Capítulo 7

Me gustas mucho

Mentiras que ganan juicios, labios que sacan de quicio.

-¿Qué haces? - alcanzó a balbucear Ginny, antes de que los labios de Harry se posaran en los de ella y que el mundo desapareciera por completo.

Ginny comenzó a dejarse llevar sin una pregunta más. Correspondió el beso como quizá jamás lo hubiera hecho con otra persona. Sus labios se movían al ritmo de Harry, se estudiaban ese roce sublime que ninguno de los dos había experimentado antes. Fue como si besaran por primera vez, como si la sensación de besar fuera cierta solo después de haber caído rendidos en los labios del otro. Harry había perdido la conciencia, la atrajo hacia sí mismo con una mano en la nuca para intensificar el beso y Ginny introdujo su lengua en la boca de él, creyendo que el corazón explotaría de tanto latir. Ambos sufrían estremecimientos increíbles, ninguno entendía qué rayos pasaba y porqué era una magia estar viviendo ese atardecer... Pero la conciencia de Ginny ganó esa primera batalla y lo separó... Se miraron a los ojos, incapaces de explicarse los motivos de esa tormenta que los invadió inesperadamente.

-Sal de encima.- ordenó ella, con los nervios de punta. Harry salió de inmediato y se puso de pie. Ginny también se levantó.

-Yo... - intentó Harry. Pero ella solo le dirigió una mirada altanera y comenzó a correr hacia la casa- ¡ESPERA, GINNY, DÉJAME...!

Fue en vano. Ella ya había entrado. Harry decidió seguirla. Entró en la casa. Benjamín estaba durmiendo plácidamente sobre el sofá de terciopelo. Harry lo miró y subió las amplias escaleras. Ginny seguramente estaría en su cuarto. Tocó la puerta con los nudillos.

-¡Ginny!- la llamó.- Se que estás ahí y... ¡Diablos! Quiero pedirte disculpas... - Ella no contestaba- ¡Lo siento, se que...!- Harry no tenía muchos argumentos. Se restregó los ojos, realmente preocupado y amargado. Quería morirse. ¡Había besado a Ginny! "¿Qué me pasó?, Creo que enloquecí... ¿Cómo se me ocurre besarla?" - ¡Ginny! Por favor, hablemos quiero pedirte disculpas...

-Estoy aquí.- musitó ella a sus espaldas. Harry se volteó. Estaba apoyada en el marco de la puerta del baño, cuarto que estaba enfrente de la habitación de Ginny. Harry se puso bordó. Ella estaba seria.- Yo...

-¿Tu qué? - espetó ella. Ni siquiera sabía porqué estaba tan enojada. Después de todo había sido el mejor beso de su vida. Tal vez, en el fondo esa misma era la causa de su resentimiento.- No hace falta que te disculpes. ¿Sabes que me molesta? - el negó. - Qué siempre te haces el ubicado y hoy demostraste que eres capaz de tentarte como cualquier hombre...

-¡No!- saltó Harry- ¡No es así, no me he tentado contigo! - Se puso más rojo aún, cuando ella alzó una ceja.- No me mires así, solamente que... ¡Bueno, está bien, me equivoqué! - accedió frustrado. Ginny sonrió pícaramente, pero no dijo nada.- Además... nada, olvídalo.

-¿Además qué? - quiso saber ella. El negó.- ¡Suéltalo!

-Nada, que tu siempre me has provocado, ¡y ahora resulta que yo te tengo que pedir disculpas a ti! - Ginny abrió la boca muy grande, señal de indignación total.

-¡Esto es el colmo! - Exclamó - ¿Tengo la culpa yo de tu arrebato de calentura? - preguntó con acidez.

-¡No fue un arrebato de calentura! - corrigió él. Ginny dio un paso hacia delante y apuntó con el dedo.

-¿Qué fue entonces, Señor Limón Correcto? - le preguntó.

-Pues no sé... Eres una mujer y... - Suspiró y ese gesto hizo que Ginny se estremeciera.- Solamente... quise hacerlo. - Se sinceró Harry quién transpiraba cada vez más. - Se que fue una estupidez, pero...

