una cachetada. Ella se ablandó con eso.

-Oye, y ¿Cómo crees que se llevarán Harry y Ginny?- preguntó a su novio.

-Mal.- respondió Ron.- Ginny tiene la capacidad volver loco a cualquiera, te lo aseguro. Imagínate que hace lo que quiere. Es una rebelde sin causa.

-Discrepo de eso.- dijo Hermione.

-¿De qué discrepas?

-De que no tenga motivos para comportarse así.- dijo Hermione.

-¿Tú sabes algo?- preguntó Ron interesado.

-Lo que saben todos.- mintió Hermione.- Lo de Draco y todo eso.

-Si. Pero él no tiene la culpa. Ginny siempre supo lo que Malfoy era.-recordó Ron.- Y además, toda la familia le dijo que Malfoy no era alguien de fiar. Ella aseguró que sentía cosas por él... y bueno, cuando se le presentó la oportunidad, no dudó.

-Es cierto. Qué pena que Ginny no pudo zafar de ese zoquete, ¿no?- comentó Hermione.- ¿Y Harry?

-Harry ha cambiado también.- dijo Ron.- Después de lo que pasó con Dalma...

-Siempre se culpabilizó por la muerte de ella.- musitó Hermione con tristeza.

-Tal cual. Tiene ese complejo de culpa; apenas le mencionas el tema, lo desvía.

-Es de entender.-murmuró comprensiva Hermione.

-¡Está equivocado!- razonó Ron - Al igual que Ginny. Son dos testarudos. Lo que les pasó, les pasó por no saber escuchar...

-Aún así, siempre duelen las desilusiones.- dijo Hermione.

-¡Tú no estás acostumbrada a ellas!- exclamó Ron meloso.- Menos, con lo que acaba de pasar recién...

-No conviene que infles así los sucesos recientes...- dijo Hermione sonriente.- Ha habido cosas mejores...

-¿Qué?- se desilusionó Ron- ¿Reprobé?- Se le pusieron coloradas las orejas. Hermione sonrió coqueta.

-Hay recuperatorio, alumno Weasley.- lo consoló

-¿Qué clase de recuperatorio?- comenzó a besarle el cuello.

-Uno muy pero muy interesante...

000

Harry llevaba horas esperando en la puerta del baño, que por supuesto, Ginny había usurpado antes que él. No conseguía explicarse cómo podía ser tan atrevida, tan liberal. ¡Y encima empujarlo a la piscina! Ginny no tenía límites, no había fronteras para su locura. Harry se preguntaba si Malfoy le había dado de beber alguna poción para desestabilizar sus actos. ¿Quién demonios se creía que era esa muchacha? ¿Cómo podía llamarlo Señor Limón? "Una completa falta de respeto hacia mi persona. Ella carece de cordura", describía formalmente el cerebro agotado de Harry. Todavía se preguntaba cómo pudo aceptar ayudar a Arthur en su trabajo. Pero ahora estaba hecho el daño. Y los ocho largos meses debía pasarlo aguantando ese demonio en miniatura.

-¡Apúrate!- apremió desde la puerta.- ¡Necesito bañarme!

Justo en ese momento, Ginny salió del baño envuelta en una toalla. Harry la miró de arriba abajo. Ni siquiera pudo contenerse y lamentó eso hasta llegar a odiarse. Tuvo el presentimiento que Ginny iba a intentar uno de sus jueguitos, pero para su sorpresa, ella pareció un poco asustada de verlo allí.

-Iré a cambiarme.- dijo nerviosa.

¿Nerviosa? Harry no logró entender su actitud. ¿Desde cuándo Ginny se ponía nerviosa si hasta hace unos momentos se le tiraba encima? Negó con la cabeza y se metió decidido darse una ducha reparadora. No había forma de entenderla.

Cuando salió del baño, ya cambiado con su pijama, encontró a Ginny en el comedor. Vestía una falda de jeans muy corta. Unos zapatos altos negros y una camisa de algodón al cuerpo que tenía unas letras en las mangas. Harry concluyó que eran del club donde trabajaba. Se miraba al espejo y sonreía. Algo desde muy parecido a la palabra 'hermosura' provino desde el interior de Harry, pero él ignoró esa voz olímpicamente.

-¿Ya te vas?- preguntó. Ella dio un respingo y se volteó.

-¡Precioso!- Ginny volvía a jugar. Harry abrió los ojos.- Si, ya me voy mi vida. ¡Esta noche tengo que trabajar!- su expresión difería a las personas normales que pronunciaban la misma frase: lo dijo con alegría.

-¿Por qué estás tan contenta?- quiso saber Harry

-Porque mi trabajo es sumamente divertido. ¡Imagínate que debo atender a magos para chuparse los dedos!- rió despreocupada.- Es realmente imperdible.

-¿No te parece perjudicial, - planteó Harry- frecuentar ambientes de ese tipo?

-¿Frecuentar ambientes de...? No, Harry, lo perjudicial es quedarme en aquí vistiendo un pijama de un viejo de ochenta y amargarme por lo dura que es nuestra existencia...

-¡No soy un viejo de ochenta!- dijo Harry.

-Nadie se refería a ti.- lo atajó Ginny.- Pero veo que te sientes aludido, por algo será ¿no?- Se acercó y le dio unas palmaditas en la espalda.- No te preocupes, quizá tu vida mejore... - tomó una cartera en forma de elefante color azul petróleo.- Debo irme, cariño...

-¿A qué hora volverás?- preguntó Harry.

-No lo sé; pero no me esperes despierto. Tengo muchísimo trabajo. Y esta noche hay trago largo...

-¡No se te ocurra venir borracha!- Harry la apuntó con el índice.

-¿Borracha? ¿Yo? ¡Si yo no tomo!- rió divertida.

-Te estoy hablando en serio, Ginny. Ni se te ocurra hacer locuras ni...

-Harrix, Harrix de mi alma, mi tentador cicatrizado...- Ginny le acarició la cara- primero, no hables de la locura como si fuese mala, porque tu no estás loco, por lo tanto no la has probado.- lo soltó y juntó un abrigo liviano, enrollándolo en su cartera- Segundo, estoy trabajando, no puedo dejar que me mantengas cielito mío... comenzó a caminar hasta la puerta. Harry se quedó parado mirándola- Y tercero... Me voy. Seguramente Draco estará allí. ¡Me muero de ganas de verlo!- giró el picaporte de la puerta.

-¿QUÉ?- Gritó Harry. Corrió hasta la puerta. En la calle no había nadie. Ginny ya se había ido. Harry entró a su casa. Estaba realmente enfadado. Hacía tiempo que no se sentía así. Ginny era la única mujer capaz de sacarlo de su síndrome de permanente orden y tranquilidad. Sin querer, las últimas palabras de la pelirroja, resonaron en el silencio de su casa "Seguramente Draco estará allí. ¡Me muero de ganas de verlo!" Decidió irse a dormir para no seguir pensando.

000

Ginny llegó al club donde trabajaba esperando encontrar a Tiff y Tracy. Entró por un patio de verano. Todavía no había gente allí y la música era baja y lenta. Caminó por el suelo pedregoso, pensando en todo lo que vivió con Harry. Había sido divertido todo lo ocurrido. ¡Era tan inocente! La carita que ponía cuándo lo seducía. Se espantaba. Ginny no quería pensar qué pasaría si Harry alguna vez aceptara sus insinuaciones. Era una pregunta difícil de contestar. "No es necesario cuestionar eso, Ginny. Harry es demasiado cobarde como para aceptar lo que propones..." Ginny recordó que habían redoblado la apuesta. Enamorarlo. Debo enamorarlo... ¿Cómo haré eso?

Sin darse cuenta, llegó a la barra. Ben apareció detrás de ella. Era un hombre de unos treinta años y muy amigo de Ginny.

-¡Hola Ginny!-La saludó jovialmente.- ¿Cómo has estado?

-Hola Ben. No sé si lo notaste... - Ginny se dio una vuelta. Ben sonrió.

-¡Hermosa, como siempre!- aprobó el hombre.

-Gracias.- sonrió Ginny- He llegado temprano, deberías aumentar mis ganancias...

-Mujer, con todo lo que recibirás de propina esta noche, no creo que haga falta... ¡Ahí llegó Tiffy!- Ben señaló por encima de la coronilla de Ginny. Ésta se volteó. Tiff vestía idéntica a Ginny, excepto que su camisa era color roja.

-¡Te escuché Ben! ¡No vuelvas a llamarme Tiffy!- Ben sonrió.- Ginnix- saludó con alegría a pocos pasos de la barra.- ¡Ya comenzará la fiesta!- Ginny levantó un puño cerrado y lo giró sobre sí mismo con picardía.- Qué desgraciada... Hola Benny...- Ben volvió a sonreír

-Hola, Tiff, esta noche estás...- no encontró calificativo.

-Si, si, ya lo sé...- dijo Tiff en tono de broma.

-Sirve unos tragos.- pidió Ginny a Ben, quién frunció el entrecejo- ¡Vamos, no seas agarrado!

-Está bien.- aceptó Ben- ¡Pero no abusen, sino después no me cierra la caja!- las dos chicas rieron y el hombre se fue a buscar unas cervezas muggles

-Sigue siendo un amarrete.- comentó Tiff en voz baja.

-Si.- dijo Ginny.- ¿Dónde está Tracy?

-Ya vendrá, sabes que tarda horas preparándose.- contestó Tiffany.

-¿No sabes si viene...?- inquirió Ginny significativamente.

-Draco vendrá. Cuando salimos de la casa de Harrix, vimos a uno de sus amigos.- contó Tiff.- Ya sabes, ese gordo... ¿Goyle se llamaba?- Ginny rió.- ¡Y bueno, si es gordo!- se defendió Tiff, sonriendo también.

-¿Qué te dijo Gregory?

-¡Qué nombrecito, por Merlín!- abrió los ojos Tiff.- Me dijo que esta noche vendrían aquí. Incluso amigos de Draco de otras partes de Londres. Ojala haya alguno muggle.

-¿Por qué quieres que haya...?

-¡Ya sabes, si se niega a prestarme atención, el encantamiento confundus es genial!- razonó Tiff.- Además, debemos admitir que hay muggles que están imperdibles... ¿Has oído hablar de Brad Pitt?

-¡Uy!- se relamió Ginny, quién conocía a ese estrella de los muggles.- Para comérselo a mordiscones...

Siguieron hablando durante una hora. La gente comenzaba a ocupar los primeros lugares del patio de verano. Había hombres, mujeres y una pista gigante en el medio. Tracy había llegado justo cuando comenzaron. Las tres muchachas se dispusieron a atender. Ginny estaba un poco inquieta porque esperaba ansiosa la llegada de Draco. A pesar de lo que le hizo no podía evitar sentir una fuerte atracción a él. Tracy y Tiff solían catalogar esos espasmos como una especie de capricho interminable que su amiga no dejaba de padecer. Ginny no pensaba eso, aunque tampoco se iba al extremo de decir que lo amaba, porque no entendía muy bien las cosas del amor. Draco se había comportado pésimo con ella. En el fondo Ginny quería devolverle la partida por haberla usado...

-¡Ginnix, vuelve a tierra!- la llamó Tracy.- En la mesa 5, ¡mira!- señaló sin disimulo.

-¿Qué qué?- musitó perdida.