-Shh. Ya pasó. - lo calló ella, con un dedo en sus labios. La conexión de sus miradas fue más poderosa que un arma nuclear. Ginny lo acarició. Harry tuvo nuevamente un impulso de besarla, pero se contuvo con todas sus fuerzas. La textura de la piel de su rostro podía sentirse aún sin tocarla.- Quiero que... hagamos de cuenta que... no pasó nada.

"Ojala pudiera lograr eso", pensó él.

-Claro. No te preocupes, no volverá a suceder.- prometió Harry, muy a su pesar.

Ginny sonrió y se retiró a la derecha del pasillo.

Dos días después, Harry se levantaba temprano para ir a San Mungo. Se vistió con su traje de sanador, con la cabeza dándole vuelta a mil por hora. Ginny había ido a dormir de Tracy, junto con Benjamín, pero Harry supuso que ya debería estar llegando. Volvería a primera hora, pero con esa pequeña pelirroja nunca se sabía. Era desastrosa con los horarios. De todas maneras, él pensaba que era lo mejor. Después de ese beso robado en el jardín, no había mucho diálogo. Más bien sembró vergüenza entre los jóvenes y se hablaban lo justo y necesario. Harry lidiaba por olvidar todo lo que había sentido con ello; pero era una misión imposible y lo más grave es que era conciente de su deseo que se repitiese. "Ella no siente nada y tú pensando en un estúpido beso- se decía- Parece que tienes quince años. Además, no puedes arriesgar a nadie más, Potter. ¿Cuántas vidas se perdieron ya por tu culpa? No puedo permitirme que Ginny... " Su mente dejó la idea inconclusa. No quería pensar más.

Harry se miró al espejo, intentando en vano acomodarse su rebelde cabello. Decidió ponerle gel y lo tiró para atrás. El brillo del cabello azabache le hacía resaltar sus ojos brillantes.

Bajó con premura las escaleras, cerrando los ojos para ir olvidando los recuerdos que lo invadían la mayor parte del día...

Al llegar a la cocina, se encontró con un espectáculo aparte. Una prueba de fuego para su corazón: Ginny bailaba y canturreaba con Benjamín sentado en su sillita, haciéndole morisquetas, a lo que el bebé reía. Ella también reía a carcajadas. Alzó al bebé y lo balanceaba, divertidísima. Cantaba una canción muy dulce, pero ridiculizándola terriblemente.

-Lo más lindo del mar es cuando por completo, lo cubre la hermosura de tu pelo...- Su voz era desafinada, pero a Harry lo hipnotizó y no tuvo tiempo de defenderse ni de reaccionar para no sentir que Ginny le encantaba. -Lo gracioso del sol, es cuando no ve nada, le encandila los ojos la luz de tu mirada... Lo lindo de la noche y las estrellas, es que tu rostro habita en todas ellas... Lo lindo de mi vida de mi vida es el saber, que la gobierna tu ser... que la gobierna tu ser... - Ginny dio vuelta la cara y entonces lo vio.

-¡Harry!- se asustó y acomodó al bebé en un costado.- ¡Casi me matas de un infarto! ¿Qué haces parado ahí como una estatua?

-Aaaaaa... - balbuceó Benjamín, estirando los brazos a Harry.

-Lo siento mucho. - se disculpó él. -¡Hola campeón! - Lo besó en la frente y se sentó. Ginny sonrió un poco embobada.- Solo venía a desayunar... No creí que volvieras tan temprano de lo de Tracy...

-Eh... Si, ella también debía trabajar. - Explicó Ginny, perdida - Consiguió un buen empleo en el ministerio. No gana demasiado, pero creo que podrá subir de puesto...

-Qué bueno.- solo dijo Harry.- ¿Qué harás hoy?

-Ordenaré tus papeles, me quedan doscientas pilas. ¿Es necesario que tengas tantos pacientes? Y encima la mayoría son mujeres... - Harry sonrió. ¿Estaba celosa?

-No te quejes, es lo único que tienes que hacer...- contestó. De repente la idea de pensar que ella pudiera ponerse posesiva con él, lo ilusionó como a un nene.