-¡Qué llegaron Draco y sus amigos! ¡Mira lo que es el morocho, está para matarlo!- decía Tracy interesada.

-Me gusta más el de al lado.- opinó Ginny.

-Si, ese también.- acotó descaradamente Tracy.

-¡No puedes quedarte con todos!- se ofuscó Ginny- ¡Tienes un egoísmo a veces...!- Tracy rió.

-Después conmutamos los elementos.- guiñó un ojo.- Ya sabes, que en la multiplicación cambiar los tantos no altera el producto...- Ginny sonrió pícaramente.

-Eres una descarada... y será mejor que los vaya a atender...

-No, voy yo.- contradijo Tracy.

-Será mejor que vaya yo.- terció la voz de Tiff a sus espaldas.- ¡Ustedes hierven!

Las tres amigas se miraron con complicidad.

-¡Vamos las tres!- dijeron.

-¡Oh no!- se lamentó Ben detrás. Esas tres sabían cómo volverlo loco.

-Ginnix- musitó disimuladamente Tiff- ¿Qué harás con Draco?

-Cobrarle lo que te hizo- sugirió Tracy mientras sonreía falsamente caminando hacia la mesa de los chicos. Ginny se frenó de repente. Las otras se voltearon.

-Miren y aprendan.- dijo.

Ginny se acercó a la mesa de Draco, pero lo ignoró completamente. Miró sugestivamente al morocho de ojos verdes que estaba a su lado.

-Hola, guapo.- suspiró.- ¿Qué quieres tomar?

-Hermosa.- siguió el morocho besándole la mano.- ¿Qué tienes para ofrecerme?

-Y...- Ginny alzó las cejas.- Muchas cosas, diría yo... - sus amigas rieron.

-Es una buena atención. Mira que tres preciosuras como ustedes vengan a atendernos...- comentó el chico. Draco le arrojó una mirada furibunda. Ginny supo que estaba funcionando su macabro plan.

-¿No me piensas saludar?- dijo Draco, intentado tener cabida en la conversación

-Hola.- le dijo Ginny, y luego volteó la vista.- ¿Cómo se llama tu amigo? - Draco alzó las cejas.

-Matt- contestó- Soy amigo de Draco. Estudiamos juntos. ¡No sabía que tenías tan buenas relaciones!- le comentó a Malfoy.

-Puedes decirme Ginny...- confió la susodicha. - Ellas son Tracy y Tiffany.

-Tiff, para los amigos.- intervino Tiffany.

-¿Puedo invitarte a tomar algo?- habló Gregory Goyle. Ginny reprimió una carcajada. Su amiga no tenía suerte esa noche.

-Yo...

-Gracias, sabía que ibas a aceptar.- replicó Gregory.- Vamos- se levantó rápidamente y a tomó la de la mano llevándosela. Ginny vio en sus ojos ganas de suicidarse. Eso le causó más gracia aún. Por otra parte, descubrió sin sorprenderse que Tracy miraba de manera hipnotizante al otro morocho a la derecha de Draco. Parecía pedirle matrimonio con los ojos.

-Él es Clark.- informó Matt viendo a la interesada. El susodicho se levantó y Tracy sonrió.

-¡Como super man!- comentó Tracy mordiéndose el labio inferior.

-¿Quién?- se desorientó el chico.

-Nadie, nadie...- Tracy miró a Ginny.- Creo que tengo algo que te interesará...- rió y miró a los demás.- Hasta luego.

-Adiós- musitó el chico contentísimo.

-¡Qué moderno está el mundo de hoy! Quién lo diría de Tomy, tan santito que parecía...- repuso Draco ácidamente, mirando cómo la pareja se iba.

-Creo que nos quedamos solos. - dijo Ginny mirando a Matt.- Ven, te presentaré al dueño del lugar, te caerá bien y nos invitará un trago.- Draco y Matt se levantaron al mismo tiempo...- ¿Vamos, Matt?- aclaró Ginny con crueldad.

Matt sonrió contento y se fueron, pero no muy lejos de la mesa. Ginny arregló todo para que Draco los viera, cosa que al carilindo de Matt, se le escapó. Estaba demasiado embobado con la mujer que tenía al lado. Ginny notó que no tenía ni la más remota idea de la relación que ella mantuvo con Draco. Eso la tranquilizó porque le convenía. En cuanto se sentaron en la mesa, notó la mirada de Draco clavada. Fue allí, cuando sin saber porqué, miró los ojos de Matt y le recordaron los de Harry, pero infinitamente menos hermosos. Se acordó de él y de repente, con el sólo hecho de pensarlo, las mariposas volvieron a revolotear en su estómago. En ese extraño momento se sintió como cuando era pequeña, tímida y sumisa, que no podía hablar en su presencia... Se concentró más en los ojos de Matt, pero pensando en Harry irrevocablemente... Encima de la coronilla del muchacho, Draco entrecerraba los ojos en señal de odio total. Supo que era el momento justo para actuar.

-Bésame...- le pidió, tal cual le había dicho a Harry.

-¿Qué?- se sorprendió Matt.

-¡Rayos!- se quejó Ginny. Lo tomó de la cara y lo besó.

Ginny percibió en su interior que ese contacto brusco y vengativo no se parecía en nada al beso que Harry le hubiera dado en aquel atardecer... y de repente, su mente emergió a la superficie de la realidad cuando vio a Draco tomándola del brazo.

-Debemos hablar...

-¿Qué pasa, Draco?- preguntó Matt

-Cállate - le espetó Malfoy- Ven conmigo, Ginny quiero que...

-No iré a ninguna parte- repuso Ginny de lo más tranquila.- Estoy muy a gusto con tu amigo.- sonrió despreocupada.- Y suéltame sino quieres que me defienda...

-Suéltala.- exigió también Matt. Draco lo miró con odio.

000

Harry tenía pesadillas. Luego de haber pasado varias horas intentando conciliar el sueño, una imagen del pasado lo envolvió en aquellos pensamientos de madrugada...

El escuadrón de aurores estaba pintado de amarillo. Harry estaba cruzado con aspecto enojado. Enfrente tenía una mujer con ojos marrones penetrantes. Su cabello era de un rubio oscuro y lacio. El flequillo caía sobre su rostro, mostrando a la luz cuan sedoso era. De repente, la fémina se levantó de su asiento y fue hacia la puerta.

-¡Dalma!-gritó Harry en plan de reprimenda

-¿Qué pasa, Potter?- preguntó Dalma enojada. Harry la miró de manera inquisidora- ¡No me pongas esa miradita!

-¡Ya sabes lo que pienso! ¡Ese tipo no me gusta!- soltó Harry.

-Necesito hacerlo, Harry. Se trata de mi trabajo. Ser auror es así...- se excusó- Esperaba que me entiendas.

-Escucha, no es necesario que te arriesgues así. Podría hacerlo otro...

-¡No! ¡Yo soy la indicada para cumplir eso! ¡No pienso dejar que mi jefe crea que soy una incompetente!- se encendió la chica.

-Todos saben que no eres incompetente.- dijo Harry. Dalma rodó los ojos.

-Lo haré y necesito que me firmes el permiso. He atrapado a muchos asesinos y este no se me va a escapar... - contempló la chica entusiasmada.

-Con ese tipo no deberías joder.- soltó Harry enojado.- No tiene escrúpulos ni podrás engañarlo. Podría apostar que sabe que irás detrás de él.

-¡No seas paranoico!- exclamó con exasperación Dalma.- ¿Me darás el permiso?

-No. Soy el subjefe y me opongo.

-Conseguiré que me den esa misión.- se sublevó Dalma.- Y ni tu ni nadie podrán impedir que lo atrape...

La escena se disolvió.

Harry entraba en una casa en llamas desesperado. Esperaba que no hubiera ocurrido lo peor. Transpaso el fuego incandescente intentando remediar los quejidos de su piel y la angustia que le producía el desastre que él mismo había causado. La casa estaba completamente destruida.

-¡DALMA!- llamó- ¡DALMA! ¿DÓNDE ESTÁS?

Pero no hubo respuesta. Harry llegó atravesó la puerta de la primera habitación tosiendo. Sentía que se iba ahogando a medida que pasaban los minutos. Encontró un cuerpo ensangrentado y sin vida. Unas lágrimas se mezclaron al ver a Dalma en ese estado. Tenía que salvarla, tenía que salvarla...

-Dalma, Dalma... - suplicó-No te mueras, por favor...- le tocó el pulso.

Cuando hubo unos segundos de ausencia, cuando el silencio le narró la paralización total de sus latidos, Harry supo que no había esperanza...

La escena volvió a cambiar.

Harry sintió cosas muy raras. Sin darse cuenta tenía las manos en la cintura de Ginny. Sentía como si unas mariposas le revolotearan en el estómago. Esa sensación lo asustó. El rostro de Ginny era tan dulce, sus ojos eran expresivos, parecían tallados a mano... Nunca había visto tal detalle de ellos. Vislumbró tristeza y dolor. Ginny no era alguien feliz, por mucho que aparente...

Por primera vez en su vida, Harry notó cuán hermosa era. Ni siquiera pudo hablar.

-Bésame.- le susurró Ginny, rozándole los labios con los suyos.

Como una perfecta antítesis de lo que había sido la última tarde en el patio de su casa, Harry la besó en sus sueños. Algo que le recordó en su interior que hubiera deseado hacerlo. Despertó sobresaltado, preguntándose si Ginny había llegado... Miró el reloj: marcaban las 6 de la madrugada. Hacía más de dos horas que supuestamente debería haber vuelto. Se levantó y se preparó un café. Dalma lo acompañó durante todo el trayecto. Harry la miró sentado en la cocina. Sentía una opresión en el pecho muy parecida a la preocupación.

-¿Dónde se habrá metido esta mocosa?- le preguntó al animal. Dalma se paró en dos patas y Harry la alzó.- ¡Cuando llegue me escuchará! ¡Es una irresponsable!

Quince minutos después, Harry se estaba cambiando. En una hora entraba a trabajar en San Mungo. ¡No podía creer el desastre que estaba causando Ginny en su vida! Y de repente se frenó ¿Y si le había pasado algo? Era responsabilidad de él... "No, no puede pasarme lo mismo con ella... Debo cuidarla, no quiero que sufra lo mismo que Dalma..."

Salió de su casa con el corazón latiéndole a mil por hora.

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-Suéltala.- exigió también Matt. Draco lo miró con odio y la soltó.

-Imbécil, ella fue mi novia, ¿no lo sabías?- Matt se levantó y Ginny automáticamente hizo lo mismo. Las pocas personas que quedaban en el club los miraron curiosos.

-¿Yo?- habló Ginny- Disculpa, pero nosotros ya no tenemos nada que ver, corazón.-sonrió.- Y no creo que se necesario que te recuerde los motivos, ¿verdad?

-Vamos, Ginny- dijo Matt- A un lugar más tranquilo...

-De ninguna manera.- Draco estaba que pela.- Ella se queda conmigo.- la tomó bruscamente del brazo. Ginny se estremeció. Draco la había usado como si fuese una cualquiera y ahora pensaba tener derecho sobre ella.

-Vete Matt.- le dijo sin dejar de mirar a Draco- Debo arreglar cuentas con Malfoy...

-¿Estás seg...?

-¡VETE!- Gritó Draco.- ¿No la escuchaste, inservible?- Matt frunció la boca

-¡Eres un IDIOTA! -gritó Matt.

-¿QUÉ TE PASA? ¡SIEMPRE HAS SIDO FRACASADO MATT!- dijo asquerosamente Malfoy sonriendo con sorna- ¡NO VALES NADA!

-BASTA...- Intentó calmar los ánimos Ginny. Ninguno de los dos la escuchó.

-EL ÚNICO QUE DA LÁSTIMA ERES TÚ! SIEMPRE HACES LO MISMO, QUIERES QUE TODAS ESTÉN A TUS PIES...- Acusó Matt. Ginny hizo una seña a Ben que no tardó en llegar para solucionar la situación.

-Muchachos, por favor...- y su voz tenue fue sofocada por los gritos de los jóvenes. Ginny se interpuso entre ambos...

-Basta, recuerden que es mi trabaj...

-¡Y TÚ UN ASQUEROSO SANGRE SUCIA!- Gritó Malfoy intentado correr a Ginny del medio.

Matt cerró el puño y disparó contra el pómulo de Draco. El resultado fue desastroso porque le dio de lleno en la cara Ginny. Matt palideció horrorizado. Ginny cayó hacia atrás, con el labio sangrando y desmayada.

Harry llegó en el exacto en que Ginny caía. Se sintió tan angustiado como nunca en su vida, pero no tuvo tiempo de preguntarse porqué...

-¡GINNY!-gritó al verla en el suelo.

Con la misma euforia de mis sueños.

Capitulo 3

Dulce atardecer

Ginny acomodaba sus cosas el lunes por la mañana. Estaba con un humor desdeñoso y ladraba a penas le decían algo. La razón era sencilla: a Ginny no le gustaba madrugar y había tenido que ir despedir a sus padres luego de que se fueran en alfombra voladora hasta Egipto. "Se van a acordar de mis consejos cuando se caguen de frío...", pensaba Ginny, juntando sus cosas. "¿A quién se le ocurre ir a las pirámides en alfombra voladora?" Negó con la cabeza y luego sonrió: la fantasía de ella era volar de noche, pero lamentablemente no estaba permitido por la ley mágica. Consultó un pergamino a cuadros que detallaba la lista de cosas para llevar a la casa de Harry. Ginny no se olvidaba de su plan: seducirlo y lograr acostarse con él. Y no lo hacía por la puesta sino porque sentía que Harry debía ser un hombre... indescriptible. ¡Era la única presa que no había podido atrapar! Y para la nueva Ginny, no había cosas imposibles. El hermoso salvador sería suyo, y tenía ocho largos meses para lograrlo. Sonrió. Harry la estaba esperando abajo para partir hacia su casa, en el nº 12 Grimmauld Place. Ginny sonreía porque seguramente él estaba furioso por tener que esperarla aguantando los arrumacos de Ron y Hermione. "Bragas rojas, verdes, amarillas, azules... - enumeraba Ginny - Sostén de puntillas, sostén en forma de canillas para bailes especiales... faldas de jeans... ¡No te resistirás a ésta!" - Ginny reía alegremente; la idea de molestar a Harry durante ocho meses la hacía feliz "Saldré de la monotonía de pensar en Draco..."

-¡GINNY!- gritó Harry desde abajo.- APÚRATE PORQUE NO TENGO TODO EL DÍA, DEBO TRABAJAR!!

-¡YA VOY HARRIX!- Ginny escuchó las carcajadas de Ron y Hermione y un cállense de Harry. Suspiró divertida. Tomó su bolso negro brillante, con un gran corazón en el medio color plateado y bajó las escaleras. Harry estaba de espaldas con las manos en los bolsillos, con su habitual traje de sanador, tan sexy como siempre. Ginny sonrió- Acá estoy, sanador Potter.- le dijo seductoramente, con una mano en la cintura.

Harry se dio vuelta. Se puso rojo cuando la vio. Vestía una casaca corta hasta por debajo del corpiño, lo que marcaba su cintura de avispa. Un escote pronunciadísimo, unas piernas de ensueño y el nacimiento de los senos era evidente. Una pollera de jeans gastada y desflecada completaba aquel aspecto tan...

-¿Qué diablos haces vestida así?- se quejó Harry- Ya mismo ve cambiarte, no pienso salir contigo si te pones...

-¡No voy a cambiarme, cielo! - Sonrió Ginny.- ¿O no me queda hermoso?-dio una vuelta sobre sí misma. Harry bufó; sabía que no iba a convencerla.

-Son las ocho de la mañana- dijo apagado.-¿Cómo piensas que te tomará la gente por la calle...?

-El detalle es que me tiene sin cuidado cómo me tome la gente por la calle...- dijo Ginny tranquila.- ¿Dónde está mi hermano y su embarazada esposa?

-Se fueron a caminar. Hermione necesitaba despejarse...- explicó Harry. El muchacho admitía mientras vislumbraba a Ginny que no le quedaba mal ese atuendo. Luego se reprimió mentalmente. "No es el indicado", se dijo con firmeza.

-¿Despejarse?- habló Ginny, sacándolo de sus cavilaciones.- Esos dos quieren hacer un estudio intensivo de la anatomía humana en medio de las colinas...- rió.

-Qué poco tacto.- dijo Harry, harto de las fabulaciones de su mente podrida- ¿Vamos? ¡Debemos acordar las condiciones de convivencia y luego debo partir para San Mungo!

-Está bien, precioso.- Comenzaron a caminar.

-No me llames precioso, Ginny- le espetó Harry

-¿Prefieres bombonazo, salvador, Harrix...?

-¡Ese menos que menos! - se ofuscó el muchacho.

-¡Qué aburrido!- dijo Ginny sin enojarse. Lo tomó del brazo; era hora de comenzar a disfrutar un poco de ese hombre. Para su sorpresa, Harry se frenó.

-¿Qué haces?- la miró a los ojos seriamente.

-Te estoy haciendo unos mimitos...- respondió ella con voz de niñita y puso sus manos alrededor de su cuello.- ¿No te gustan?- Harry se las sacó.

-De eso hablaremos en casa. -se puso rojo.

-¿Ya la consideras nuestra?-inquirió Ginny emocionada.- ¡Buenísimo!

-No te apresures. Debemos acordar las condic...

-¡Y dale con las condiciones!- se quejó Ginny

-Dame tu mano.

-¡Sabía que te arrepentirías!- dijo Ginny contenta.

-No digas pavadas, es sólo para desaparecer.

-Oh no, odio la desaparición. ¿Por qué no vamos volando?

-¡Dame tu mano Ginevra!- Ginny sonrió y lo abrazó bruscamente, colgándose con las piernas abiertas alrededor la de la cintura.

-¡¿GINNY?! ¿QUE...?

-¡Desaparezcamos así! ¡Es mi posición favorita!- Harry se puso bordó.- No seas vergonzoso cielo y desaparece, porque no voy a soltarme...- Harry bufó y se limitó a desaparecer con la pelirroja colgada de él.

Cuando se materializaron justo en la puerta de Grimmauld Place, ella se soltó.

-Al fin llegamos.- suspiró Ginny.

-Entra.- dijo Harry, pero ella no necesitó mucha persuasión. Entró sin pudor y se dejó caer en el sofá apenas pudo. Dalma rápidamente saltó arriba de ella y comenzó juguetear.

-¡Dalma!-la retó Harry.

-¡Oh, es preciosa! ¡Qué grande está!- comentó Ginny maravillada y acariciando a la perrita.

-Tenemos que hablar, vamos a mi escritorio.- dijo Harry muy serio.

-No cielo, hagámoslo aquí...- Harry alzó las cejas.- Bueno, como quieras, sino podemos ir arriba... me dijo Ronald que tu colchón es increíble...

-¿Puedes para de pensar en sexo un poco?- se ofuscó Harry.- En media hora debo irme a trabajar así que escúchame. Esta semana tendrás el tiempo para instalarte y ponerte cómoda; la semana que viene comenzarás a trabajar.

-¿Eh? ¿Dónde?- se sorprendió Ginny.

-No lo sé.

-Harry, yo ya tengo un trabajo... y créeme que estoy bien con él.- confesó Ginny. Harry rió.

-¿A qué te dedicas? ¿A tomar cerveza?- espetó burlón. Ginny no se enojó.

-Aparte de eso - dijo - trabajo como camarera en club muggle. Aunque también van magos. Y muy lindos por cierto.

-¿Tu madre sabía de esto?- le preguntó Harry.

-¡Claro que no!- dijo Ginny- Ella no me pasaba ni una sola moneda, pero se oponía a que trabaje allí...

-Entonces buscarás otro empleo.- decidió Harry, con voz de padre rígido.

-No, estoy bien con ése, muchas gracias.- contradijo Ginny. Harry alzó las cejas.- ¿Qué? ¿¡Pretendes hacer el papel de sargento conmigo!?- lo dijo como si fuese la cosa más irrealizable y utópica del mundo.

-¿Qué crees? Vivirás en mi casa y te atendrás a mis órdenes.- advirtió Harry.

-No me hagas reír, ricura.

-¡No me llames ricura!

-¿Cómo quieres que te llame?- susurró Ginny, empalagosa. Le puso los brazos en el cuello. Harry automáticamente intentó separarla con sus manos.- Si eso es lo que eres...- rozó su nariz con la de él.- Una cosita preciosa... y qué encima tiene buen perfume...mmmm- se relamió. Harry le dio un poco de risa lo descarada que era, pero se contuvo y se la sacó de encima.

-¡No quiero que hagas eso!- se quejó.- Es la regla número uno. No me...

-¿Qué no te provoque?- rió Ginny. "Y si no lo hago, ¿cómo haré para ganar la apuesta?"-Eso es imposible...

-¡Lo harás! ¡Y mientras esté ausente quiero que cuides la casa esta semana! Y a Dalma.- exclamó enojado Harry.

-Sí, cuidaré nuestro hogar, cariño.- dijo irónicamente.- Esta noche tengo doble turno en el club...

-¿Trabajas de noche?- dijo Harry volviendo a desaprobar con su tono el empleo.

-Claro que sí. - Harry bufó.

-Me voy. Debo ir a San Mungo y volveré tarde.- tomó su maletín.- Después seguiremos hablando.

-Será un placer, hermoso.

-¿Cómo dijiste?

-Qué será un placer, hermoso.- sonrió Ginny. Harry rodó los ojos enojado y se retiró de la casa dando un portazo. Ginny tomó su celular. Dalma se subió a su falda.

-Qué amargado que es tu dueño...- suspiró despreocupada al animal.- ¿Tiffy? Soy yo. Si, pueden venir. El número doce de Grimmauld Place. ¡Es divina! Y tiene una piscina envidiable...

Harry iba ofuscado en su carro a San Mungo. Ni optó por desaparecer. La entrada quedaba en un barrio muggle, no era seguro hacer eso. El estatuto del secreto debía ser respetado. Respeto, "¡eso es lo que debe aprender esa mocosa del demonio! ¿Tiene que ser así de delicada? Todo el tiempo insinuándose. ¡Gracias a Merlín es como si fuera mi hermana! Cualquier otro tipo ya..."

Prefirió no imaginarse lo que cualquier depravado haría en su lugar. "Necesita límites y yo se los voy a poner, esa mujer no ha madurado en lo absoluto. ¡Cómo haz corrompido a Ginny, Malfoy!"