-No me quejo. - dijo ella cortante. - Pero no es lo único, también tengo que cuidar a Benjamín. ¿Cierto, cielo? - le dijo al niño.

-A mi me espera una larga lista de pacientes hoy.- comentó Harry.- Será mejor que me apure sino quiero llegar tarde.

-Está bien. Nos vemos luego. - Sonó el timbre.- ¿Quién será a esta hora?- se lamentó la pelirroja.

-Deja, yo voy.- dijo Harry.- Tal vez sea Hermione, yo aprovecho para ir saliendo a San Mungo...

Abrió la puerta.

La persona que menos esperaba estaba plantada allí. Los mechones rubios se mecían sobre la cara pálida y autosuficiente de Draco Malfoy. El sonrió con petulancia al ver el turbado rostro de desilusión de Harry. Éste no pudo evitar recordar el daño que le había hecho a Ginny y la aversión acudió en su ayuda, para dedicarle la peor de las miradas.

-Potter.- se atrevió a saludar Malfoy.

-¿Qué haces aquí? - le dijo Harry con muy poca amabilidad.

-Supongo que te imaginas que vengo a buscar a Ginny... - contestó su interlocutor.

-¡Harry! - llamó Ginny caminando hacia la puerta de la casa.- ¿Quién tocaba el tim...? - vio a Malfoy y se estremeció visiblemente. Eso generó unos celos insoportables en Harry. Ginny sostenía Benjamín, quién jugueteaba con su aro intentado llevarlo a su boca.- ¿A qué viniste?

Draco estaba sorprendido de ver a Ginny con un bebé. Se le cruzó la idea desagradable para su gusto que Ginny estaba manteniendo una relación con el imbécil de Harry Potter.

-¿Qué significa este niño y que estés viviendo con este amargado?- preguntó secamente, cruzándose de brazos.

-Me gustaría que te vayas de mi casa.- espetó Harry.- No tienes nada que hacer aquí.

-No vine a verte a ti, idiota. Quiero hablar con Ginny y ni tú ni nadie me impedirá hacerlo.

-¡A MI NO ME HABLAS DE ESE MODO!- Gritó Harry, perdiendo la calma. Ginny abrió los ojos, muy sorprendida. Harry estaba cambiado, el no solía reaccionar así ni mucho menos levantar la voz y perder la calma.

-Por favor, Harry.- imploró nerviosa.- Ve a San Mungo, yo me encargo del Señor Malfoy.- terminó irónica.

-No creas que voy a dejarte sola con este energúmeno.- se ofuscó Harry. - Y mucho menos en mi casa.

-En serio, no te preocupes.- intentó convencerlo ella.

-¡Cuanta dulzura!- intervino Malfoy con tono de burla.- ¿Son pareja o qué? - Rió, pero se notaba que estaba demasiado celoso.- ¡Es lo más patético que vi en mi vida!

-Cállate, idiota.- lo frenó Ginny, antes que Harry hablara.- Harry, déjame sola con él. ¿Si? Te prometo que estará todo bien.

-Si, Potter, vete. No tienes nada que ver con esto.- dijo Malfoy ácidamente. Harry lo miró fijamente y tomó su maletín; al pasar por su lado le murmuró de forma que Ginny no escuchara: "mucho cuidado".

Harry sin embargo, no pensaba irse. No pudo resistir la tentación de quedarse detrás de la puerta escuchando. Y si se fueran adentro, tenía pensado aparecerse en la parte de arriba para no perderse una sola palabra.

Ginny y Malfoy quedaron sólos, mirándose.

-Te escucho - habló la pelirroja con voz neutral.

-Quiero que volvamos. - contestó Malfoy con simplicidad. Ginny acomodó a Benjamín y se aferró para darse fuerzas.- ¿De dónde salió ese niño? Porque no dan las cuentas para que sea nuestro hijo... - rió.

-Eso no te importa.- espetó Ginny.- Yo no quiero saber más nada contigo.

-Se que te he lastimado... - empezó Draco.

-¿Lastimarme? ¿A mí? ¡Já!- mintió Ginny, orgullosa. - No me has hecho ningún daño, Draco. Solamente no quiero saber más nada contigo.