Sus pacientes ya lo estaban esperando cuando se presentó en el pasillo que antecedía a su consultorio. La mayoría eran mujeres, pero Harry estaba acostumbrado. Nunca tenía un hombre como paciente. Cómo todas las féminas inglesas, cualquiera pedía entrevistar con tal de jugar un poco con el sanador Potter. Algunas tenían serias causas pero otras solamente iban para verlo a él. Harry notaba esos detalles y los tenía que aguantar constantemente. "¡Se nota que algunas están realmente sin nada que hacer!"

Entró a su oficina tras huir e ignorar esas miradas sensuales y llenas de interés. Harry no quería saber nada con salidas con mujeres. Era un tema cerrado en su vida y por nada del mundo lo iba a cambiar.

-Helen McGonagall.- llamó Harry. La mujer entró. Estaba hablando por teléfono celular efusivamente. Hizo un gesto que la disculpara un momento. Harry ensayó una falsa sonrisa. "¡Cómo si a mi el tiempo me sobrara!", se encendió. Se sentó en su butaca. De repente, Helen comenzó a gritar...

-¿Qué yo qué? ¡Discúlpame, no fui a la que encontraste en la cama desnuda con el mayordomo, cariño! ¡Bien que disfrutaste los masajes en los glúteos de esa perra! ¿¡Ahora vienes con celos!? ¡Tienes que ser fuerte, Richard, yo lo fui cuando me pusiste los cuernos con la vecina, la peluquera y el barrio entero! Y se te ocurre hacer una lista de reclamos sólo porque me atiendo con el Sanador Harry Potter... ¿Qué? ¡Jamás dije que me calentaba, estás enfermo de la cabeza!- Harry se tomaba la cabeza. Ese no era su día.- ¡No te atrevas a decirme que amas! ¿Por qué no vas a practicar las posiciones nuevas con la peluquera? ¡Seguramente sabrá donde ponerte los ruleros, pervertido!- cortó con brusquedad- Maldito!!

-Ejem...- carraspeó Harry.- ¿Podemos empezar?

-Disculpe, señor Potter.- saludó Helen, con una voz mucho más dulce.- Es que mi marido está un poco nervioso. ¡Los hombres son todos iguales!- suspiró.

-Le pido por favor que no se repita una comunicación como esa en mi consultorio.- dijo Harry rígidamente.

-Oh, lo siento tanto.- dijo Helen, haciéndose la apenada.- Tengo tantos problemas...

-Yo no soy psicólogo.- se atajó Harry.- ¿Qué la trae por aquí? Ah, debo tomarle los datos primero...- la mujer sonrió ilusionada.- No se confunda, suelo ser responsable con mis pacientes... ¿Estado civil? ¿Separada?

-Traicionada.- contestó Helen.

-Estamos hablando enserio, señora McGonagall...- "¡Ojala todos los McGonagall fueran correctos como Minerva!", pensó Harry.

-¡Yo le hablo en serio!- se ofendió Helen- Tengo unos cuernos que me llevan a la estratosfera...

-¿Cuál es su enfermedad?- Harry estaba deseando ir al grano para despedirla.

-Los hombres. Son una epidemia. ¡Y no, no todos son iguales, pero cómo se parecen! ¡Creen que una es una tonta, que no percibe las cosas, los engaños...! ¡Como si no me hubiera percatado que mira el trasero de todas y cada una de mis amigas...!- Harry se tomó la cabeza.

-Señora McGonagall.- interrumpió.- ¿Le duele algo? ¿Qué es lo que la trajo hasta San Mungo?

-Si, me duele el corazón.- Harry la miró como para matarla.- Lo siento yo vine aquí porque...

Harry tuvo la certeza de su visita. Muchas mujeres lo habían hecho ya. Venían para verlo, para poner celosos a sus maridos, para vengarse, por una apuesta. ¡Estaba harto de su imagen pública! ¿Nadie podía ver más allá de El Salvador? "Definitivamente no", se contestó.

Ginny tomaba sol en la piscina que Harry había construido. ¡Era fantástica! Sabía que tanto Tracy como Tiff aparecerían en cualquier momento. Ginny le había encargado bebidas para pasar una tarde genial, sin hacer nada más que divertirse. "¡Esto es vida!" Se acostó con su bikini diminuta, cerrando los ojos ante el sol primaveral.

-¡Ginnix!- la llamó una conocida voz. Ginny miró. Eran sus amigas.

-¡Vengan, sabandijas!- Bromeó.- ¿Trajeron los tragos?

-¡Lo único que te importa son las bebidas!-fingió enfado Tracy, acercándose y dejando su mochila.

-Si, no me quiero imaginar cuando pierdas la apuesta...- sonrió Tiff.

-¿Quién te dijo que perderé?- preguntó Ginny.- ¡Jamás he perdido una!

-¡Esta piscina es de ensueños!-comentó Tracy.

-¿Cómo te sienta la vida en esta hermosa casa, Gin?- preguntó Tiff.- Y qué pasa con

-Todavía no hay mucho para contar.- contestó Ginny- Es un hombre difícil...- dijo pensativa.

-¡Y alegas estar segura de que ganarás la apuesta! -rió Tracy, negando con la cabeza.- ¡Definitivamente eres de lo peor!

Se sentaron al borde de la piscina y comenzaron destapar las botellas de cerveza; prepararon tragos de lo más fuertes. Bebieron toda la tarde. Cuando el reloj marcó las cinco, los sentidos de las chicas habían perdido el juicio.

-Gin- habló Tracy.- ¿Qué piensas hacer con ... el bomboncito?- guiñó un ojo.

-Seducirlo.- respondió la pelirroja- ¿no era ésa la apuesta?

-Tarde o temprano caerá- opinó Tiffany- Salvo que sea Gay.

-No es gay.- aseguró Ginny

-¡Sería un tremendo desperdicio!- soltó Tracy.- Digo... ¿han visto su trasero?

-No, Tracy, me contuve hasta el momento de pedirte permiso- dijo Tiff y largó una carcajada.- ¿Quién no le ha mirado el trasero a Harry Potter?

-Es cierto.-admitió Ginny- ¡Se lo he mirado desde que tengo once años!

-¡Mi tía Tita - apuntó Tracy, alargando las sílabas.- siempre decía que para saber el nivel virilidad de los hombres había que mirar el tamaño de el trasero!- las otras dos rieron a carcajadas.

-¡Qué mentirosa!- exclamó Ginny sonriendo.- ¿Tu tía Tita no era la vieja que vivía loca poniéndose ebria con innumerables tazas de té?

-Si.- confirmó su amiga- Pero la vieja tenía sus manías sexuales.- se tiró a la piscina haciendo un espectacular clavado.

-Claro...- dijo Tiff, hablando confidencialmente con Ginny, quien estaba sorbiendo-En vez de decirle a su marido a tenemos las dos tazas de te, le decía aquí tienes dos tetazas...-Ginny escupió la cerveza y comenzó a toser entre risas.

-¡Me hiciste desperdiciar alcohol, estúpida!- se quejó.

-¿De qué hablan? ¿Manías sexuales de mi tía Tita?- Tracy había asomado la cabeza por la superficie. Tiritaba. Salió y se envolvió con una toalla.- Si quieren les puedo comentar algunas...

-¡Preferimos no saberlas! - Dijo Tiff con cara de asco.- Sírveme un trago, Ginnix.

-Oh Merlín, ¿Qué hora es?... ¡Si Harry me encuentra ebria me matará!

-¡Pero si no estás ebria!-ironizó Tiffany.

-Me parece que Ginny quiere ver al divino...

-No, no quiero verlo. Es una pesadilla. ¡Cero diversión! Todo el tiempo con esa cara de freezer...

-Con la carita deliciosa que tiene...- se relamió Tracy.

-Sigo pensando que la apuesta es algo demasiado fácil para Gin- se impuso Tiffany.- ¡El hombre no es de madera! Si te le insinúas, caerá...

-¿Quieres decir que la apuesta me será muy fácil? ¿No estabas segura de que perdería?- murmuró Ginny, enarcando las cejas.

-Bueno...- dijo Tracy.- Tiffy tiene razón...

-No me llames Tiffy.

-...por lo que deberíamos redoblar la apuesta...

-¿Qué? ¡Eso no es legítimo!- demandó Ginny.

-Vamos, nunca fuimos legítimas.- aseguró Tiffany.

-¿Qué proponen?- preguntó Ginny, un poco cansada de las trampas de sus amigas.

-Que lo enamores.- pero fue Tracy quién contestó.

-¡No jodas!- exclamó Ginny.- ¿Piensas que Harry se enamoraría de mi? No lo hizo cuando éramos niños, no va a hacerlo ahora; además sería algo patético...

-Prefiero que te ocupes de eso, antes de que vayas a perseguir a Draco.- se sinceró Tiffany. Tracy levantó la mano.

-Coincido.- dijo

-¡Lo único que me faltaba!- se ofuscó Ginny, y metió un pie en el agua.-Está helada...

-Dímelo a mí.- se compadeció Tracy.- Debería pedirle a tu niñero que te instale un shakuzzi.

-¿Aceptas redoblar la apuesta?- preguntó Tiff.

-¿Acaso tienes miedo, Ginnix?

-¡Claro que no!- exclamó Ginny.- Estoy mareada.

-También yo.- dijo Tiff.- ¿Aceptas?

-¡Te pones pesada cuando estás ebria!- se quejó Ginny; salió de la pileta. Puso sus rodillas, acurrucándose. Sus amigas la miraban expectantes.- ¡Por supuesto que acepto!

-¡Así se habla!

-Ahora deben irse...- dijo Ginny nerviosa.- Quizá Harry vuelva...

-¿Ya nos estás echando? - se ofendió en broma Tiff.

-Fea la actitud.- sonrió con ironía Tracy.- Esta noche debemos trabajar en el club...

-Claro.- solo dijo Ginny. No sabía qué le pasaba, pero que desde redoblaron la puesta tenía un peso en el estómago. Aunque quizá se debía a la gran cantidad de alcohol bebida.-Esperemos que Potter tarde un poco. -Suspiró Ginny- Presiento que así lo hará porque...- Ginny no terminó de decir lo que pensaba, porque el auto de Harry estacionó en el garage.- ¡Rayos! Deben irse...

-¡Siempre fuiste buena en adivinación!- dijo con sarcasmo Tracy.

-¡Carajo, no te eximiste ni por puta!- rió Tiffany.- ¡Eras desastrosa!

-Huyan de aquí...- les pidió Ginny- Será mejor que no vea las bebidas...- movió la varita y éstas desaparecieron. Sus amigas la miraron.- Vayan...

-No creas que queremos quedarnos ver cómo te reprende Potter...- sonrieron sus amigas. Se tomaron de la mano y desaparecieron.

En ese momento Harry se bajaba del coche con aspecto cansado. Traía un maletín. No parecía haber visto a Ginny en el jardín. Ella sonrió. Estaba realmente atractivo con su traje de sanador. Se mordió el labio. ¡Era hermoso! Estaría bien jugar un poco...

-¡Harry!- lo llamó y se paró en luciendo su bikini. Harry quedó serio y parado mirándola.

-¿Qué haces aquí? ¿Has cuidado de Dalma?- le preguntó.

-Claro que si, pichoncito.- replicó Ginny.- Está durmiendo en mi habitación...

-No me llames pichoncito.

-Oh, no seas aburrido. Ven, aprovechemos la tarde aquí en la piscina... ¿Qué te parece?

-Que mejor me voy a duchar.- contestó él, parco.- Necesito descansar, ha sido un día terrible.

-¡Te sacaré el estrés que tienes!- exclamó Ginny

-No... - Ginny comenzó a arrastrarlo hasta el borde de la pileta.- ¿QUÉ HACES?

-Intentado alegrarte un poco, corazón; tienes que hacer cosas para salir de la rutina, comprendes...

-NI SE TE OCURRA- Harry había adivinado los macabros pensamientos de la pelirroja.

-Esto te gustará.

Comenzaron a forcejear en el borde; Harry tiraba para el lado del césped, en cambio Ginny tenía toda la intención en caer en la pileta. No obstante, el morocho le ganaba con su fuerza y no podía lograr su cometido. La tomó de la cintura para alejarla, pero Ginny se zarandeaba con el claro propósito de que cayeran en el agua.

-¡No, no no!- decía a grito pelado.

-¡Eres una atrevida! ¡Una loca! ¿Cómo piensas que puedes...?

-Espera, Harry está bien...- lo frenó Ginny- Debemos hablar.- fingió una repentina tristeza- Mira yo...tengo que hablarte- Harry se frenó y la miró.

-Mejor hablemos adentro. No quiero que andes...- los ojos verdes no pudieron evitar pasearse por las curvas de Ginny- así, delante de mí. Podría venir Ron y pensar cualquier cosa...

-¿Qué? ¿Ron? No...- Ginny lo miró a los ojos. Miró que el borde estaba muy cerca. Lo tomó de la cintura y con apenas hacer un movimiento de fuerza, Harry cayó al agua. Pero él, que tenía adquiridos unos excelentes reflejos, le tomó la mano para que ella cayera con el.

Sacaron la cabeza afuera.

-¡VOY A MATARTE, PENDEJA DEL DEMONIO!- gritó Harry, pero no pudo dejar escapar algo de risa en el insulto. La situación era realmente graciosa.

-No te enojes mi bello sanador... - le decía Ginny sonriendo. Luego comenzó a toser. Tenía que nadar porque habían caído en la parte onda. Harry la tomó del brazo para que pudiera respirar mejor. Ginny se volteó y tuvo una idea mejor. Tomó el cuello de Harry. Rozó su nariz con la de él. El sol de ese atardecer de verano le daba en los ojos, haciéndolos brillar. Ginny había quedado hipnotizada. Pasó una lengua por sus labios respirando entrecortado. La boca de Harry era una tentación, más allá de cualquier apuesta...

Harry sintió cosas muy raras. Sin darse cuenta tenía las manos en la cintura de Ginny. Sentía como si unas mariposas le revolotearan en el estómago. Esa sensación lo asustó. El rostro de Ginny era tan dulce, sus ojos eran expresivos, parecían tallados a mano... Nunca había visto tal detalle de ellos. Vislumbró tristeza y dolor. Ginny no era alguien feliz, por mucho que aparente...

Por primera vez en su vida, Harry notó cuán hermosa era. Ni siquiera pudo hablar.

-Bésame.- le susurró Ginny, rozándole los labios con los suyos.

Con la misma euforia de mis sueños;

Capitulo 2

¿Objetivo inalcanzable?

He declarado mi vida en soledad.

Harry no daba crédito a sus oídos. No, seguramente había oído mal. Sonrió con una mueca demente. La señora Weasley alzó las cejas.

-Harry, ¿te encuentras bien?- preguntó

-Por supuesto que sí.- contestó- Solamente que no puedo entender cómo piensan dejar a Ginny en un reformatorio muggle. La chica está un poco desviada, es cierto, pero no pueden abandonarla allí, tiene algunos defectos pero...

-¡Harry!- cortó Molly- ¿Qué estás pensando? ¡Jamás dejaría a Ginnix... digo a Ginny... en un reformatorio de los muggles!

-Entiendo que le preocupe el estado de su hija.- concedió el moreno.

-¿El estado de Gi...?- Molly suspiró- Lo que más preocuparía en ese caso, sería la salud mental de los pobres que se encarguen de ella.

-¿Qué harán entonces?- preguntó, volviendo a temer la respuesta.

-No podemos llevarla- comenzó la señora Weasley- Haría un desastre en las pirámides e incitaría a todos los egipcios a beber vino tinto hasta el amanecer.

-Entonces deberá quedarse con Ron y Hermione aquí- dijo Harry, como descartando posibilidades.

-Ron y Hermione no podrán vivir con Ginny.- soltó Molly enseguida. Harry la miró extrañado.

-¿Por qué no puede?

-Hermione está embarazada, Harry.- contestó la señora Weasley, a lo que Harry abrió los ojos muy grandes.

-¿Qué?! Si Ron ni siquiera se animaba a proponerle matrimonio!! Son unos inconscientes!- se descargó- ¿Cómo es posible que no hayan pensado las consecuencias de traer un hijo al mundo?

-Se que Ron y Hermione son dos niños... Las cosas ya están hechas, Harry. Ellos van a ser padres y... ¿te los imaginas si viven con Ginny?- Harry se tomó la cabeza.

-¿Qué propone entonces? -preguntó preocupado. Algo le decía que la conclusión de aquella charla sugería una idea que agotaría su tranquilidad.

-Ese es el motivo por el que te cité aquí, Harry.- dijo compungida la madre de Ron.- Quería pedirte si no pudiese quedarse contigo, en tu casa.

-¿QUÉ? DISCÚLPEME, ¿¿SE HA VUELTO LOCA??- Harry se levantó dispuesto a retirarse.

-Espera, Harry escúchame...

-No, Molly, yo les guardo mucho aprecio pero no puedo hacer lo que me pide. Ginny es una persona completamente opuesta a mí y la convivencia sería una guerra...

-Sólo serán ocho meses...- intentó persuadirlo Molly, pero no fue buena idea puntualizar el tiempo... "¿Sólo?", Se envenenó Harry. Se levantó comenzando a buscar las palabras justas para decir... fue hacia la ventana para no mirar los ojos de Molly

-Señora Weasley, Ginny no es ninguna nena. Creo que puede cuidarse sola perfectament...- vio a Ginny desde la ventana de la cocina abriendo su cuarta cerveza de la tarde. Corrió las cortinas para intentar convencerse de su propio argumento. Molly le tocó el hombro por detrás.

-Harry, no debes preocuparte.- dijo llorosa- Nosotros veremos cómo hacemos. Quizá lo mejor sea que Arthur no acepte el puesto teniendo a Ginny tan fuera de sus casillas...

Harry sintió que su estómago daba un vuelco. Arthur dejaría una oportunidad única de trabajo porque él se negaba a ayudarlo; se sintió entre la espada y la pared.

-Señora Weasley, ¿cuánto hace que Ginny se comporta así?- preguntó con curiosidad.

-Desde hace cinco meses cuando Draco Malfoy la dejó.- contó Molly. Harry bufó.- Se muy bien que todos le advertimos la clase de persona que era; pero Ginny nunca entró en razón y la terminó usando. De ahí en adelante Ginny ha cambiado mucho. Creo que quiere hacerse la que no le importa nada, fingir superación. De todas maneras, tengo la certeza de madre que sufre demasiado...- derramó más lágrimas. Harry respiró hondo: ¿qué debía hacer?

-No sé que decirle.- musitó preocupado. - Es que no sé si puedo hacerme cargo de Ginny, creo que me volvería loco desde los primeros quince minutos de convivencia.

Molly rió y Harry intentó una sonrisa sin mucho éxito.

-No te preocupes.- dijo convencida- Hablaré con Arthur para que no acepte el empleo en Egipto. -Molly bajó la cabeza, angustiada.- Ahora si quieres puedes seguir trabajando cielo... Gracias por haber venido.

Harry sintió un vacío y un pesar por Molly que hace tiempo no percibía. Los Weasley lo habían ayudado, habían sido su familia desde siempre y por primera vez sentía que les estaba fallando al negarse a colaborar... "Pero Ginny no es la misma que antes, es una desviada, una loca... ¿cómo podré hacer para controlarla? Ni siquiera aceptaría la formalidad de poner normas de convivencia, horarios de llegada, de comida, los usos del baño, las horas de sueño..." Sin duda, Harry pedía demasiado para la nueva Ginny.

De repente, un sujeto pelirrojo y con unos jeans poco discretos irrumpió en la cocina. Ginny encontró a Molly y a Harry con un aspecto de velorio total.

-¿Ustedes son siempre así o practican los días lunes?- preguntó con una risotada. Molly la miró de manera reprobatoria.

-Ginny, te pido por favor que no seas irrespetuosa.

-¡Solamente fue una simple pregunta!- se exasperó la aludida.- ¿Se puede saber de qué hablaban?

-Le cometaba a Harry el puesto de tu padre en Egipto.- contestó la señora Weasley.

-Oh, que diversión.- guiñó un ojo a Harry.- Con respecto a mí, no te preocupes má. Creo que me quedaré en la casa de Jeff.- Tanto Molly como Harry abrieron los ojos.

-¿Jeff es tu novio?- preguntó el de la cicatriz.

-¿Novio?- rió Ginny- No, Harry, es mi amigo. - Suspiró- Aunque es importante puntualizar que la nuestra es una amistad bastante... ¿cómo decirlo? Particular. Si, ésa es la palabra indicada...

-Ginny, por favor, no molestes a Harry con tus cuentos...- la reprendió su madre.

-No son cuentos.- repuso ella, convencida- Es una amistad particular. Mi madre no me cree nada de lo que digo, Harry- le explicó

-¿Qué quieres decir con eso de "amistad particular"?- preguntó Harry.

-Que somos amigos con derecho al roce.- sonrió Ginny orgullosa.- Es una amistad cómoda, tendrías que probarla Harry. Se llama liberalismo sentimental. - Molly se tomó la cabeza.

-¿Estás loca?- preguntó el morocho.- ¿Cómo puedes estar con un tipo que ni siquiera conoces...?

-Lo conozco muy bien. Hasta te diría demasiado.- debatió Ginny, sacando jugo de calabaza y sirviéndose.- Además, no es asunto tuyo.

-Basta Ginny.- dijo la señora Weasley- Harry está apurado y debe ir a continuar su trabajo en San Mungo...- Ginny se encogió de hombros, restándole importancia al trabajo de Harry.

-No, señora Weasley...- interrumpió Harry.- Creo que acepto la propuesta que me hizo...- El mismo Harry se sorprendió que ese juego de palabras haya salido de sus labios. Fue tarde cuando se arrepintió.

-¿En serio? ¿De verdad, hijo?- Harry asintió, pensando que estaba poniéndose la soga al cuello- Gracias, siempre has sido un hermano para ella, estoy tan contenta... - lo abrazó.

-¿Se puede saber de qué hablan?- preguntó Ginny- Me cansa tanta cursilería.

-Siéntate.- dijo su madre- Harry y yo tenemos que hablar contigo.

Le comentaron los planes y Ginny en un principio se quedó callada pero luego... comenzó a reír a carcajadas... Harry puso cara de disgusto. "¡Atrevida!"

-¿Qué parte de lo que decidimos te parece gracioso?- inquirió.