Harry festejó detrás de la puerta.

-No te creo... - Malfoy dio un paso adelante.

-No te acerques, te lo digo en serio.- lo frenó Ginny.

-¿Me tienes miedo? - sonrió Malfoy, seductoramente.

-No, me produces un tremendo asco.- lo cortó Ginny, quitándole la sonrisa de la boca.- No quiero verte nunca más. Y esto es definitivo.

-Estás mintiendo.- murmuró Draco.- Tu me deseas igual que antes... lo sé, puedo sentirlo en tu piel...

-No... - negó Ginny. Pero Malfoy tenía un olor irresistible que la atontaba. Él acercó su boca a la de ella. Se sintió turbada y confundida. Draco la besó y ella se dejó besar. Necesitaba saber qué sentía.

El silencio produjo un vacío impensado en Harry. La curiosidad se apoderó de él y espió por la ventana, incapaz de contenerse. Entonces los vio besándose y huyó de allí.

-Basta.- lo frenó Ginny.- Basta, no quiero que vuelvas a hacer eso nunca más.

-¡No pusiste mucha resistencia! - le espetó Draco, enojado por su rechazo.

-No. Y si quieres saber el porqué, simplemente necesitaba confirmar algo...

-¿Qué cosa?

-Que ya no me mueves un pelo.- le contestó Ginny con una sonrisa.- Y en efecto, no me mueves un pelo... ¡no sabes la alegría que eso me da!

-Eso es mentira. Siempre has estado enamorada de mí. - dijo Malfoy con seguridad.

-¿Quién te crees que eres?- rió Ginny.- Será mejor que te vayas, me aburriste. Ah, una cosa, no vuelvas a esta casa, ¿queda claro?

-Sabes que soy perseverante y no me resignaré a ti. - dijo Malfoy.- Pagarás muy caro tus desplantes, chiquita.

-¡No sabes el miedo que tengo, estúpido!- Ginny largó una carcajada.- ¡Vete de una vez, tengo cosas que hacer! ¡Vamos, vamos!

Draco se fue dando un portazo. Ginny lo vio desaparecer y tras cerciorarse de que ya no estaba, dos lágrimas silenciosas recorrieron su rostro.

Manejaba a toda velocidad por el camino que lo conducía a San Mungo. En el fondo no quería ir a ningún lado, sentía que quería dejar de pertenecer a la realidad que estaba viviendo. Los celos siguieron apretando el acelerador. A pesar de su estructurada personalidad, casi logra pasarse dos semáforos en rojo. Nunca se había sentido así y estaba asustado. Harry comprendió que ver a Ginny besando a otro, borrando su propia marca desde aquel inolvidable atardecer donde en un arrebato de locura se apoderó de sus labios, lo aterraba, disminuía la alegría, le hacía daño. ¿Por qué me afecta tanto? ¿Qué me pasa con Ginny?, se preguntó sin atreverse a contestar. Giró a la derecha y cambió su rumbo: necesitaba hablar con alguien.

La Madriguera era un lugar cálido, aunque remitiera a esa persona de la cual se quería escapar. Se acercó a la puerta rogando que Ron no se haya ido Sortilegios Weasley. Tuvo suerte, porque él mismo contestó.

-¡Harry!- se sorprendió su amigo, con una taza de café en la mano- ¡Me agarraste justo, me estaba por ir a...!- se interrumpió al ver el rostro de Harry. Miró la hora- Es completamente anormal ver que estás faltando a tus pacientes. ¿Ocurre algo? - Harry suspiró.- Ni hace falta que contestes, pasa. Hermione ha salido, podremos hablar tranquilos...

Harry se arrojó en el sofá que tanto conocía. Mas allá de no haber dicho una palabra, Ron comprendía que las cosas no estaban bien y ese silencio era lo que necesitaba, que alguien lo entendiera sin preguntar nada.

-¿Ginny?- se animó a decir Ron, viendo que su amigo estaba estudiando con la mirada la chimenea apagada.- ¿Ocurrió algo con ella? ¿Cómo está el bebé?

-Bien.- dijo Harry, tristemente- Están los dos bien.