-La verdad... - volvió a reírse estruendosamente- no lo sé... es todo tan pero tan ridículo... ¡imagíname viviendo contigo!

-No es ninguna broma, Ginny- le dijo su madre severamente.- Vivirás con Harry durante los ocho meses donde nos ausentaremos. ¿Entendido?

-Si, entendí. Pero nadie me preguntó mi opinión. Yo no pienso vivir con un amargado como éste- señaló a Harry con la mirada.

-Ginevra, no te atrevas- la retó su madre.

-Prefiero quedarme con Jeff- siguió Ginny, haciendo caso omiso a la reprimenda de Molly- Por lo menos algún roce tendré...- Molly volvió a tomarse la cabeza. Harry la miró.

-Señora Weasley- dijo- ¿me podría dejar a solas con Ginny un momento?

-Si, déjame sola con el Elegido. - Coincidió Ginny- Quizá lo desinhibo un poco- guiñó un ojo.

-¿Estás seguro?- le preguntó Molly a Harry.- Mira que ésta es una maleducada...

-Sobreviviré.- sonrió Harry amargamente. Ginny bufó.

-Estaré afuera con Tiffany y Tracy- dijo la señora Weasley- Si me necesitan...- se fue tras lanzarle una mirada de advertencia a su hija.

Harry y Ginny quedaron solos.

-Vas a escucharme atentamente.- empezó Harry con formalidad.- Si acepté esta locura es solamente porque veo que tu madre está destrozada por tus nuevos hábitos insalubres.

-Potter, no te metas en los problemas entre mis desastres, mi madre y yo...

-No me interrumpas- la atajó él, comenzando a enojarse- Vivirás en mi casa pero quiero hacerte saber que no llevarás la vida de holgazana que tienes aquí...

-¡TÚ NO VAS A IMPONERME NADA!- Gritó Ginny enojada y se levantó dispuesta a irse.

-¡No grites!- Harry la tomó del brazo. Ginny lo miró y rodó los ojos- Siéntate. No hagamos esto más difícil del lo que ya es...

-¡No pienses que estoy saltando en una pata por la maravillosa idea de mi madre de mandarme a vivir con un amargado como tú!- exclamó Ginny enojada. Harry le dio la razón en sus adentros.

-Yo tampoco estoy feliz por eso; creo que nos tiraremos con sillas al segundo día.- confesó

Ginny rió con sarcasmo.

-No me quepa ninguna duda- dijo - pero prefiero tirarte las banquetas que tienes en la cocina... Sentirás algo más de dolor.

-Solamente serán ocho meses. - Siguió Harry- Después no tendremos que vernos la cara nunca más y será un alivio para ambos, ¿comprendes?

-¿Por qué te sometes al castigo de hacerte cargo de la desviada hermana de tu mejor amigo...?

-¡Porque soy una persona de principios y porque tu madre está sufriendo por tu actitud de niña rebelde!

-Tus principios no son hacer cosas engorrosas, como cuidarme... -Ginny encomilló con exageración esa última palabra.- Hazlo si lo sientes, no por compromiso...

-Mientras estés en mi casa no harás los desastres que te permiten hacer aquí, ¿me escuchaste?- advirtió Harry

-¿Quién te dijo que acepté ir al sarcófago donde vives?

-Eres imposible Ginny... ¿no te das cuenta que lo hago porque tu padre puede perder una oportunidad de empleo ya que no tienen con quien dejar a su inmadura hija que encima, ya es mayor de edad?

Eso surtió un efecto de culpa en Ginny. Bajó la cabeza. No quiso mostrarse débil ante Harry. El no se ablandó ni por un instante: era hora que Ginny comenzara a madurar un poco. Se levantó.

-Si quieres seguir preocupando a tus padres, allá tú.- dijo convencido.- Pero si por primera vez pretendes ayudarlos ven el sábado a las diez a mi casa para hablar conmigo acerca de nuestra convivencia...

Salió de la cocina dejándola sola con sus cavilaciones.

Los días posteriores a esa charla fueron los que Ginny ocupó intentando pensar en sus conveniencias. Por un momento había sentido pesar por la nueva vida que llevaba y los inconvenientes que ésta estaba causando a sus seres queridos. ¿Qué debía hacer? ¿Vivir con Harry durante ocho meses? Ginny pensaba y analizaba cada beneficio y cada parte perjudicial, procurando que ningún detalle se le escapara y su mente perversa no dejaba pasar ni hasta el más macabro de ellos... "Vivir con Harry. ¡Wow! Vivir con Harry Potter... (Si me lo hubieran preguntado a los quince años...) ¡Un momento! Esto es una oportunidad única, Ginnix! Claro, ya que podría tener una muy buena rentabilidad... Imagínate Ginnix, vender fotos a sus admiradoras, a sus pacientes... De paso podría sacarle fotos indiscretas, sería un boom... " Rió para sus adentros. Por un lado, la muchacha pensaba que no sería una mala opción vivir con Harry. A pesar de que era insoportable, estaría todo el día trabajando y ella podría utilizar la casa a sus anchas y hacer fiestas con Tracy y Tiffany... ¿Qué tendría de malo eso? Nada. Sonrió.

-¡Ginnix!- Exclamó Tracy, enojada- ¿Se puede saber en qué porquería pasa por tu cabeza para que tengas esa cara de idiota?

-Draco Malfoy.- contestó Tiffany burlona.- ¡Deja de amargarte por ese baboso!

-No pensaba en Malfoy- atajó Ginny.- Déjense de pavadas.

-¿Qué hacemos esta noche?- inquirió Tracy. Ninguna contestó- ¡Vamos, es sábado! Tenemos que organizar alguna fiesta...

-Es cierto.- concedió Ginny, solo para no aguantarla quejándose- De todas maneras, en casa no se puede... mis padres están ultimando los detalles para el viaje y Ron y Hermione comienzan a instalarse allí...

-¿Vivirás con tu hermano y con Hermione?- preguntó Tiff, anonadada- ¿O aceptarás la propuesta de tu madre...?

-¿Cuál es la propuesta...?- empezó Tracy, pero Tiffany se llevó el pulgar a la boca para que se callara. Ginny las miró y dijo:

-Me quedaré a vivir en la casa de Harry- las otras dos abrieron los ojos muy grandes.- El lunes hablaré con él.

-¿No debías ir esta mañana?- se extrañó Tiffany.

-No, le mandé un mensaje de texto avisándole que hablaremos el lunes cuando vaya a instalarme...- contestó Ginny- No tengo ganas de arruinarme un sábado...

-Disculpen- interrumpió Tracy- ¿Me parece a mí o Ginnix va a vivir con el bombonazo salvador?

-No creo que sea algo para festejar- dijo Ginny segura- Es el tipo más aburrido que conocí en mi vida. Creo que en vez de leche, le daban biberones de limón concentrado...

-¿Tan amargo es?- preguntó Tracy y luego rió.- ¡Vamos, Gin, sácale la tristeza de esa hermosa carita...!

-No seas tonta, Tracy- musitó Tiffany con falsa ironía.- Ginnix no se atrevería a seducir con demasiado descaro a Potter... ¡fue su primer amor!- hizo un movimiento exagerado con las pestañas.

-No me hagan reír... - intervino Ginny- ¿A qué no me atrevería a estas alturas?- les preguntó Ginny, como si tuviese noventa años y ya hubiera vivido todo.

-A seducir a Harry- contestó Tiff sonriente- ¡Siempre le tuviste algo de miedo! ¡Admítelo, Ginnix!

-Coincido con Tiffy.- dijo Tracy.

-¡La próxima vez que me llames Tiffy te cocinaré tus cabellos de trigo artificiales en el horno de Molly!- advirtió la morocha. Tracy le sacó la lengua y Ginny rió.

-Qué miedo!- repuso Tracy con sarcasmo.- ¿Qué más me harás?

-Le daré un beso de lengua al primero que te caliente esta noche. ¡Acuérdate de decirme quién es!- las dos rieron fuertemente. Ginny negó con la cabeza.

-Perdón, ¿no estábamos hablando de una próxima apuesta?- preguntó cansada. Tracy dejó de reírse y la miró sorprendida.

-Entonces, ¿aceptas el desafío de hacer caer en tus sábanas nuestro estructurado amigo Potter?

-Por supuesto. No suelo echarme para atrás- contestó Ginny.

-Perderás- aseguró Tracy con alegría.

-¿Qué apostamos?

-¡Nada de cervezas ni bebidas!- se atajó Tiff. - Algo que de verdad le duela a Ginnix.

-Qué perra.- dijo Ginny- ¿Quieres que hagamos la carretilla tomando vodka? La última vez gané...- recordó Ginny grandilocuente.

-¡Ganaste porque cambiaste con tu varita el contenido del Vodka muggle por agua con sabor a toronja!

-Y la última vez que lo hiciste sin hacer trampa, - habló Tracy- dejaste manchada con vómitos la alfombra griega de mi madre... ¡encima era voladora! De más está decir que ahora la usa mi perro...- Tracy lo dijo más con nostalgia que con reproche. Ginny y Tiff reían a carcajadas.

-No recordaba ese día.- dijo Ginny divertida.- Pero me he divertido muchísimo...

-En fin, - dijo Tracy impaciente.- ¿cuál será la prenda de Ginny si Potter no le toca un pelo durante estos ocho meses...?

-¡No se vale!- se quejó Tiff- ¡En ocho meses ese morocho no se negará! A menos que sea Gay.- Ginny rió.

-No estamos hablando de Jeff, que piensa con el bulto en vez de usar el cerebro.-recordó razonablemente- No, Harry no es ese tipo de hombres. Sus principios no lo dejarán que me toque un solo pelo... De todas maneras si lucho, sus hormonas no podrán resistirse...

-Entonces, ¡la prenda será que dejes de fumar y tomar alcohol por tres meses!- Ginny palideció.- Ah, veo que no te gustó la idea... ¡sabes que perderás!- la acusó Tiffany sonriendo. Ginny levantó la mano.

-Es un trato. Dejaré de fumar si no logro tener sexo con Potter en estos ocho meses...

-¡Y de tomar!- recordó Tracy.

-Y de tomar- concedió Ginny y en ese momento sus tripas bramaron exigiendo un Daiquiri de frutilla - En definitiva, seré la niña buena de antes que todos tanto extrañan...

Las tres amigas juntaron sus manos. La apuesta estaba hecha y el reloj de arena, comenzaba a girar. Ginny sonrió. Podría ganarla.

Harry, Ron y Hermione desayunaban en las tres escobas la mañana de ese sábado, como en los viejos tiempos. Hacía al menos unas horas había recibido un mensaje de texto de Ginny que quería llevarse a la tumba. Con el único fin de dejar de pensar, miró a sus amigos. La pareja de enamorados estaba algo nerviosa: sentían culpa porque Harry se había enterado por Molly que en nueve meses serían padres. Harry por su parte, se sentía ofendido. Le hubiera gustado escuchar la noticia de la boca de sus amigos. Además, le parecía algo extraño que Ron se hubiera retrasado en pedirle matrimonio si no juntaba el valor para pedirle a la castaña que se casara con él. "Es un irresponsable, después de hacer el amor con ella, sabiendo lo que podría pasar, debió decirle que se casen enseguida. Encima ahora sabe que va a tener un hijo y toma cerveza de manteca como un idiota, sin pensar que ella necesita cariño... ¡Pobre bebé!" Harry trabajaba su mente a toda máquina. Decidió tomar la palabra porque de lo contrario, sus cobardes amigos no lo harían nunca.

-Gracias por darme las buenas nuevas.- dijo en tono ofendido.- ¡Nunca creí que me enteraría por Molly!

-Harry, lo sentimos mucho- suspiró Hermione.- Es que Ron no quiso decir nada. Tenía miedo que mi padre lo agarre a escobazos...

-¡No es cierto! Jamás me imaginaría que tu padre me saque a escobazos. Hasta donde yo sabía las escobas son para jugar al Quidditch- se defendió su novio, más colorado de lo normal.

-¿Y ya le dijeron a tu padre?- preguntó Harry.

-Si, Harry- terció su amiga.- Si quieres ver la gran puntería que tiene papá, solamente observa el trasero de Ronald...- tanto Harry como Hermione rieron estruendosamente en medio de las efusivas quejas de Ron. Cuando dejaron de reírse, Harry retomó la palabra.

-¿Tu padre era bateador?- quiso saber.

-Era un muggle. ¿Tomaste la medicación?- bromeó Hermione. Harry se golpeó la cabeza mientras Ron se vengaba riéndose esta vez.

-Oh, cierto...- Harry se restregó los ojos- Estoy un poco cansado, lo siento

-Por cierto Harry, tú tampoco nos contaste que vivirás con Ginny estos ocho meses.- reclamó Ron.- Y también nos enteramos por mi madre.

-Fue una idea de ella.- se defendió el morocho- No sé que haré cuando Ginny me arme una de sus festicholas en casa...- Hermione rió.- ¡No te rías! ¡Eres una egoísta, yo debo lidiar con esa desviada que sale desnuda por ahí!

-No llames exhibicionista a mi hermana, Harry - lo reprendió Ron.

-¡Es una desviada!- repitió Harry.

-Bueno, eso sí que es cierto... - admitió Ron

-¿Me ayudarán con ella?- fue más una súplica que una pregunta. Ron y Hermione suspiraron.

-¿Qué quieres que hagamos?- inquirió el pelirrojo.

-Muchas gracias Ron- dijo Harry enojado.

-Tengo ganas de comer pizza y luego un café con leche con uvas...- habló Hermione sobándose el estómago.

-¿Ya tienes antojos?- se extrañó Harry. - No deberías comer mucha grasa, sino alimentos ricos en proteínas ya que...

-¡Ha comido toda el racimo de tu vecina!-recriminó Ron y miró a su novia- ¡Encima lo robaste!

-¡Yo no robé nada! Solamente lo tomé presado. Tengo hambre. ¿Entiendes? Nuestro bebé necesita alimentos y no un padre que lo haga morir de inanición...

-Ejem, ejem...- terció Harry- Estábamos hablando de mi, ¿recuerdan? ¡Tu hermana me mandó un mensaje de texto para avisarme que nos encontráramos el lunes y no hoy! ¡Qué desorganizada!

-Los sábados son sagrados para Ginny- le explicó Ron bastante despreocupado- Jamás resignaría uno de ellos para reunirse contigo (por supuesto, yo tampoco resignaría uno). Debe estar con sus demoníacas amigas planeando robarle los calzoncillos a algún buen mozo e inocente hombre...

-No quiero más detalles.- cortó Harry con mal humor.

-¿Qué escribió en el mensaje Ginny?- preguntó su amiga. Harry le buscó en su celular y se lo dio. Hermione sonrió: se dio cuenta que su amigo no era capaz de leerlo.- ¡Hola Harrix! - Leyó Hermione riendo - No me esperes porque me quedo tomando algo en la casa de Tracy, que por cierto te manda besotes en donde más te guste. Dice que la camisa del otro día te favorecía en lo absoluto, aunque en mi opinión ese pelito con gel es lo que te hace irresistible... (Mmmm) - Ginny no se había molestado en ahorrar onomatopeyas- Tiff está pensando en apostar con Ludo Barman tu orientación sexual, pero le dije que no hacía falta ya que alguna mañana lo comprobaré yo misma, aprovechando el reciente suceso que viviremos juntos. - Ron casi escupe la cerveza de la risa, pero se contuvo a tragar y reír fuertemente- ¡Nos vemos el lunes, hermoso! Ginnix.

-¿Ves? ¡Es una desubicada! ¿Cómo puede decirme Harrix?- se quejó Harry colorado.

-Me extraña, porque no te escucho protestar por la curiosa desición comprobar tu identidad sexual- apuntó Hermione riéndose.

-¡Callate!- espetó Harry mirándola severamente. Ron soltó una carcajada.

-A Ginny le encanta avergonzarte.- recordó.

-Por lo menos ayúdenme a que se comporte un poco mejor- pidió Harry.

-No creas que podemos hacer mucho Ginny, ella no nos presta atención...

-Qué gran consuelo.- soltó Harry.- Creo que me iré a mi casa a disfrutar mis últimos días de paz. El lunes Ginny vendrá a darme vuelta la existencia.

-¡Espero que las próximas horas sean las mejores de tu vida!- le deseó Ron sonriendo.

-No seas tonto mi vida, seguramente lo serán.- siguió Hermione. Harry tomó su maletín.

-Gracias por su "ayuda"- dijo apagado.

-De nada Harry y mándale saludos a Dalma...

-Serán dados.

Harry llegó a su casa y se tiró en el amplio sofá. Estaba agotado y le quedaban solamente 48 horas de tranquilidad hasta que Ginny se despidiera de sus padres y luego se instalara en el Nº 12 de Grimmauld Place.

Sin planearlo, se acordó de Ginny con sus Hot Jeans. Sonrió con descaro. (Luego borró la sonrisa, avergonzándose por recordar el blanco trasero de Ginnix) ¡Esa pelirroja si que se las traía! "Es de armas tomar. Tendré que ser duro con ella para poder enderezarla... Quizá Molly y Arthur se encontrarían con una sorpresa... Una hija completamente rehabilitada, la Ginny que era antes... Ellos se merecen que los ayude, hicieron mucho por mi, son mi familia..." Harry pensó que tenía la ventaja de ser sanador así quizá podría ayudarla de mejor manera. Una posibilidad era darle trabajo en su oficina, así la mantendría ocupada... "¡Un momento! - se interrumpió internamente Harry - No, en mi oficina, no. Tendré que conseguirle otro lugar para que destroce... "

De repente, algo húmedo tocó los dedos del pie; era su perrita caniche llamada Dalma.

-Hola cariño.- le tocó afectuosamente la cabeza.- ¿Sabes que ahora seremos tres en esta casa? - Sonrió- Tal vez Ginny no sea la mujer abnegada o sacrificada que sea capaz de hacerme la limpieza como Dobby, pero... ocupará mi mente un rato para no pensar tu dueña... La extraño mucho, ¿sabías?... ¿Tu también? -respiró hondo- Por suerte me hice cargo de ti...

Harry se durmió con el pensamiento de que Ginny podría ser una prueba inesperada de su camino. Ayudarla a cambiar conformaría un verdadero objetivo en su vida.

Con la misma euforia de mis sueños;

Capitulo 1

Un tapón de oídos

No escuché al corazón si borré de mi memoria el recuerdo de tu voz.

Se podía decir que Harry era feliz, desde algún punto de vista. A sus 22 años la vida le sonreía en lo absoluto. Había cambiado bastante después de algunos sucesos inoportunos en su vida. El morocho ya no llevaba el pelo alborotado sino tirado para atrás con gel. Se había transformado en un hombre estructurado, organizado y rutinario. No admitía salirse de las reglas. Muchas cosas habían colaborado para que la personalidad de Harry vire de esta manera.

Los dolores a los que había sobrevivido permanecían dentro de un baúl hermético que Harry no pensaba volver a abrir. Jamás en esos años su voluntad se doblegó a favor de permitirse deshojar recuerdos tan insatisfactorios. Prefería pensar en el ahora para calmar las culpas del pasado. Y su tranquilidad era el arma perfecta para no subsistir a los percances de la memoria… "porque la memoria era una trampa, tanto como el olvido…". Era una frase que la hermana de su mejor amigo tenía pegada en su cuarto y a decir verdad, la única que se asemejaba a la coherencia extrema con la que Harry manejaba su vida…

Harry era un hombre orgulloso. No tenía mucho sentido del humor y había perdido el gusto por la fiesta y las mujeres. En general, la raza femenina, era un poco repudiada por sus adentros, pero nunca lo admitía públicamente. La faceta sentimental de Harry era nula y carente de acción. Hacía tiempo que no le interesaban las relaciones amorosas ni nada por el estilo. Mucho menos estaba de acuerdo con relaciones ocasionales, pensaban que eran vulgares y vacías, por lo que decidió llevar una vida sólo. Las malas experiencias lo habían ayudado a comprender que traía demasiados problemas estar en pareja.

Su situación económica era muy buena ya que se desempeñaba de manera óptima como sanador en el Hospital de San Mungo atendiendo. Sin embargo, seguía teniendo relación con sus mejores amigos de Hogwarts: Ronald Bilius Weasley y Hermione Jane Granger. Ellos salían desde hace un tiempo, aunque no estaban casados: Ron temía que Hermione no aceptara la propuesta y por cobarde, no llegó a hacerla. En definitiva, esas peleas, diferencias de criterio o como quieran llamarle, a Harry no le importaban.

Esa mañana tenía un día ajetreado en su oficina y no podía ocuparse de inconvenientes ajenos.

Miró su agenda muggle con curiosidad. Detallaba todas las actividades del día con extraña prolijidad y detalles impensados. Por ejemplo, la primera cita de esa mañana era:

"Alice Parkinson, peso y estatura normal. Síntomas de vómitos, mareos y náuseas. Posible embarazo, y continuo mal humor. Soltera, quizá sufra de una tristeza porque su marido la dejó…"

La prolijidad de la agenda de Harry era algo que sus amigos llamaban "obsesión insalubre al trabajo". Sin embargo, el sanador Potter, no le daba importancia a las opiniones de Ronald y Hermione.

Se levantó y salió de su oficina para llamar a la paciente.

-Parkinson.- una mujer sonriente levantó la mano.- Adelante.- la invitó a pasar con voz neutral. Alice se sentó.-Cuénteme cómo ha evolucionado su estado de nauseas.

-Siguen sin parar.- dijo la mujer con gesto de asco.

-El período menstrual, ¿todo en orden?- inquirió Harry, muy analítico.

-No, me viene a chorros.- Harry frunció la boca ante ese comentario.

-Le pido por favor un poco de sutileza.- sugirió algo molesto.

-Vamos, usted es sanador, no se sorprenderá.- dijo la mujer, muy segura y sonriendo.

-¿Ha hecho un test muggle de embarazo?- Alice lanzó una carcajada sin igual.- Disculpe señorita, pero ¿qué le parece gracioso?

-Su sospecha de embarazo.- rió la mujer- Es tan…

-¿Qué tiene de malo?

-¿De quién quiere que esté embarazada?- dijo sin parar de reírse Alice.- Usted es muy chistoso, Harry Potter…

-¡Estamos hablando en serio!- se quejó Harry, harto de las risas.- ¿Por qué no puede estar embarazada?