-¿Entonces qué rayos te ocurre?- se exasperó Ron.- Tienes una cara de velorio terrible.

-Malfoy fue a buscar a tu hermana. - explicó Harry. - Estoy preocupado.

-¿Malfoy? - Dijo Ron con resentimiento- ¿Qué quiere ahora?

-Seguramente, volver con ella.- dijo Harry. A Ron le pareció que estaba muy bien informado.- ¿Qué pasa, por qué me miras así?

-Estás raro.- dijo Ron, parpadeando.- Hace un mes que estás raro.

-¿Qué tengo que ver yo? Creí que hablábamos de Malfoy y de Ginny. -desvió Harry, enseguida.

-Mira, si Malfoy quiere volver con Ginny está en ella decirle que no. Si se vuelve a equivocar, aprenderá nuevamente.- dijo resueltamente Ron.

-Veo que ya no eres el hermano guardabosques de Hogwarts.- repuso Harry, algo decepcionado porque esperaba que su amigo lo ayudase a... ¿a qué?, no lo tenía en claro.

-Es necesario que se rompa la cabeza de nuevo, si es que así cae a la realidad de quién es Draco Malfoy. - Opinó Ron.

-¿Tu sabes qué le hizo, exactamente?- quiso saber Harry, sin contenerse a preguntar. Ron lo miró fijo.

-No. - Contestó Ron con sequedad.- Ni prefiero saberlo. Oye, ¿has pensado en lo que hablamos en tu oficina?- Harry frunció las cejas, no entendiendo a qué se refería.

-Hablo de atender a Hermione en el parto.- aclaró su amigo.

-Sabes que...- empezó Harry.

-Veo que ya tienes la respuesta.- dijo Ron ofendido.

-No te enojes...- se disculpó Harry. - Yo no quiero que...

-¡Tú no te atreves a ser el de siempre, porque insistes en culparte de algo que eres completamente inimputable! De lo contrario, estarías preso.- escupió Ron, cansado de su actitud.

-No quiero tocar el tema, Ron.- se levantó.- Será mejor que me vaya a trabajar, fue una estupidez venir a molestarte a estas horas de la mañana...

Ron se quedó pensativo y de repente cayó en la conclusión que sería en vano insistir. Hermione sería atendida por el sanador Potter y cuando llegue el momento del parto, estaba seguro que se encargaría de eso.

-Espera, Harry.- lo frenó Ron, saliendo de sus cavilaciones.- Siéntate, porque no he terminado.- Harry le hizo caso, tras un suspiro de cansancio.- ¿Quieres que te diga la verdad?

-Ya me has dicho tu opinión acerca de Dal...

-No hablo de Dalma, - lo cortó Ron.- sino de Ginny. - Harry se puso tenso.- ¿Estás celoso o me parece a mí? - rió.

-¿Qué yo qué?

-Lo que escuchaste. ¡No te hagas el tonto conmigo!

-Me voy.- lo atajó Harry sin atreverse a mirarlo a los ojos.- Estás desvariando. Hasta luego.

Se fue, dejando a un Ron sonriente. El pelirrojo se dio cuenta de que algo no andaba del todo normal.

Ginny le cambiaba los pañales a Benjamín, intentando contener las lágrimas. La visita de Draco la había desestabilizado emocionalmente, la había hecho volver atrás, a ese pasado que tanto luchó por olvidar. Aún no entendía cómo le daba la cara para reclamarle cosas, después de lo que le había hecho. Sacó un poco de talco y le puso en la colita del bebé, quién se entretenía baboseando un cepillo de goma. Tomó un pañal de su cómoda y levantó las piernas para colocárselo.

Ginny, escarbando en su interior, descubrió para su sorpresa que a pesar del mal momento lo vivido con Draco no la afectaba como antes. No le hacía el daño irreparable que en el pasado tanto la había afectado. Incluso llegó a pensar que ya no sentía lo mismo por él. ¿Qué rayos estaba ocurriendo? Algo dentro de ella estaba cambiando, pero no sabía a qué se debía o mejor dicho a quién... ¡Eso lo sabes muy bien! Habló la voz de su conciencia. Pero el timbre interrumpió de nuevo sus cavilaciones. Por suerte Benjamín ya estaba listo para tomar la mamadera de la tarde. Lo alzó y bajó las escaleras, esperando que no sea el dueño de casa.

-¿Quién es? - inquirió dudosa.

-¡Soy yo Gin! - musitó la voz de Hermione. - ¡Vine a tomar cervezas! - rió.

Ginny sonrió y abrió la puerta.

-Hola.- le dio un beso en la mejilla y luego observó su vientre.- Creo que no deberías tomar cervezas...

-¡Lo sé, tonta!- replicó Hermione.- Solo bromeaba. ¡Hola hermoso!- saludó al bebé, quién sonrió simpáticamente- ¡Permiso!- se metió en la casa y cerró la puerta tras de sí. Ginny la siguió.- Siempre coincidí con el gusto de Harry para la decoración... - se sentó en una de las banquetas.

-¿Quieres tomar algo?- invitó Ginny acomodando a Benjamín en su sillita.

-¡Claro que sí! Tengo hambre.- respondió Hermione.

-No es raro.- dijo Ginny riendo.

-¡Más respeto!- dijo Hermione con el dedo índice levantado.- Supongo que tengo la justificación de estar embarazada...

-Puede ser... ¿qué te parece un té con tostadas? - propuso Ginny.

-Estará bien, para merendar.- aceptó su cuñada.

Ginny se puso la pava, la cual con un golpecito de la varita hirvió en cuestión de segundos. Sacó dos tazas amarillas y le puso dos saquitos de té. Hermione solamente la miraba y Benjamín jugaba con dos sonajeros.

-¿Cómo estás?- preguntó y Ginny supo que no era una pregunta al pasar. No supo qué contestar por lo que sólo dijo:

-Bien.

-Vamos Ginny, a mi no me metes el verso como lo haces con Tracy y Tiffany.- recordó Hermione con absoluta sinceridad.

-Ojo con lo que dices de ellas.- Ginny le alcanzó el té y ubicó un plato de tostadas en el centro de la mesa. - Recuerda que son mis amigas.

-No lo olvido. - Repuso Hermione.- Pero te pido por favor que a mi no me mientas. Ya sé que Draco estuvo aquí esta mañana.

Ginny enarcó las cejas.

-¡Cómo corren las noticias por Inglaterra! - dijo sarcásticamente- ¡Se ve que cabeza rajada no sabe cerrar su boca!

-No le eches la culpa a Harry. Está preocupado por ti. Y también yo.

-Hermione, me se defender sola. No hace falta que me traten como una niña- espetó Ginny.- Qué tome cervezas de vez en cuando, no significa...

-¿No entiendes que no quiero que te vuelva a lastimar?- dijo Hermione.- Se que ese desgraciado te persuadió para acostarse contigo durante meses y luego...

-¡No hables! ¡No quiero escucharte!- se encendió Ginny.- Te pido por favor que no me recuerdes cuán estúpida fui. ¡No hace falta!

-Lo hago por tu bien. Se que te sentiste usada y...

-Es un problema mío. Y no me siento usada.- espetó Ginny, comenzando a enojarse.- Por favor, no quiero discutir contigo... demasiado tendré que aguantar a Potter cuando regrese...

-¿Volverás con Draco?

-No. Por supuesto que no. ¿Contenta?

-No, hasta que no vea que lo hayas superado.- dijo Hermione- Pero igual te veo mucho mejor desde que vives con Harry. Y esta hermosura también ha colaborado en eso...- miró con dulzura a Benjamín y le dio una tostada.- ¿Qué opinas tú?

-Que necesitas acostarte con Ron.- sonrió Ginny.

-¿Más todavía? - se asustó Hermione.-

-¡Qué asco!- dijo Ginny riendo.

-Tú sacaste el tema... de todas maneras creo que a ti te pasa algo más... digo, no te veo realmente angustiada por lo de Draco...

-No lo estoy y eso me hace feliz.- contestó Ginny, sorbiendo té.

-¿Y a qué se debe este estado de superación personal? - Ginny enseguida supo que quería llegar a Harry.

-No empieces.- la frenó.