-Porque mi novio no me toca un pelo hace meses.- contestó Alice, sin pudor. Harry alzó las cejas por segunda vez.- Ah! Ya sé lo que está pensando. Pero no, no estuve con otro…

Harry enrojeció.

-Nunca sugerí eso, señorita Parkinson.- espetó.- Debe tener alguna gastroenteritis.

-Bueno, no me quejo, es mejor que un bebé, ya que creo que me echarían de mi casa.- soltó la mujer.

-¿Usted vive en su casa?- preguntó Harry anonadado.

-Si, mis padres me mantienen.- Alice no mostraba nada de vergüenza- Sé que estoy grandecita, pero no he encontrado ninguna vocación que vaya con mi espíritu.

Harry negó con la cabeza. Desaprobaba la actitud de la vagancia. Le recordó a la hermana de su mejor amigo, Ginny Weasley. Aunque quizá no era tan desastrosa como ella.

Luego de despedir Alice, recetándole una poción para los vómitos y aguantando sus quejas por "la prolongada e injusta abstinencia de su cuerpo en materia sexual". Harry no podía como podría haber gente tan moderna. Mientras observaba la lista de su próximo paciente,

Amadeus Mozart con su quinta sinfonía, lo interrumpió desde su celular. Harry bufó. "Estoy en horario de trabajo, como puede ser que me llamen a…"

-Hola- contestó apesumbrado.

-¿Harry?- dijo la voz de Molly Weasley; Harry notó que estaba un poco tomada. Tal vez debía recomendarle un descongestivo o…

-Soy yo.- corroboró sin terminar de pensar. Escuchaba voces detrás del teléfono, pero no las distinguía, salvo una música de Rock pesado.

-Ah, qué bueno que me atiendes, cielo.- musitó la señora Weasley aliviada.- Es que Hermione me comentó que no sueles contestar en horario de trabajo…

-¿Qué necesita?- apuró Harry. Su cerebro le decía: "¡Debes trabajar!"

-Verás, ¿puedes venir a La Madriguera a las seis de la tarde?- preguntó.- Tenemos que hablar contigo.

-En ese horario estoy atendiendo en San Mungo, no creo que esté disponible- repuso Harry. "Te está esperando el próximo paciente y…", seguía presionándolo su implacable sentido de la responsabilidad.

-Esto es importante- aseguró Molly del otro lado.- Necesitamos tu ayuda.

-Bien, veré que puedo hacer- concedió Harry.- Si termino para esa hora, iré. De lo contrario, espérenme unos minutos.

-Gracias cielo.- dijo la señora Weasley.- Nos vemos esta tarde.

-Adiós.

Resultó que Harry terminó con los pacientes a las cinco, por lo que aprovechó para ordenar su oficina. Al terminar, el consultorio 14 de San Mungo, quedó tan bien ordenado que parecía recién construido. Harry estaba retirándose, cuando vio que un pingüino de porcelana encima de la repisa estaba un centímetro corrido hacia la izquierda. Lo miró con el entrecejo fruncido y lo acomodó en la exacta posición que iba. Luego se miró al espejo y se ajustó la corbata.

Llegó a La Madriguera a las cinco y treinta de la tarde. El sol resplandecía y una primavera perfecta cubría el magnífico paisaje que rodeaba a la casa. Caminó un poco hasta la casa cuando escuchó gritos y risas provenientes de la entrada de La Madriguera. Entonces cuando llegó a acercarse lo suficiente, reconoció que era un grupo de chicas, cantando y divirtiéndose a lo loco. Harry bufó: eran Ginny y las amigas. ¡¿Por qué nunca podía zafarse de esa manga de inadaptadas?! Mientras iba acercándose, con la clara idea de pasar desapercibido, sus oídos fueron manchados con las burdas palabras de las chicas… Harry volvió a lamentarse por encontrarlas…

-¡Dale, Tracy, suelta la lengua!- pedía una chica rubia, que no tenía más de 21 años.- ¿Qué hiciste en el baño de ese boliche muggle después del momento soft?

-No voy a contarte eso, Tiffany-contestó Tracy Dumas; a continuación tomó el atado de cigarrillos que había sobre la mesa de verano.- ¡Ginnix!- exclamó enojada.

La aludida, que estaba tirada en el pasto cantando cierto tema de Rock, movió la cabeza.

-¡Ya sé que tuviste sexo en posiciones antes experimentadas el agente de seguridad del bailable!- exclamó Ginny a lo que todas soltaron un "uhh!" burlón y luego rieron.

-¡Eso no es novedad, pero devuélveme mi encendedor de Los Red Hot!-soltó Tracy.

-¿Siempre tienes que robarme los encendedores?- se quejó Ginnix con voz inocente.

-Esa eres tú!- acusó Tiffany.- Pondré algo para bailar, pero se nos acabaron las cervezas.

-Qué borracha- acusó Tracy, con un alto grado de caradurez.

-Déjense de hablar huevadas.- Ginny se levantó y fue cuando Harry hubiera querido taparse los ojos. Llevaba un jeans todo ajustado y gastado. El detalle más llamativo era que en el lugar que originalmente irían los bolsillos, había dos masas de carne del trasero de la pelirroja. Harry enrojeció sin querer. "¿Cómo podía ponerse…?"- La cerveza tendremos que multiplicarla. Los muggles son buenísimos creando bebidas, pero para su mala suerte, nosotras contamos con una varita…

-Aunque ésta- Tiffany tomó la suya mirándola con algo de nostalgia-… no es de mis varitas favoritas…

-¡Tonta te dicen a ti, morocha!- siguió Tracy sonriente, y luego miró a la pelirroja.- Ginnix, multiplícalas, me estoy muriendo de sed.

Harry pensó: "¿¡Ginnix!?" ¿Qué nueva locura era esa?

-Como tú ordenes.- contestó ella; levantó la varita y la única cerveza que quedaba se transformaron en diez- ¿Alguna vez les comenté que adoro la magia?- destapó una y la bebió hasta la mitad.

-¡Si ya sabemos qué clase de magia adoras!- apuntó Tiffany guiñando un ojo. Luego se dio vuelta y vio a Harry; su primera reacción fue devorarlo como un pastel irresistible, usando el arma de su mirada…- ¡Oye! ¿Quién es ese bombonazo?- lo señaló sin pudor.

Ginny miró y sonrió.

-Es un criatura interesante, ¿verdad?-soltó complacida- Vamos a molestarlo un poco.- se acomodó su corta remera negra, que contrastaba con el color de su piel y comenzó a caminar en dirección a Harry. El susodicho también optó por acercarse. Se encontraron cara a cara, las tres amigas y él, completamente aterrado. Sabía lo que pasaría y no iba a poder evitarlo.

-Ginny.- saludó nervioso.- Vengo a hablar con tu madre. ¿Está?

-Si.- contestó.- Pero antes de una aburrida charla con mami… ¿no quieres tomar algo con nosotras?

-Yo…

-Ginnix nos ha comentado que Harry Potter era un hombre…- Tracy cerró los ojos relamiéndose fingiendo no encontrar un calificativo perfecto para el aspecto de Harry-… pero hasta ahora, creo que su descripción fue corta…

-Muchachas.- interrumpió Harry.- Por favor, necesito hablar con la señora Weasley y…

-Harry, -interrumpió Ginny, realmente divertida- … tú me comentaste que Tracy es una chica interesante, divina…

-¿Dijiste eso, hermosura?- lo sedució Tracy. Tiffany largó una carcajada. Ginny sonrió. Se acercó y lo abrazó, pasando una mano por el cuello de Harry. Éste bufó. Sabía que esa descarada le encantaba avergonzarlo.

-Chicas.- dijo la pelirroja, haciéndose la seria- Les advertí que mi primer amor no era ningún impresentable… y ahora, que tienen el placer de ver la calidad de esta carne fresca, creo recordar que me deben tres atados de cigarrillos de menta...

-¿De qué hablas?- preguntó Tiffany, olvidándose de lo hermoso que era Harry

-De la apuesta que jugamos hace una semana, Tiff.- repuso Ginny- Creo que Tracy se acuerda mejor que tú…

-Estaba borracha, por lo que no recuerdo de qué apuesta me estás hablando.-saltó Tracy enseguida. Ginny alzó las cejas.- ¡Mis padres me cortaron los víveres cuando caí a mi casa a las doce del mediodía del domingo!- se justificó. Harry se puso pálido. No podía creer el descaro de esas niñas.

-Yo también llegué a esa hora, pero esa no es excusa…- dijo Ginny- No hay nada que nos haga cometer en incumplimiento de apuestas con mis amigas. Para mañana quiero los atados y…

-¡HARRY!- gritó una voz desde la puerta de la casa. Las gallinas de alrededor salieron despavoridas. Era la señora Weasley que iba en su ayuda. Llegó hasta allí. Ginny, Tracy y Tiffany, se fueron enseguida para evitar que Molly las regañe por tomar alcohol a las seis de la tarde.- ¿Qué te decían esas tres? – Al ver semblante de Harry entendió todo.- Déjalas, son unas inmaduras…

-No hay problema- apaciguó Harry por más que su interior le decía que tener una hija tan terrible era un gran problema.- ¿Usted quería hablar conmigo? No tengo mucho tiempo…

-Lo sé, cariño. Pasa, así charlamos más tranquilos.- repuso Molly.

Antes de entrar, a Harry le pareció oír la palabra "sexo, ropa, hermoso y Potter". Ese día hubiera querido un tapón en los oídos.

Entraron y se sentaron en la cocina de la Madriguera. La casa había sufrido unos cambios desde que sus hijos varones se independizaron. Era más espaciosa, y contaba con mucha más comodidad. Sin embargo, el cálido ambiente acogedor era una cualidad reconfortante, que nunca había faltado. Harry sintió nostalgia al vislumbrar las paredes, los cuadros y el famoso reloj que indicaba el destino de los integrantes de familia Weasley. Se sorprendió un poco cuando la aguja de Ginny marcaba un nuevo estado: en la banquina. Luego pensó que lo más sorprendente era que el reloj sea tan verídico…suspiró con resignación.

Pasados unos minutos, la señora Weasley habló. Hizo una larga introducción contando que Arthur había conseguido un trabajo por ocho meses en Egipto para investigar las pirámides de los magos de aquel tiempo… Harry se alegró un poco, pero ante tanta cantidad de detalles, se terminó preguntando para qué Molly le contaba todo eso…

-… resulta que el nuevo ministro, Kingsley, le consiguió el puesto…- decía. Harry la notaba nerviosa: le temblaban las manos.-… Charly y Bill están cerca de allí. Aquí no quedará nadie.

-Oh, eso es una pena.- repuso Harry.- ¿Por qué…- no continuó el resto de la pregunta: "…me llama para contarme esto un lunes cuando estoy tapado de trabajo…?"

-La Madriguera será aprovechada por Ron y Hermione.- prosiguió la señora Weasley, haciendo caso omiso de la pregunta sin terminar de Harry.- Y tenemos que…

-¿Qué será de Ginny…?- inquirió Harry. La señora Weasley lo miró fijamente. Harry comprendió algo de la respuesta en sus ojos y se levantó.- Dígame que el mensaje subliminal que estoy interpretando de su mirada no tiene absolutamente nada que ver con la palabra "real"…

La señora Weasley puso un semblante de culpa y afirmó con la cabeza.