-No esquives.- siguió Hermione mordiendo la décima cuarta tostada con manteca.- ¿Te gusta Harry?

-¿Por qué todos me preguntan eso? - se ofuscó Ginny levantándose.

-Por algo será.

-No me pasa nada con Harry. Así que no vuelvas a tocar ese tema.- dijo Ginny mirándola a los ojos.

-No te enojes. Igual a mí no me haces el verso. Yo se muy bien quién eres y cómo les mientes a todos.

-¿Qué yo miento?

-Sí, tu. - dijo Hermione con seguridad y se levantó al mismo tiempo.- ¿O piensas que me creo la Ginny feliz que vives inventando, la que se acuesta con todos? Tú sabes que eso es mentira. Solamente actúas y así nunca podrás ser feliz.

Ginny rió.

-Te estás poniendo pesada... ¿ya te vas?- dijo secamente.- En serio, cuando estés así no vengas, porque no te aguanto...

-Ojala nadie más que yo lo note... aunque hoy por hoy, lo dudo. Y sí, debo irme a ver a Ron.- sonrió.

Ginny la acompañó a la puerta. Al quedarse sola nuevamente, supo que su cuñada tenía razón.

Harry llegó horas más tarde de las que normalmente arribaba en su hogar. Había caminado durante horas, mediando la pelea de su corazón y su cabeza que se contradecían terriblemente y ya no aguantaba a ninguno de los dos. Lo estaban volviendo loco. La conclusión que sacó fue horrible, nunca se la hubiera esperado. Era una pesadilla, absolutamente todo lo que estaba sintiendo. Recordaba más de seis veces por día el beso que Ginny le había dado en el jardín, soñaba con el olor de su piel, se estaba volviendo loco, quería abrazarla. Esa mujer era a sus ojos, cada día más hermosa y significaba un peligro que él no se quería atrever a cometer: hacía funcionar a su corazón como hace tiempo no arrancaba.

Estacionó en su garage y al sacar la llave, se tomó las cienes. Estaba llegando tarde, y tenía llamadas perdidas de Ginny en su celular. No se había atrevido a atenderla. El silencio dejó a relucir las cosas que durante la mayor parte del día se empeñaba en esquivar. "Ginny, y su pelo. Ginny y sus ojos. Ginny y el beso de Ginny. Ginny y su cintura... Maldita Ginny." ¿Por qué sentó tanto odio cuando Draco Malfoy se presentó en su casa? "Porque estás celoso..."

Se bajó del auto. Tenía que olvidarla a como de lugar. Ginny no era para él, nunca iba a corresponderlo, era un desastre personificado... "¿Por qué estoy pensando en ella y en mí juntos?" , se preguntó angustiado. "Quizá sea el momento de conocer a otra mujer para evitar esto..."

Al abrir la puerta, la idea del olvido se desvaneció por completo.

Ginny dormía en el sofá. Benjamín estaba en su moisés, a su lado, también durmiendo. Todo daba a entender, que lo había esperado despierta. Harry se acercó a ella y le corrió el pelo de la cara. Las pecas estaban más relucientes que nunca. Harry se acordó de repente una de las verdades que le había dicho un amigo, hace un tiempo atrás: "lo que sientes por ella se devela cuando la ves dormir"

El corazón se aceleró sin control. La acarició sin pensar en lo que estaba haciendo, sin dilucidar que sus estremecimientos daban mensajes claros, decodificados del exacto significado de esa mujer en su ser.

Verla así, tan inocente, tan intacta, tan callada - la idea lo hizo sonreír embobado-. Ginny era hermosa. Nunca lo había notado antes, que las facciones eran adictivas. ¡Y como besaba! Harry se mordió el labio deseoso. Esa mujer lo envolvía, con una fuerza increíble...

-¿Qué me está pasando contigo...? - le susurró despacio.- Me estás volviendo loco, pequeña. Aunque tú no lo sepas, no puedo explicar la manera en que... - respiró hondo.- Me arrastras en tu locura, ¿entiendes? Y lo peor es que me gusta... me gusta besarte... besarte así... con la misma euforia de mis sueños...- acercó su boca hasta estar a centímetros.- Me gustas mucho...

Ginny despertó.